¿Cómo nos moveremos en las ciudades post-pandemia?

22/09/2021 | Ciudades inclusivas, Ciudades y niños, Covid-19, Planificación urbana, Previas, Urbanismo

Semana Movilidad

Fotografía: Valentyn Ihnatov / Unsplash

 

  • La Semana Europea de la Movilidad, que se celebra cada año del 16 al 22 de septiembre, celebra la resiliencia de los municipios y sus logros a la hora de adaptarse a la grave crisis sanitaria
  • Este año se ha centrado en cuatro temas: la salud mental y física, la seguridad y la respuesta a la COVID-19

 

La pandemia ha cambiado muchas cosas y, entre ellas, nuestra forma de desplazarnos por las ciudades. A partir de 2020, municipios y entidades locales han necesitado creatividad y resiliencia para responder a la crisis desde la planificación y transformación urbanas. Entre las medidas que han llevado a cabo, muchas afectan a la movilidad: ampliación de calles para garantizar el espacio de seguridad de los viandantes, aumento de carriles bici, peatonalización, cambios de infraestructura para fomentar el transporte a pie o en bicicleta y un largo etcétera. Muchas de esas medidas han llegado para quedarse.

Ahora, la Semana Europea de la Movilidad, que se celebra cada año del 16 al 22 de septiembre para promocionar la movilidad sostenible, celebra la resiliencia de estos municipios y sus logros.

Con el lema “Movilidad sostenible, saludable y segura”, y la celebración el día 22 de septiembre del Día Europeo sin Coches, el evento busca este año rendir homenaje a las adversidades sufridas por Europa -y el mundo- durante la pandemia de COVID-19, fomentar el desarrollo de buenas prácticas y medidas permanentes y reflexionar sobre las oportunidades de cambio, centrándose en cuatro temas: la salud mental y física, la seguridad y la respuesta a la COVID-19.

 

Ciudades que protegen nuestra salud mental y física

 

Las ciudades pueden ser malas para la salud: el impacto perjudicial de la contaminación atmosférica ligada al uso excesivo de coches causa miles de muertes prematuras en el mundo, y otros aspectos como el calor, el ruido o la falta de espacios verdes también impactan en nuestra salud negativamente. Los niños y niñas son los más afectados por la contaminación atmosférica de las ciudades y, por ello, las medidas para garantizar que las ciudades sean más limpias son medidas con enfoque de infancia.

Además, una ciudad en la que es fácil desplazarse caminando favorece la salud: la movilidad activa en lugar de los vehículos a motor tiene muchos efectos positivos en la salud física, además de reducir las emisiones de los tubos de escape.

Pero, ¿puede el transporte urbano afectar, además, a la salud mental? Cada vez está más claro que la forma de desplazarnos por nuestras ciudades influye mucho en nuestro bienestar, y no solo en el físico. Cuando se posibilita ir caminando por el núcleo urbano, la salud mental mejora. Y, nuevamente, la infancia es la más beneficiada: ir caminando al colegio potencia el desarrollo mental, psicológico y social de los niños y niñas.

Buenas prácticas y medidas permanentes

La pandemia ha hecho que muchos municipios pongan todo su esfuerzo en crear zonas urbanas que permitan un desplazamiento sostenible y seguro.

  • Un ejemplo es la ciudad de Vitoria-Gasteiz, designada Capital Verde Europea en 2012 y que lleva décadas trabajando en la creación de zonas verdes en el centro de la ciudad y en un cinturón verde a su alrededor. El 98% de sus residentes viven a menos de 3 km de este cinturón verde.
  • Además, en muchos otros municipios ha habido numerosas iniciativas para mejorar la caminabilidad, como los proyectos PACO y PACA en Castilla-La Mancha o la campaña “Al cole andando”, de la Red de Ciudades que Caminan.

 

Calles seguras para todos

 

Otro aspecto que ha abordado la Semana Europea de la Movilidad es la seguridad en el transporte, incluyendo las medidas para personas con movilidad reducida, y la seguridad vial, con medidas para evitar los accidentes de tráfico y las muertes. De nuevo, la infancia es el grupo más vulnerable en el drama de la siniestralidad vial, que puede evitarse mediante iniciativas políticas de educación vial y regulación. Diseñar ciudades seguras para la infancia equivale a mejorar la seguridad de todos y todas.

Ingredientes para diseñar ciudades más seguras para la infancia (y para todos)

Buenas prácticas y medidas permanentes

  • El pasado mes de mayo entraron en vigor en España nuevas medidas de tráfico para reducir accidentes, que incluían reducciones de los límites de velocidad en ciudad. Suponen la obligatoriedad de mantener 20 km/h en vías que dispongan de plataforma única de calzada y acera, 30 km/h en vías de un único carril por sentido de circulación y 50 km/h en vías de dos o más carriles por sentido y travesías.
  • Por otro lado, los premios European Mobility Week 2020, que distingue los logros ejemplares e innovadores de las autoridades locales en la creación de un entorno urbano más seguro, destacaron el pasado mes de abril las iniciativas de ciudades como Bilbao (que resultó ganadora), Granada y Quart de Poblet. Las tres, reconocidas como Ciudades Amigas de la Infancia, han destacado sus medidas para crear espacios urbanos con menos tráfico y fomentar el uso de transporte público.
  • También destacan los ejemplos de prácticas para mejorar la movilidad de personas con discapacidad: Viena y su agencia de transportes «Wiener Linien» son un gran ejemplo de inclusión de personas con movilidad reducida y personas invidentes o con discapacidad visual.
  • En cuanto a la pacificación de entornos escolares, Budapest ha puesto en marcha un plan de movilidad para peatones con medidas como la
    revisión anual de las señales de tráfico en torno a las
    guarderías, escuelas y otros centros educativos, así como reducción del tráfico y de
    la velocidad en esas zonas.

 

Movilidad activa como respuesta a la pandemia

 

Las medidas de respuesta a la COVID-19 en materia de movilidad urbana han influido en la vida pública de las ciudades europeas y de todo el mundo. Un informe de ONU-Hábitat explicaba que muchas ciudades han transformado su infraestructura para potenciar el transporte a pie o en bicicleta con medidas de emergencia contra la crisis sanitaria pero cuyo fin es que tengan un impacto a largo plazo. Muchos municipios han aprovechado la pandemia para cambiar hacia la movilidad activa, fomentando la bicicleta o el desplazamiento a pie.

Buenas prácticas y medidas permanentes

  • En toda Europa, los ayuntamientos han adoptado medidas en este sentido: muchas ciudades ampliaron sus carriles bici y sus infraestructuras temporales de movilidad alternativa para crear soluciones permanentes.
  • Entre los ejemplos del informe de ONU-Hábitat están la red para peatones y ciclistas Active and Safe Lanes en Montreal, la ampliación de la red de Ciclovía de la ciudad de Bogotá o la ampliación de carriles para ciclistas en ciudades como Milán o Francia.
  • En Milán, el programa «Strade Aperte» (Calles abiertas) pretende ampliar los carriles bici y el espacio para los peatones con el fin de abrir las calles de la ciudad a la movilidad activa y alejar del foco de atención a los turismos. Además, adopta soluciones destacadas de otras ciudades, como Berlín y Barcelona, para garantizar la plantación de árboles, la renovación de bulevares y la reestructuración de cruces con gran volumen de tráfico, y pretende crear un cambio de mentalidad para poner la mira en la movilidad activa.
  • Por otro lado, la pandemia ha precipitado numerosas iniciativas de peatonalización: las ‘ciudades de 15 minutos‘ de París o las ‘supermanzanas’ de Barcelona son dos casos. La estrategia gradual de peatonalización adoptada en la capital eslovena de Liubliana es un ejemplo muy exitoso porque facilitó la peatonalización de más de 100.000 metros cuadrados (el equivalente a más de 140 campos de fútbol).

 

Recuperar la confianza en el transporte público

 

Finalmente, entre los principales retos en la actualidad es restablecer la confianza en el transporte público.

A pesar de que algunos estudios demuestran que el riesgo de contagio de COVID-19 en el transporte público es muy bajo, en toda Europa y en todo el mundo, la COVID-19 provocó una reducción considerable del uso del transporte público. En algunas ciudades europeas, como Lyon y Niza, el uso del transporte público descendió entre un 85% y un 95 % a principios de 2020. En los Países Bajos se observó un descenso similar. En ciudades como Madrid, el uso del metro se desplomó a la mitad. La disminución del número de pasajeros se debió en parte a preocupaciones por el riesgo de contagio del virus en trenes, metros o autobuses.

Buenas prácticas y medidas permanentes

  • Varias ciudades europeas han tomado medidas para mejorar la seguridad en el transporte público a raíz de la pandemia. Algunas, como Iasi (Rumanía), habilitaron autobuses exclusivos para grupos vulnerables o trabajadores esenciales en el momento álgido de la pandemia de COVID19.
  • En Dublín se optó por mantener la frecuencia de los autobuses en las rutas vigentes a pesar de la disminución del uso del transporte público, y se adaptaron las rutas de los autobuses para evitar aglomeraciones en las paradas estrechas y dar cabida a los carriles bici en las calles.

 

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