Las ciudades ‘caminables’ nos hacen más felices

20/07/2021 | Ciudades inclusivas, Ciudades y niños, Planificación urbana, Urbanismo

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  • Vivir en una ciudad en la que es posible desplazarse a pie o en bicicleta no solo mejora nuestra salud física: también nuestra salud mental y nuestra sociabilidad

 

Muchas ciudades del planeta han tenido que reinventarse para responder a la crisis sanitaria. La pandemia, por tanto, ha transformado muchas de ellas, haciéndonos entender la importancia de restar espacio al coche y facilitando la caminabilidad, concepto de mide cómo de amistosa es un área para los peatones.

En muchas ciudades, la necesidad de mantener las distancias de seguridad ha llevado al diseño de espacios más amplios para los viandantes, y un mayor uso de la bicicleta ha hecho que las ciudades añadan carriles bici a sus vías. Otras han llevado a cabo medidas de control del tráfico y reducción de velocidad o de pacificación de los entornos escolares. Destacan algunas grandes iniciativas de diseño urbano para mejorar la caminabilidad, algunas en respuesta a la pandemia: entre ellas, las ‘ciudades de 15 minutos‘ de París, los proyectos Future Streets y Street Moves de Estocolmo, las ‘supermanzanas’ de Barcelona o los programas Open Streets y Slow Streets, en la ciudad de Chicago. Pero los ejemplos son incontables.

“La pandemia nos hizo ver cuánto puede afectar el diseño urbano a la salud mental. Los habitantes de la ciudad con una infraestructura peatonal o ciclista deficiente o con acceso limitado a parques o plazas o sin áreas cercanas para la interacción pública sufrieron de forma aislada”, explica Dave Broz, director de la firma de arquitectura y diseño Gensler.

Broz lo explicó en la charla “Diseño de ciudades para la salud mental”, donde se habló de cómo el diseño urbano juega un papel importante en el bienestar físico y psicológico, y se hizo hincapié en la importancia de aspectos como el acceso al agua, los parques, la vida silvestre, los paisajes restaurados y los senderos para el bienestar mental.

Ingredientes para diseñar ciudades más seguras para la infancia (y para todos)

Jennifer Roe, autora del próximo libro “Ciudades restauradoras: Diseño urbano para la salud mental”, describió los siete pilares de las ciudades restauradoras que identifica en su libro: el acceso a espacios verdes, al agua, ciudades sensoriales, ciudades que faciliten las relaciones sociales, ciudades que promueven la actividad física, ciudades jugables y ciudades inclusivas, diseñadas para personas de todas las edades, géneros, estratos socioeconómicos y capacidades.

“Los beneficios para la salud mental de dicho diseño incluyen un menor riesgo de depresión, ansiedad, mejor regulación del estrés, mejor salud cerebral y funcionamiento de la memoria: todos ellos importantes para el envejecimiento saludable y el desarrollo infantil”, dice la autora, quien señaló las ‘supermanzanas’ de Barcelona (con conectividad de calles, transporte público integrado y zonas verdes urbanas) como un ejemplo de diseño urbano que integra la actividad física y la movilidad en la vida cotidiana.

 

A nuestra salud mental le sienta bien caminar

 

Sin duda, la salud física y mental están interrelacionadas, y el ejercicio regular tiene múltiples beneficios para nuestro bienestar psicológico. Caminar regularmente tiene efectos positivos que van desde reducir el estrés y promover un mejor sueño hasta aumentar la creatividad y la autoestima. Hay quien calcula que quien camina diariamente a su trabajo aumenta su felicidad tanto como si se hubiera enamorado. Eso asegura el estudio Cities Alive: Towards a walking world, que recopiló nada menos que 50 beneficios de caminar de forma regular en las ciudades, entre los que hay varios que atañen a la salud mental:

  • Hace que la gente sea más feliz. Alguien con un viaje diario de una hora en automóvil necesita ganar un 40% más para ser tan feliz como alguien con un corto paseo al trabajo. Por otro lado, los investigadores encontraron que si alguien cambia de un viaje largo al trabajo a una caminata, su felicidad aumenta tanto como si se hubiera enamorado. Las personas que caminan 8,6 minutos al día tienen un 33% más de probabilidades de tener una mejor salud mental.
  • Hace que los vecindarios sean más vibrantes. Las mismas características que hacen que las calles sean más transitables, como un diseño más seguro y atractivo, hacen que la gente quiera pasar más tiempo en ellas en general, devolviendo la vitalidad a los vecindarios.
  • Mejora el “sentido de pertenencia al lugar”. Pasar tiempo caminando por un vecindario, en lugar de conducir, ayuda a las personas a tener una mejor idea de lo que lo hace único y es más probable que quieran ayudar a cuidarlo.
  • Fomenta la interacción social. Las calles transitables unen a personas que de otro modo no se encontrarían.
  • Fortalece la identidad de la comunidad. A medida que las personas interactúan más en las calles, eso también construye un sentido de comunidad. En Irlanda, un estudio encontró que las personas en vecindarios transitables tenían un 80% más de “capital social” que aquellos que vivían en áreas dependientes del automóvil.
  • Conecta a personas de distintas generaciones. Hacer que las calles sean más transitables ayuda a unir a personas de todas las edades, incluidos los niños y niñas.

 

Ciudades de proximidad

 

La pandemia y las primeras restricciones de movimiento mostraron lo importante que era vivir cerca de las tiendas, colegios o parques, así como los vínculos sociales. Es decir, que la pandemia nos hizo redescubrir lo local. Las ciudades de proximidad nos hacen socializar de otra manera. Un ejemplo es el concepto de “ciudades de 15 minutos” en las que el residente tiene todo aquello que necesita a un cuarto de hora a pie o en bicicleta y, por tanto, requiere de un desplazamiento mínimo entre viviendas, oficinas, restaurantes, hospitales, zonas culturales, etc.

Se trata de un concepto que ha adaptado la ciudad de París, que ha peatonalizado -y revegetalizado- el entorno de casi 200 colegios con vistas al comienzo del nuevo curso escolar, prohibiendo el tráfico en los alrededores de estas escuelas. Pero también otras, como Milán, Ottawa o Seattle. Para muchos, la pandemia ha supuesto un punto de inflexión para cambiar el paradigma y crear ciudades más verdes, seguras, saludables, inclusivas y resilientes, un proceso que sólo tendrá éxito si se hace partiendo de una perspectiva de derechos de infancia: las ciudades seguras y saludables para los niños y niñas lo son para todos.

“Nos estamos convirtiendo cada vez más en una especie urbana, pero los entornos urbanos están relacionados con una peor salud mental”, dice Carlos Moreno, director científico y profesor de la Universidad de París 1 Panthéon-Sorbonne. “Cuanto más interactúe una persona con sus vecinos, mejor. Si tiene un sentido de pertenencia a su vecindario, eso es un gran protector de su salud mental. Si las ciudades de 15 minutos pudieran lograr este equilibrio, entonces tal vez sea posible un futuro urbano feliz para la especie humana”.

Recursos

Cuadernos para la acción local: Propuestas para una planificación urbana sostenible y responsable con la infancia

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