Participar es cosa de todos: también de los chicos y chicas con discapacidad

08/02/2022 | Ciudades inclusivas, Derechos de la Infancia, Discapacidades, Inclusión, Participación Infantil, Previas

Infancia discapacidad participación

Fotografía: Artem Kniaz / Unsplash

 

  • La infancia y adolescencia con algún tipo de discapacidad tiene mucho que aportar para construir sociedades más inclusivas e igualitarias. Pero, ¿se garantiza su derecho a la participación?
  • “Necesitamos no encontrar barreras que nos dificulten participar en igualdad, que se nos escuche sin importar nuestro origen, género, capacidad económica, edad o, como en mi caso, discapacidad”, dice Carla, de EPIC y FIAPAS

 

Si bien los niños y niñas son, por sus características físicas y de desarrollo, más vulnerables a la violencia que otros grupos de edad, aquellos que tienen una discapacidad lo son aún más. En el mundo se estima que hay casi 240 millones de niños y niñas con discapacidad en el mundo, según datos de UNICEF. Es necesario un esfuerzo especial para que sus derechos estén garantizados, incluyendo el derecho a la salud, educación y protección.

Sin embargo, estos niños y niñas con discapacidad no solo requieren nuestra protección: también tienen mucho que aportar para conseguir sociedades más inclusivas e igualitarias para todos. Y para ello debemos escuchar sus voces e incluirlos como sujetos de pleno derecho, tal y como reivindica la Convención sobre los Derechos del Niño.

El urbanismo debe tener en cuenta a la infancia con discapacidad

Si bien la atención y las actitudes hacia las personas con discapacidades o con capacidades diferentes han cambiado mucho en los últimos años, cada vez vamos tomando más conciencia de que aportan para lograr una sociedad más enriquecida, diversa y justa.

«Acompañar a los niños y niñas en el proceso de participación requiere atención individualizada y recursos, pero sobre todo, como dicen los miembros del grupo asesor de UNICEF, saber escuchar y tomar nota de las propuestas«, explica Silvia Casanovas, responsable de políticas locales de infancia y participación en UNICEF España. «Esto por supuesto aplica para cualquier niño o niña bajo cualquier situación».

 

La participación debe ser inclusiva

 

Participar no es un capricho para la infancia y adolescencia, sino un derecho reconocido. Y para que sea efectiva debe cumplir nueve estándares mínimos, que hemos recogido en nuestro Cuadernos de acción local con claves para fomentar la participación infantil y adolescente. Entre ellos se especifica que la participación debe ser inclusiva, es decir, que “debe brindar oportunidades para que los niños y niñas en situación de vulnerabilidad participen y deben desafiar los patrones existentes de discriminación” (incluyendo niños y niñas con discapacidad)».

“Es uno de nuestros retos. Que participen todos los niños, niñas y adolescentes en sus múltiples realidades: con discapacidad, de cualquier colectivo… saber adaptar nuestras metodologías”, explicaba Silvia Casanovas, especialista de Participación infantil y adolescente de UNICEF España.

Otro de los requisitos para una participación efectiva es que esta sea amigable con la infancia y adolescencia. Eso supone utilizar enfoques y métodos de participación adaptados según las edades y habilidades de niños, niñas y adolescentes, asegurando que estos puedan contribuir significativamente a las actividades. También incluye que los lugares de reunión y actividad sean amigables para los niños y niñas y accesibles para aquellos con discapacidades y otros grupos minoritarios.

El cuaderno de acción local habla también de cómo deben ser los espacios representativos, protectores, inclusivos y plurales, y especifica que deben contar con los recursos necesarios (materiales, apoyo profesional) para niños y niñas con discapacidad.

Finalmente, la Ley Orgánica 26/2015 de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia, incide en esta idea: “Se garantizará la accesibilidad de los entornos y la provisión de ajustes razonables para que los menores con discapacidad puedan desarrollar su vida social, cultural, artística y recreativa”.

 

Barreras para la participación

 

No obstante, en la práctica todos los niños, niñas y adolescentes se enfrentan, solamente por su edad, a barreras para ejercer el derecho a la participación, y esas barreras son aún más altas e infranqueables para aquellos que sufren alguna discapacidad. Estos chicos y chicas son uno de los perfiles más olvidados e invisibilizados, ya que existe muy poca información sobre ellos y, por tanto, sobre sus necesidades y vulnerabilidades específicas. Además, se enfrentan tanto a barreras físicas como de comunicación, que afectan especialmente a los niños con discapacidades sensoriales.

Un ejemplo es el problema de la brecha digital, un factor de desigualdad en la infancia. Si bien el acceso a internet en España está generalizado, hay miles de niños que no cuentan con él, quedándose atrás en sus estudios, y entre más los afectados están los migrantes, de etnia gitana, aquellos que viven en centros de protección… y los niños y niñas con alguna discapacidad.

¿Cómo garantizar la participación de todos los niños, niñas y adolescentes sin dejar a ninguno atrás?

Durante la cuarentena debido a la pandemia del COVID-19, momento en que se restringió el movimiento para frenar el virus y hubo que continuar las clases y las actividades desde casa, vimos algunos ejemplos de inclusividad a la hora de fomentar la participación infantil y adolescente. Uno de ellos fue el de Puerto del Rosario (Fuerteventura), cuyo consejo de participación, compuesto por 24 niños y niñas, continuó con sus actividades de forma telemática.

“Tenemos niños con discapacidad visual y auditiva, y eso ha hecho que nosotros nos readaptáramos, una labor de labrar otros caminos y otros terrenos”, señala César González, maestro y dinamizador. Para apostar por la inclusión, se adaptaron para facilitar la participación de estos chicos y chicas, así como de aquellos que no tuvieran facilidades tecnológicas: hicieron foros en pequeños grupos para conocer la situación de cada niño o niña, llamaron a los que no podían conectarse a las asambleas para informarles del contenido, etc. “Poco a poco vamos investigando otras alternativas para generar espacios de participación”, explica González.

Otro ejemplo de cómo un gobierno local facilita la participación infantil y fomenta la diversidad entre los miembros de los consejos lo encontramos en Avilés. María García González, del Programa Infancia, Adolescencia y Juventud del Ayuntamiento, habló de cómo se fomenta la participación de la infancia con discapacidad, en riesgo de exclusión o migrante. Entre los ejemplos está acercarse a colegios de educación especial cuando quieren trabajar un tema concreto, para conocer las opiniones y propuestas de los estudiantes de primera mano.

También a través del deporte se logra que todos los chicos y chicas se involucren con su comunidad, y un ejemplo de buenas prácticas lo encontramos en Málaga: la escuela deportiva “Cártama Adapta” en el municipio de Cártama tiene como meta es fomentar la integración de niños y niñas adolescentes con discapacidad de la localidad y la igualdad de oportunidades.

Finalmente, fuera de nuestras fronteras, el programa radiofónico Hatemalo Sanchar de Nepal trabaja en el diseño de radionovelas que cambian las actitudes de los niños con respecto a la discapacidad, así como la discriminación contra las niñas. En él participan niños y niñas de colegios de todo el país, tanto en el desarrollo del guion como en la producción del programa.

 

Propuestas que llegan hasta el Congreso

 

Carla, de 16 años, es sorda profunda de los dos oídos y lleva dos implantes cocleares. Pero eso no le ha impedido tomar conciencia de su derecho a participar y ponerlo en práctica desde muy joven. Es parte de la Red de Participación de Infancia de nuestra confederación FIAPAS, y también participa en el el Equipo de Participación Infantil por el Cambio de la Plataforma de Infancia (EPIC).

“En mi caso, mi experiencia con la participación comenzó en las reuniones de jóvenes con sordera de mi asociación, donde hablamos de diferentes cuestiones que nos afectan”, contó durante su ponencia en la última edición de la Infancia en el Congreso, el pasado 26 de enero. “Por ejemplo, poder contar con recursos en las clases, en el ocio o en la cultura. Recursos como los sistemas de frecuencia modulada o el subtitulado en actos, como el de hoy, ya que es importante que podamos participar».

La infancia vuelve al Congreso: «Necesitamos espacios que faciliten la participación»

“Hoy puedo estar aquí, dirigiéndome a ustedes, gracias a mis implantes, mis logopedas, y sobre todo gracias a mi familia y a mi esfuerzo”, recalcó.

Carla recordó que todos los niños y niñas tienen derecho a opinar y ser escuchados como ciudadanos, y opinó que aunque se ha avanzado en participación infantil y adolescente, con hitos como la creación del Consejo Estatal de Participación, aún queda mucho por hacer. «Algunos de mis compañeros de grupos de trabajo dicen que los mayores nos tienen por pequeños sin opinión, nos piden muchas cosas sin contar con nosotros, o que a veces nos escuchan y a veces no”, denunció.

Por eso, Carla, junto con otros siete compañeros, estuvo en el Congreso para llevar las propuestas de su grupo para garantizar el derecho de participación infantil. Entre ellas, que haya más espacios de participación a todos los niveles (local, regional y nacional), con más coordinación entre estos y las instituciones locales, y que estos espacios estén adaptados. También, que en todos los centros educativos existan estructuras, espacios y mecanismos abiertos de participación: “Podríamos hacer propuestas interesantes y críticas constructivas. Aunque [en el instituto] existe un Consejo Escolar, no funciona como lo hacemos en nuestro Consejo”, dijo. Además, más formación para que todos los niños y niñas sepan que participar es un derecho con el que cuentan.

“Es importante que contemos con espacios que nos faciliten esa participación, sin olvidar la accesibilidad de estos», concluyó. “Necesitamos no encontrar barreras que nos dificulten participar en igualdad, que se nos escuche sin importar nuestro origen, género, capacidad económica, edad y, como en mi caso, la discapacidad”.

 

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