¿Cómo serían las ciudades si los niños y niñas fueran sus alcaldes?

 Participantes en la Cumbre de Ciudades Amigas de la Infancia de Colonia / © UNICEF

 

65 niños, niñas y jóvenes de todo el mundo han elaborado el Manifiesto de la Infancia y Juventud de Ciudades Amigas de la Infancia: un conjunto de recomendaciones a alcaldes y líderes locales que fue leído en la Cumbre de Ciudades Amigas de la Infancia de Colonia. 

 

El 48 por ciento de los niños, niñas y jóvenes no cree que aquellos que toman las decisiones en su ciudad o comunidad escuchen sus opiniones, y el 55 por ciento se sienten excluidos en su ciudad. Estos datos, de la Encuesta U-Report de Ciudades Amigas de la Infancia de en junio de 2019, obligan a hacerse una pregunta: ¿Cómo cambiarían las cosas si la infancia y juventud tuvieran la última palabra a la hora de decidir en qué tipo de ciudad quieren vivir?

Sobre esta premisa han trabajado más de 120.000 niños, niñas y jóvenes de 167 países durante los nueve meses previos a la primera Cumbre Internacional de Ciudades Amigas de la Infancia, celebrada en Colonia (Alemania) entre el 15 y el 18 de octubre de 2019. Más 500 personas, entre ellas más de 100 alcaldes de todo el mundo, representantes políticos y de la sociedad civil, líderes locales, expertos técnicos, niños, niñas y jóvenes participaron en este encuentro. Sirvió de escenario para compartir e intercambiar buenas prácticas a nivel local para promover a los derechos de la infancia y el compromiso de los gobiernos locales con la Convención sobre los Derechos del Niño en su trigésimo aniversario (un compromiso que se plasmará con la Declaración de Alcaldes y Alcaldesas de Colonia, al que invitamos a todos los alcaldes y alcaldesas a unir su firma).

Con motivo de este evento, la Junta Asesora de Niños y Jóvenes de la Iniciativa de Ciudades Amigas de la Infancia (CFCI), compuesta por casi 70 niños y jóvenes de todo el mundo, creó y compartió el Manifiesto de la Infancia y Juventud de Ciudades Amigas de la Infancia, que incluye recomendaciones a los alcaldes y líderes locales para crear ciudades que respondan a las necesidades de la infancia y la juventud.

 

Un encuentro de idiomas, ideas y propuestas

 

Entre los asistentes a la Cumbre está Gabriel Delgado, de 16 años, que formó parte del Consejo de Calatayud entre los ocho y los doce años y ahora es consejero y asesor. Su viaje hasta Alemania empezó en el primer encuentro europeo de Ciudades Amigas de la Infancia: “Fue a través de ese encuentro por el que se nos convocó luego para empezar a elaborar el manifiesto para esta cumbre en Colonia”, cuenta. Más tarde pasó por varias ciudades para seguir elaborando el manifiesto. Primero Ginebra, donde eran 16 niños y niñas de ocho países distintos. Después Madrid, y finalmente Colonia, donde el grupo ha crecido: “Ahora somos 65 niños de más o menos 35 países”, dice.

Los días de la Cumbre los describe como “muy intensos, muy cansados pero muy interesantes”. Para él, la experiencia de trabajar con niños y niñas de diferentes nacionalidades ha sido muy enriquecedora. Le ha llamado la atención las diferentes lenguas, la capacidad de comunicarse entre todos. “Me hace gracia porque la gente de Kazajistán puede entenderse con la gente de Bieorrusia en ruso, hablan ruso entre ellos”, dice. “Es muy bonito porque nos podemos entender todos hablando la misma lengua”.

En cuanto a la forma de trabajar y de coordinarse, está convencido de que todos asistieron al encuentro con la mente muy abierta, con capacidad de escucha, y que se creó un entorno en el que “todo se acepta y todo se respeta”.

Pero, además, todos asistieron a unas charlas que les aportaron muchas ideas nuevas. Gabriel menciona la presentación del alcalde de Tirana, Albania, y lo inspirador que le resultó sus ganas de cambio y todo lo que ha conseguido. “Me encantó el concepto “lluvia de intentos”: tú pruebas una cosa y, si no funciona, pruebas otra”, dice.

 

Grupos de trabajo y elaboración del manifiesto

 

Gabriel explica que se formaron tres grupos de trabajo, decididos en el encuentro de Madrid. Una vez creados los tres grupos, los niños y niñas decidieron en cuál de ellos querían estar o bien se les asignó. “Yo me puse de voluntario en el grupo de la voz para hablar, porque me gusta mucho hablar”, cuenta.

Los miembros de su grupo recibieron una formación de cómo hablar y cómo estar más tranquilos, y una vez en la Cumbre de Colonia, Gabriel habló en la ponencia inaugural, en la que explicó la importancia de las Ciudades Amigas de la Infancia: “Es importante que los niños tengan una voz porque somos el presente pero también somos el futuro”, explica. “Tenemos una vista mucho más objetiva de lo que parece, somos más sabios de lo que parecemos. Es importante que tengamos una voz”.

Además del grupo de portavoces en el que estuvo Gabriel, había otros dos grupos de trabajo: el de redes sociales y el grupo encargado del manifiesto, que se encargó de terminar de elaborar el manifiesto y de leerlo.

En ese grupo estaba Marta, de Belmonte, de 18 años, que nos cuenta cómo se elaboró el texto y cómo se eligieron los temas: “Se escogieron entre todos los grupos, a partir de las charlas que íbamos teniendo”, explica. Una vez escogidos se trabajaron en el grupo, bien de forma presencial (en Suiza y en Madrid), y luego mediante reuniones por Skype. “De las conversaciones que vamos teniendo entre los chavales, los mayores van cogiendo lo que realmente nos importaba”, añade.

Marta está contenta con el trabajo: “Creo que el resultado final del manifiesto es una pasada”, dice. El día de la lectura del texto, a ella le tocó hablar del apartado del cambio climático. “Al ver que todo el mundo aplaudía, que se pusieron de pie, fue como… madre mía. Creamos algo más grande de lo que nosotros nos podíamos esperar”, explica.

  Marta junto con otros participantes en la Cumbre de Ciudades Amigas de la Infancia de Colonia / © UNICEF

 

Descubre qué le tienen que decir los niños y niñas a los alcaldes y líderes locales 

 

Este es un resumen de los principales puntos del Manifiesto de la Infancia y Juventud de Ciudades Amigas de la Infancia leído en la Cumbre de Colonia (accede al manifiesto aquí). 

Los niños, niñas y jóvenes deben ser valorados, respetados y tratados de manera justa

Para ello exigen ciudades donde todas las personas se respeten mutuamente y los derechos y la dignidad de los niños y jóvenes sean respetados, donde exista inclusión, diversidad, solidaridad y hospitalidad, y donde los niños y niñas no deban enfrentarse a violencia o discriminación. La Agenda 2030 debe ser incorporada a las políticas municipales para promover los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y se debe actuar contra el trabajo infantil o los peligros de la contaminación para la salud.

Todos los niños y niñas deben ser incluidos

Para ello, todos deben poder participar en actividades, acceder a servicios y estar incluidos en todas las formas de vida en la ciudad de la comunidad, sin discriminación. Se debe prestar especial atención a los niños con discapacidades, los niños migrantes y refugiados, las minorías sexuales y de género, las personas sin hogar, etc. Ningún niño o niña debe vivir en la pobreza, y debe promoverse la igualdad de género y el respeto a través de campañas de sensibilización.

La voz de la infancia debe ser escuchada

Los adultos deben tener actitudes positivas hacia la participación de los niños y niñas, tomarles en serio, escucharles e informarles usando palabras que puedan entender. Los niños, niñas y jóvenes deben ser capaces de dar su opinión y expresar sus puntos de vista y preocupaciones (a través de mecanismos de quejas) y recibir comentarios sobre cómo se desarrollan las actividades y proyectos que han propuesto. Es importante aquí la figura de los consejos escolares y juveniles para establecer una comunicación más fluida y frecuente entre niños, juntas escolares y políticos.

Una educación de calidad

Los niños y niñas proponen ciudades donde la mejora de la calidad de la educación sea una de las prioridades, e inciden en que la educación debe ser gratuita e inclusiva para todos, con espacios para el aprendizaje. Los niños y los jóvenes deben poder influir en las decisiones que los afectan en las escuelas, junto con los maestros y sus familias. El aprendizaje y las habilidades para la vida deben ser promovidos mediante el aprendizaje creativo y el juego, y los planes de estudio escolares están relacionados con las oportunidades laborales. Las escuelas deben ofrecer información sobre temas sociales, como el acoso escolar, el racismo o la discriminación de género.

Los niños y niñas deben crecer sanos

Para ello, todos deben tener acceso a centros de salud de buena calidad cerca de donde viven, se debe promover la alimentación saludable y debe haber protección contra los efectos de la contaminación del aire sobre la salud. En cuanto a las adicciones entre niños y jóvenes (tabaco, alcohol, cannabis, tecnologías), deben evitarse mediante campañas, discusiones grupales y actividades recreativas con personas que han experimentado adicciones.

Los niños y niñas deben sentirse seguros y protegidos

La infancia y juventud deben contar con espacios seguros y protectores. Entre otras cosas, el texto propone la protección frente a todas las formas de violencia, incluida la violencia doméstica y sexual, y que se les permita crecer en un entorno de paz. Los espacios públicos deben ser seguros y bien iluminados, y las vías escolares deben ser seguras. Las poblaciones vulnerables y las minorías deben ser protegidas, prestándose atención a los crímenes de odio.

Los niños y niñas deben tener facilidad de movimiento

Para ello se ha hecho hincapié en la mejora del transporte público, que debe ser seguro, asequible y estar adaptado a los horarios y necesidades de los niños y niñas, así como a las personas con discapacidad. Es importante la seguridad vial, para lo cual se propone el control del volumen de tráfico y que existan carriles para bicicletas.

Crecer en un ambiente limpio y saludable

Los niños y niñas piden que se promuevan los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con el medio ambiente y la lucha contra el cambio climático. Su ciudad tendría más espacios verdes, campañas para fomentar el cuidado de los vecindarios, y la eliminación de la basura y la contaminación. También se promovería la energía limpia, el reciclaje y la reducción de plásticos.

Derecho al juego y a divertirse

Las ciudades tienen que ofrecer oportunidades para jugar y sociabilizar, y eso requiere parques, espacios deportivos, cines, bibliotecas…  así como áreas de ocio al aire libre mejoradas y áreas de juego inclusivas. De ese modo se garantiza el derecho al juego

Los niños y niñas deben pasar tiempo con sus familias

Por último, entre las preocupaciones de la infancia está la de la conciliación familiar. Es preciso que se tomen medidas para que los niños y niñas puedan pasar más tiempo con sus progenitores, y para ello han sugerido ideas como la creación de espacios sociales con actividades para todas las edades, o la celebración del Día de los Abuelos.