¿Cómo están viviendo los chicos y chicas la escuela en casa?

Encuentro en la segunda sesión del ciclo de participación online

Encuentro en la segunda sesión del ciclo de participación online sobre la escuela en casa: participan Néstor, Erika, María, Naiara y Fran, y modera Marina, de Santa Eulària des Riu

  • Alumnos y alumnas hablan de los pros y contras del sistema de clases online y de la incertidumbre ante el desconocimiento de las fechas de reapertura de clases y de exámenes
  • Creen que esta es una oportunidad para repensar y mejorar los sistemas de evaluación, de deberes y de comunicación con profesores y centros
  • “El mayor error es intentar que todo sea igual que como si siguiéramos en cases presenciales”, opinan. “No podemos pretender trasladar las clases presenciales al entorno online, sino adaptarlas”

Ningún alumno o alumna imaginaba hace unos meses que las escuelas iban a cerrarse y que tendrían que adaptarse a un nuevo sistema de estudio y asistencia a clase en formato virtual. Debido a la cuarentena por la crisis del COVID-19 y la imposibilidad de las clases presenciales de forma temporal, las aulas se han convertido en plataformas de videollamada, las tutorías en mensajes de WhatsApp y los deberes les llegan en archivos de Word. Ante este panorama tan nuevo, y frente a la incertidumbre del futuro, ¿cómo han sido estos meses de escuela en casa para los niños, niñas y adolescentes

 

 

Los primeros días, Erika, de Laviana (Asturias), los describe como como un caos: “Cada profesor lo sacó como pudo”, recuerda la adolescente de 16 años. “Me llegó información de un montón de lados”. El estado de alarma hizo que los centros educativos tuvieron que adaptarse de la noche a la mañana, y alumnos y profesores han mantenido el contacto a través de un sistema combinado de correos electrónicos, plataformas educativas online, videollamadas y aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp. En clase de Néstor, de Madrid, trabajan con varias plataformas al mismo tiempo: “Agradecería que se pusieran de acuerdo los profesores con una sola”, comenta el estudiante de 15 años.

Durante las primeras semanas de adaptación, la comunicación no ha sido tan fluida como lo era en persona: algunos señalan que es complicado contactar con los profesores o el centro de estudios en caso de dudas o problemas, mientras que otros no tienen queja. María, bilbaína de 15 años y participante en el proyecto Generación Z, señala que sus profesores cumplen: responden a los mensajes en seguida, tanto en horas lectivas como fuera de ellas. Fran, de 17 años y de Aljarraque (Huelva), reconoce que “al principio llega a ser confuso saber qué deberes tienes que hacer y cuáles no. Poco a poco eres capaz de organizarte”. Todos admiten que, pese a las dificultades iniciales, se han ido adaptando a este nuevo sistema de dar clases.

 

Un modelo nuevo: pros y contras

Las ventajas de este nuevo sistema online tienen mucho que ver con la autonomía para organizarse uno mismo y la posibilidad de estar en casa, según la experiencia de estos chicos y chicas. Naiara, la más joven del grupo, lo tiene claro: “Yo organizo mi tiempo, no madrugo tanto, estoy más con mi familia y mis padres me ayudan mucho y me apoyan”, dice la alumna de 12 años. Néstor cree que puede ser un modelo positivo para aquellos alumnos más independientes, que no dependan tanto del profesor: “Hay gente en mi clase que dice que no les importaría quedarse así”, dice.

Fran: “Cuantas más formas de aprender conozcamos, más amplio será el abanico para elegir. Cuando llegues a una universidad, por ejemplo, tienes opción de estudios a distancia”

Fran da otro punto de vista: “Una de las ventajas es que cuantas más formas de aprender conozcamos, más amplio será el abanico para elegir”, dice, con vistas al futuro. “Cuando llegues a una universidad, por ejemplo, tienes opción de estudios a distancia, y puedes coger esta experiencia que estás teniendo aquí”.  En cuanto a la gestión del propio tiempo, opina que no tener horario fijo “es ventaja y desventaja: para personas que sean capaces de organizarse, bien, pero si eres una persona como yo, desorganizada, es una desventaja total”, ríe.

¿Y los inconvenientes de las clases telemáticas? María encuentra “un montón”: “Fallos técnicos con los ordenadores. La materia es muy difícil darla a través de un ordenador, no es lo mismo. No interactúas con la gente y la clase se hace más pesada. Nos ponen al profesor hablando todo el rato sin imágenes ni nada, acabas desconectando, no me parece que avance más, al contrario”, enumera. Fran coincide en que a través de la videollamada no se tiene ni de lejos la posibilidad de interactuar con el profesor y compañeros, ni se avanza igual. “Por lo general, todos queremos volver a las clases presenciales”, concluye Erika. Todos coinciden en una gran desventaja: echan de menos ver a sus compañeros y compañeras en clase.

“Por lo general, todos queremos volver a las clases presenciales”, dice Erika.

Otra desventaja es que el sistema online deja atrás a los compañeros y compañeras que no tienen buena conexión a internet, no cuentan con ordenador o tienen que compartirlo y no pueden disponer de él a todas horas, porque los chicos y chicas están de acuerdo: sin un ordenador e Internet es imposible seguir este tipo de clases. Desde los centros hay iniciativas para detectar los casos de alumnos que sufren esta brecha digital y ofrecerles una solución. Erika, por ejemplo, al ser la delegada de clase, recibe mensajes de algunos profesores que se ponen en contacto con ella cuando detectan que algún alumno no se ha conectado. En los centros de Naiara o en el de Fran se han dado casos de alumnos que no contaban con Internet y a quienes se les ha ayudado desde el propio centro.

 

¿Debe seguirse el ritmo de las clases presenciales?

Uno de los aspectos polémicos es la cantidad de trabajos y deberes que los profesores les encargan a través de estas plataformas. Algunos, como Néstor, creen que el nivel de trabajo está bien: “No podemos pretender estar todo el día ociosos”, opina. “Al final vamos a volver, será mejor para nosotros poder seguir el curso y eso solo vamos a hacerlo mediante el aprendizaje”. Otros no están de acuerdo. María cree que las tareas son excesivas: “Hacemos más cosas de las que haríamos en clase un día normal. Muchos profesores ponen la videoconferencia en la que nos explican temario y luego nos mandan una hora o dos de deberes”. Eso les lleva a estar el día entero en clase: “En mi caso, yo estoy sentada en este pupitre desde las 8 de la mañana, paro a comer, terminamos a las 5 y toda la tarde haciendo tareas. No tengo tiempo para casi nada”.

Erika también reconoce que está sobrecargada. “Yo hablé con más gente y es verdad que del principio del confinamiento todos nos fuimos acostumbrando a trabajar en casa, pero a mí me mandan muchos deberes, es casi imposible”, cuenta. Añade que depende del profesor. También los más jóvenes notan esa carga extra de tareas: Naiara explica que en su clase “al principio nos mandaban mucho trabajo”. “Creo que porque ahora piensan que tenemos todo el día para estudiar”, dice. Ahora les mandan menos, lo cual le hace sentir más tranquila.

Fran: “Se está intentando seguir con el ritmo de las clases presenciales, y es un error”

María cree que esta sobrecarga de deberes se debe a que los profesores “no pueden dar lo mismo mediante el portátil y videoconferencias y nos ponen tarea extra para igualar el nivel que teníamos en clase. Lo que consiguen es saturarnos”. Erika coincide: “No podemos pretender trasladar las clases presenciales al entorno online, sino adaptarlas”, señala. También Fran está de acuerdo. Él cursa 2º de Bachillerato y cree que se está intentando seguir con el ritmo de las clases presenciales. Las primeras dos semanas las dedicaron a adaptarse al nuevo modelo, asimilar la situación, usar las plataformas; ahora se intenta elevar el ritmo, dice, y cree que es un error.

 

Incertidumbre y preocupaciones de los jóvenes durante la cuarentena

Como todo el mundo durante el estado de alarma y la cuarentena, los chicos y chicas sienten preocupación por su familia y por el futuro que nos aguarda, pero su principal fuente de incertidumbre son sus estudios. Con las fechas de la apertura de clases en el aire, la perspectiva de los exámenes aún sin confirmar y las dudas de cómo se les va a calificar, se sienten agobiados. “A mí el tema de notas me preocupa, no sé de la forma que nos van a graduar, es mi principal preocupación”, confirma Fran. Néstor señala que va a ser un problema para quienes están solicitando becas: “¿Cómo se va a hacer que esa nota compute? No sé si va a contar tanto como en una situación normal”, reflexiona.

María cursa 4º de la ESO, un año de cambio: “Es tanta la incertidumbre de si vamos a volver o no. Aquí en el País Vasco nos han dicho que el 25 volvemos a las clases pero no hay nada claro. En un principio no iba a haber exámenes, porque se pensaba que íbamos a volver antes, pero de repente nos han empezado a mandar muchísimos exámenes más las tareas, es todo muy agobiante”. Reconoce que en estos momentos no todo son los estudios y la nota; cree que no se le dan importancia a cómo se están sintiendo ellos. “Creo que en el colegio podría darnos un apoyo en eso”, sugiere.

 

¿Qué mejoras plantearían en el sistema educativo?

Después de varios meses con esta experiencia, nadie mejor que estos chicos y chicas para valorar qué funciona y qué no, y cómo podría mejorarse de cara al futuro. Todos remarcan la importancia de que el acceso a Internet y las plataformas de estudio llegue a todos los niños y niñas, y que los centros están preparados para usar dichas plataformas: “En mi cole tenemos todos ordenador y wifi, pero el centro no está preparado para darlas, no saben muy bien cómo hacerlo, cómo evaluarlos, no saben qué mandarnos porque muchos no controlan del todo las plataformas”, dice María.

Néstor: “Esta situación es ideal para mejorar la forma de evaluar y poner exámenes, que no se centren en lo que te has aprendido de memoria y repetido”

También plantean que esta experiencia debería servir para hacer cambios más profundos en el sistema educativo: “El mayor error es intentar que todo siga igual que como si siguiéramos en cases presenciales, el hecho de poner deberes y hacer exámenes”, señala Fran. “Mejor sería evaluar mediante trabajos, ser capaces de aprender y utilizar esos conocimientos para aplicarlos en el trabajo”. Cree que un examen no funciona, de forma telemática hay muchos fallos. En sus clases presenciales de la asignatura de cultura audiovisual, por ejemplo, hacían muchos exámenes, mientras que ahora “estamos haciendo trabajos muy creativos: montar una peli, editar una fotografía…”.

“Yo veo muy clara esta situación para mejorar la forma de evaluar”, dice Néstor. “Me parece que basarnos en exámenes se le está viniendo un poco el mundo encima a los profesores. Esta situación es ideal para mejorar la forma de poner exámenes, que no se centren en lo que te has aprendido de memoria y repetido sino en lo que hayas aprendido”. Son ideas para hacer que esta experiencia no suponga una ruptura de su educación sino una oportunidad de mejora para el futuro.

 

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