Patios y espacios al aire libre: así pueden ayudar durante la pandemia (y después)

21/01/2021 | Covid-19, Derecho al juego, Educación

Patios aire libre

Clase al aire libre durante la pandemia / Getty Images

 

  • Los espacios de juego o enseñanza al aire libre facilitan la lucha contra la propagación del virus y alivian los problemas físicos y psicológicos derivados de las cuarentenas en la infancia
  • Además, son muchos los beneficios que los espacios abiertos tienen para la infancia, su desarrollo y autonomía
  • Transformar los patios escolares no debe ser una medida puntual de respuesta al virus, sino duradera

 

Es difícil tener certezas en época de SARS-CoV-2; sin embargo, todas las evidencias apuntan a que el riesgo de transmisión del virus es mucho menor al aire libre que en espacios cerrados. Esta idea, sumado al hecho de que los centros educativos han sufrido cierres en muchos países, afectando al derecho a la educación de niños, niñas y adolescentes, debería hacernos repensar las formas de dar clase. Los epidemiólogos han insistido en que las aulas debían estar bien ventiladas y que, en la medida de lo posible, había que aprovechar los patios para la educación. La OMS, la UNICEF, el BM y la FAO también recomendaron el uso de los espacios exteriores en la reapertura de los centros escolares como una medida segura de prevenir los contagios.

Sin embargo, incluso en el exterior, no deben abandonarse las medidas de precaución, como guardar la distancia de seguridad o el uso de mascarilla. Además, después de sufrir un invierno de temperaturas extremadamente bajas con la borrasca ‘Filomena’ afectando a muchas ciudades, ahora más que nunca hay que tener muy presente que este uso de espacios debe hacerse de manera compatible con el mantenimiento de una temperatura confortable y que no ponga en riesgo la salud de los y las estudiantes.

Ante la difícil disyuntiva a la que se han enfrentado los dirigentes de todos los países a la hora de garantizar los derechos de la infancia a la vez que su seguridad frente al COVID-19, la educación debe ser garantizada en cualquiera de los casos. Este informa de UNICEF ofreció algunas pautas para la reapertura de las escuelas de forma segura, señalando que los gobiernos nacionales y los socios deben trabajar simultáneamente en la promoción y la protección del derecho de todos los niños a la educación, la salud y la seguridad, como se establece en la Convención sobre los Derechos del Niño.

 

La importancia de los espacios públicos que permiten jugar

 

Pero no sólo los colegios han sufrido cierres debido a la emergencia, sino también los parques y otros espacios públicos de muchas zonas urbanas. Estos espacios abiertos de juego y ocio han sido, precisamente, lo que ha ayudado a “mantener la cordura” a muchos padres y madres durante estos tiempos tan difíciles de cuarentenas y aislamiento.

Los parques cada vez son más importantes en las ciudades diseñadas para los vehículos y no para los peatones, y menos pensando en la infancia y su derecho al juego, al que no acceden por igual todos los niños y niñas, principalmente aquellos que viven en entornos desfavorecidos. Familias que viven en zonas densamente pobladas, en casas pequeñas desprovistas de jardín, necesitan especialmente estos espacios públicos y accesibles para el juego. Además, el ocio de la infancia y adolescencia cada vez es más sedentario: han cambiado los patios y la naturaleza por habitaciones cerradas, luz artificial y la pantalla de un móvil; cada vez juegan menos al aire libre, y los resultados incluyen muchos problemas de salud física y mental asociados dicho sedentarismo.

En un informe, la Plataforma de la Infancia ha recopilado las evidencias existentes acerca del riesgo de contagio en los parques infantiles, y sus conclusiones son contundentes: los parques infantiles no son zonas de alto riesgo; por ello, la plataforma insta a las Autoridades a que mantengan los parques abiertos para garantizar la existencia de espacios seguros en los que los niños y niñas puedan jugar.

 

¿Se aprende mejor al aire libre?

 

La profesora experta en diseño urbano Matluba Khan, de la Universidad de Cardiff, decidió descubrir si aprender en un entorno al aire libre puede mejorar el rendimiento académico. Para ello hizo un experimento en Bangladesh: la construcción de un patio contando con la opinión de niños y niñas. “Mi investigación mostró que el rendimiento de los niños en matemáticas y ciencias mejoró después de enseñar y aprender al aire libre”, explica la profesora. “El aprendizaje práctico al aire libre fue divertido y atractivo para todos, pero benefició particularmente a los estudiantes con bajo rendimiento”. Khan descubrió que los niños que no interactuaban mucho en el aula eran más proactivos y participaban más en sus sesiones en el exterior. “Las aulas al aire libre también pueden proporcionar el espacio para mantener el distanciamiento social mientras se aprende”, añade.

Los espacios abiertos tienen, sin duda, una lista de beneficios que excede aquellos relacionados con la prevención del COVID-19. El entorno al aire libre ofrece a los niños y niñas más posibilidades para realizar actividad física, tan necesaria para luchar contra el sedentarismo y la obesidad en la infancia. Pero, además, puede mejorar la motivación y el bienestar, así como los resultados del aprendizaje. El contacto con la naturaleza para la infancia no tiene más que aspectos positivos: fomenta las oportunidades de movimiento, aprendizaje y desarrollo, reduce el estrés y aumenta el bienestar mental. Por tanto, si existen riesgos al jugar al aire para los niños y niñas, los riesgos de no hacerlo son mayores.

 

Proyectos para crear patios habitables

 

Por todo ello, muchas personas opinan que transformar los patios escolares no debe ser una medida puntual de respuesta al virus, sino una medida duradera. El objetivo: aliviar algunos de los problemas físicos y mentales derivados del confinamiento en los niños y adolescentes, garantizar su seguridad frente al virus y, en una mirada más a largo plazo, proporcionarles todos los beneficios que los espacios al aire libre tienen para la infancia, su desarrollo y autonomía.

Colectivos de arquitectos ya llevaban tiempo reflexionando sobre cómo transformar los patios escolares en espacios más igualitarios y que favorezcan el desarrollo de las conductas socializantes. El colectivo Basurama, por ejemplo, recuerda que los patios son el primer espacio público en el que los niños y niñas empiezan a establecer relaciones sociales, de ahí la importancia de un diseño adecuado e inclusivo. Por ello, entre sus proyectos, de carácter pedagógico, está la reforma de patios escolares, reutilizando materiales y siempre de la mano de la infancia y adolescencia, contando con sus opiniones y reacciones.

Entre las muchas experiencias de patios al aire libre en tiempo de pandemia, el proyecto Patios Habitables recoge algunas ideas para hacer los espacios exteriores de las escuelas más saludables, confortables y sostenibles para el alumnado, el profesorado y el barrio en tiempos del COVID 19. En su guía para la transformación animan a mirar al patio y responder a algunas preguntas: ¿Qué elementos naturales tiene (plantas, arena, agua…)? ¿Con qué lugares de sombra, asientos o mobiliario exterior cuenta? ¿De qué forma fomentar el transporte saludable para acceder a estos espacios, y cómo puede participar la comunidad educativa (alumnos, docentes, familias…) involucrarse?

 

 

“Consideramos que, además del planteamiento sanitario, la escuela puede aportar movimiento físico, naturaleza y juego, para aliviar algunos de los problemas físicos y mentales derivados del confinamiento en los niños y adolescentes”, explican los creadores de la iniciativa en su web. Pero, además, “la escuela puede reforzar los lazos comunitarios entre sus miembros, para restaurar el aislamiento de niños, adolescentes y adultos”. Se trata de un modelo de patios centrados en el bienestar de la infancia que ha encontrado en esta crisis sanitaria una oportunidad para llevarse a cabo y, esperemos, para quedarse.

 

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