¿Será este el momento de la bicicleta en las ciudades?

03/06/2020 | Agenda 2030, Ciudades inclusivas, Ciudades y niños, Derechos de la Infancia

Bicicleta

  • Durante la pandemia, se ha puesto en cuestión el modelo urbano en el que los vehículos tienen prioridad frente a los peatones
  • La bicicleta resulta un elemento idóneo que permite el distanciamiento físico y una movilidad segura y saludable
  • Expertos en urbanismo y asociaciones ecologistas proponen medidas como la ampliación del carril bici o la reducción del tráfico cerca de los centros escolares

 

¿Cómo serían las ciudades si los niños y niñas pudieran ir andando a sus centros educativos, o utilizar las calles para el juego? En la gran mayoría de núcleos urbanos, esto es un imposible: las ciudades están diseñadas pensando en los vehículos más que en los peatones y, en consecuencia, la movilidad es limitada. Es algo que tiene importantes efectos en las vidas de los niños y niñas: por un lado, reduce las posibilidades de juego, impidiendo el aprendizaje y el pleno desarrollo físico; por otro, el predominio de los coches va en detrimento de la seguridad de los niños y niñas y aumenta la probabilidad de siniestralidad vial y accidentes de tráfico.

En tercer lugar, este modelo urbanístico tiene otros efectos nocivos sobre la salud que afectan directamente a la infancia: el transporte es responsable de gran parte de la contaminación atmosférica de las ciudades (en Madrid, por ejemplo, se calcula que un 41% de la contaminación está producida por el transporte). La contaminación causa más muertes que el tabaco: sólo en España, causa 10.000 muertes al año, según la Organización Mundial de la Salud.

Durante la crisis sanitaria por el COVID-19 y con todas las comunidades del territorio español preparando la desescalada, muchos imaginan que las ciudades no serán las mismas y que esta cuarentena de casi tres meses supone la posibilidad de convertirse en un punto de inflexión en la movilidad urbana. Por eso, este es el momento en el que muchos expertos y expertas en urbanismo reflexionan sobre cómo mejorar las ciudades tras la crisis en aspectos como movilidad o inclusividad, siempre con una mirada puesta en la infancia, y lanzan sus propuestas para construir ciudades mejores, menos contaminadas y en las que sea fácil guardar la distancia física y prevenir nuevas pandemias. Y, en muchos casos, la bicicleta es un elemento clave para dicha transformación.

 

Ciudades y espacios escolares seguros tras la crisis

 

En este momento clave para el urbanismo, todas las administraciones publicas deben trabajar de forma conjunta para crear zonas urbanas más seguras y saludables para todos, con especial enfoque en la infancia. Es por ello que el Seminario Movilidad e Infancia, un grupo de profesionales implicados en el desarrollo de políticas y programas orientados a promover la movilidad activa, segura y autónoma de la infancia, ha lanzado a dichas administraciones públicas una propuesta para lograr que los entornos de los centros escolares se conviertan en áreas de Protección de la Salud de la Infancia.

Para ello, sugieren unas medidas concretas, como reservar en todos los recintos educativos y sus aledaños un espacio seguro para el aparcamiento de bicicletas, patines y patinetes para incentivar la movilidad activa al centro; dotar a los centros escolares con espacios con vegetación o sustituir las zonas de aparcamiento que se encuentren dentro del recinto escolar por áreas estanciales y de juego.

También proponen reducir el tráfico en las inmediaciones de los centros escolares y priorizar la movilidad peatonal y ciclista, creando corredores de acceso libres de coches. En cuanto a planificación urbanística, entre sus sugerencias está incluir medidas para fomentar entornos escolares seguros y saludables en el Plan de Ordenación Urbanística Municipal.

 

Dándole más papel a la bicicleta

 

La bicicleta puede ser un elemento clave en un nuevo marco de movilidad segura y urbanismo inclusivo. La ONU dedicó el día 3 de junio a este medio de transporte para fomentar su uso al considerar que contribuye al desarrollo sostenible, a fomentar la salud y a promover la inclusión social y la igualdad de género.

En estos momentos de pandemia, muchos consideran que la bicicleta es un elemento estratégico para permitir una movilidad saludable, ya que su uso reduce la contaminación y permite mantener la distancia interpersonal. Muchas ciudades y municipios ya se han puesto manos a la obra para facilitar los desplazamientos en bicicleta durante la crisis sanitaria: en Francia, el Gobierno ha anunciado que triplicará su presupuesto hasta los 60 millones de euros para fomentar este medio de transporte, y París pondrá en marcha más de 1.000 km de vías ciclistas. Otras ciudades como Bogotá o Milán también han ampliado sus vías para bicicletas, y Londres ha aprobado un plan peatonal y ciclista con la vista puesta en la desescalada.

En España también se han llevado a cabo medidas en esta dirección: destacan el plan de nueva movilidad de Valladolid o el de Logroño Calles Abiertas, cuyo objetivo es adaptar las calles ante la emergencia sanitaria y hacer un reparto más justo del espacio público. Barcelona, por su parte, también ha anunciado la ampliación de sus zonas de carril bici con vistas a permitir la distancia de seguridad y reducir los contagios.

Sin embargo, asociaciones ecologistas y ciclistas creen que el resto de ciudades deben caminar en esa misma dirección y piden al Gobierno que el sector de la bici reciba el apoyo que, por ejemplo, ya ha recibido el del automóvil debido a la crisis. Entre estos colectivos se encuentra ConBici, compuesto por 65 asociaciones ciclistas de toda España que apoyan una legislación que permita el uso de la bicicleta en condiciones de seguridad. En el marco de la crisis sanitaria del COVID-19, ConBici publicó sus propuestas para unas ciudades mejores en las que la población pueda desplazarse andando o pedaleando. Para conseguirlo, lanzan una serie de recomendaciones, como ampliar las zonas peatonales, modificar la temporización de los semáforos, señalizar y proteger los carriles bici y facilitar que los ciclistas puedan subir sus bicis al transporte público.

Pero no quitan la mirada de la infancia, y se unen a la propuesta de convertir el entorno de los centros educativos en zonas seguras y libres de contaminación y ruidos, implementando medidas para disuadir o evitar el aparcamiento o estacionamiento en la entrada de los centros y así proteger a la infancia y juventud, y también habilitar aparcamientos de proximidad. Todo con un objetivo en mente: ciudades donde los niños y niñas puedan llegar caminando o en bici al colegio.

 

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