
Imagen de la campaña de Plataforma de Infancia
- Desde UNICEF España y Plataforma de Infancia recordamos que el lenguaje es una herramienta más para reconocer a los niños, niñas y adolescentes como ciudadanos de pleno derecho
- “El término ‘menor’ nos define solo por una cuestión legal, como si nos faltara algo, mientras que ‘niños, niñas y adolescentes’ busca reconocer quienes somos y en qué etapa nos encontramos”, dice Celia, del grupo asesor Paivoz de UNICEF España
“Que es inferior a otra cosa en cantidad, intensidad o calidad”. “Menos importante con relación a algo del mismo género”. Son algunas de las acepciones de la palabra menor según la Real Academia Española. Aunque tiene un uso legal y técnico, el término “menor de edad” se ha popularizado en el lenguaje cotidiano y mediático, reduciéndose a un simple “menor” para referirse a niños, niñas y adolescentes.
Según la Plataforma de Infancia, ese uso tan distendido puede infravalorar a los más jóvenes e incluso invisibilizarlos: “Se define a la infancia y adolescencia por lo que no son (adultos), en lugar de por lo que son”, explican.
Por eso, con la campaña No me llames menor, la plataforma sugiere a instituciones, medios de comunicación y a toda la sociedad que no utilicen “menor” de forma aislada y lo cambien por el uso de sustantivos adecuados: niña, niño, adolescente, infancia, chica, chico (o sus nombres propios). El objetivo: que se los reconozca como sujetos de derechos y ciudadanas y ciudadanos de pleno derecho.
“Cada vez que se usa el término menor lo relacionamos con inferior, y nos hace sentirnos infravalorados e invisibles”
“Cada vez que se usa el término menor lo relacionamos con inferior, y nos hace sentirnos infravalorados e invisibles”, explicaron los chicos y chicas de grupos de participación infantil durante el acto de la presentación de la campaña ‘No me llames menor’. En ese encuentro, hablaron de derechos de la infancia que se suelen tener poco en cuenta, como el derecho a la participación o asociacionismo infantiles, así como el respeto a su intimidad o a no ver su imagen compartida por redes sociales.
“A veces las personas adultas pensamos que sabemos qué es mejor para los niños y niñas, pero ¿quién mejor que vosotros para observar el barrio, los ambientes en los que os movéis a la hora de divertiros, la escuela o instituto, y analizar con vuestros compañeros lo que ocurre y proponer cómo podemos mejorar?”, dice Adela Piñeiro Pérez, presidenta de la Plataforma de Infancia, durante ese acto. “Ahí estaremos nosotros para prestaros ayuda. Es importante que vuestra participación sea real y que desde las leyes y políticas públicas se apoyen todas las propuestas que ellos hagan”.
“Cuando os escuchamos, aprendemos, nos ayuda a imaginar otra manera de hacer las cosas”, dice Sira Rego
En ese mismo acto, Sira Rego, Ministra de Juventud e Infancia, añadió: “Aprendemos muchísimo de vosotras y vosotros. Cada día que pasa que tenemos la oportunidad de escuchar, compartir y recapacitar sobre las propuestas que nos hacéis, aprendemos. Y ocurre una cosa muy interesante: reconocemos que como adultos hay muchas cosas que nos dejamos en el camino y que es importante tener presentes. Nos ayuda a imaginar otra manera de hacer las cosas, un elemento central para poder abordar medidas que nos permiten avanzar como sociedad”.
Un término que no abarca las diferentes realidades
Para Cora, de 12 años y del grupo asesor Paivoz de UNICEF España, uno de los problemas del uso del término “menor” es que se hace referencia a todas las personas de menos de 18 años de un modo genérico, sin tener en cuenta las diferencias que existen entre ellos: “No es lo mismo ser un niño de siete años que un adolescente de 16. Las realidades, preocupaciones e inquietudes son distintas a cada edad. No pensamos ni actuamos del mismo modo a una edad que a otra. Ni siquiera pensamos ni actuamos igual aunque tengamos la misma edad. Somos personas independientes, con criterios y creencias propias cada uno de nosotros, con nuestras personalidades y nuestros nombres que nos identifican”.
“No es lo mismo ser un niño de 7 años que un adolescente de 16. Las realidades, preocupaciones e inquietudes son distintas”, dice Cora, de 12 años
Celia, de 17 años y también del grupo asesor Paivoz, coincide en que se deben usar términos como ‘niños, niñas y adolescentes’ en vez de ‘menores de edad’: “Siento que este último término nos define solo por una cuestión legal, como si nos faltara algo; mientras que ‘niños, niñas y adolescentes’ busca reconocer quienes somos y en qué etapa nos encontramos”. Cree que el lenguaje es “la herramienta principal para empatizar con la persona que se tiene en frente, y usar palabras más humanas y específicas demuestra mucho más respeto hacia nosotros”.
Desde UNICEF España, recordamos que informar y referirse a la infancia y adolescencia puede presentar retos, e incluso un peligro de represalia o difamación. Por eso, recomendamos a periodistas que aborden estos temas de una manera apropiada y sensible a la edad, ofreciéndoles pautas para preservar el interés superior del niño o niña, de forma que puedan servir al interés público sin comprometer los derechos de la infancia. Otros profesionales, cercanos a la infancia, también deberían tener en cuenta estos elementos en su manera de comunicar y referirse a la infancia y adolescencia.
“Son solo niños”, “no saben lo que hacen”
Llamarlos “menores” no algo únicamente anecdótico. La infancia y adolescencia se enfrenta a muchas discriminaciones por su edad. Un ejemplo lo encontramos en los movimientos por el clima, que, cuando han sido protagonizados por niños, niñas y adolescentes, han sufrido todo tipo de falsos mitos.
“Son solo niños”, “no saben lo que hacen”, “están manipulados por los adultos” son algunos de los argumentos con los que se ha intentado desacreditar este movimiento. Todos estos mitos están basados en estereotipos discriminatorios: pensar que todas las personas menores de 18 años son manipulables, negar a los niños, niñas y adolescentes su capacidad para entender lo que viven o proyectar sobre los más pequeños unas exigencias de carácter basadas en estereotipos, como la obediencia.
¿En qué se traduce esta discriminación por edad? Algunos datos muestran que los jóvenes no se sienten tenidos en cuenta:
- En 2021, el Informe de la encuesta sobre la juventud del Parlamento Europeo mostró que, en Europa, la mayoría de los jóvenes (70%) consideraba que su influencia sobre decisiones, leyes y políticas importantes que afectan a la UE en su conjunto es escasa o nula.
- Según el mismo informe, el 24,8% creía que no tenía influencia alguna sobre los temas que se debaten en los debates públicos o políticos, y un 40,8% afirmaba tener poca influencia.
- En enero de 2026, un informe de la UNESCO, centrado en el sistema educativo, revela un dato preocupante: si bien en muchos países existen mecanismos formales de consulta con los jóvenes, estas estructuras rara vez se traducen en una influencia real sobre las políticas educativas.
- Solo alrededor del 20% de las organizaciones juveniles y estudiantiles cree que participa realmente como actor relevante en la elaboración de políticas educativas. Aproximadamente 60% de las organizaciones juveniles dicen haber sido consultadas en el diseño de políticas, pero solo 20% consideran que participan realmente como socios en la toma de decisiones.
En este panorama, desde UNICEF España trabajamos para asegurar que las opiniones de niños, niñas y adolescentes sean tomadas en serio, defendiendo su derecho a participar en las decisiones que les afectan, con la Convención sobre los Derechos del Niño como guía.
En España, existen 409 consejos de participación infantil y adolescente en la red de Ciudades Amigas de la Infancia, que permiten que niños, niñas y adolescentes dirijan sus propuestas a sus representantes políticos locales. Uno de los retos sigue siendo que esta participación se vuelva real y alcance a todos los grupos de la infancia, incluyendo a la más vulnerable. Ellos y ellas, con su trabajo diario para mejorar sus entornos, son la mejor forma de romper los estereotipos y dejar de ser considerados menores que ningún otro ciudadano o ciudadana.




