Los 6 principios de los espacios públicos urbanos para la infancia

09/03/2026 | Buenas prácticas, Derecho al juego, Derechos de la Infancia, Participación Infantil, Planificación urbana, Previas, Urbanismo

  1. Urbanismo
  2. Los 6 principios de los espacios públicos urbanos para la infancia

Calle rediseñada como infraestructura de juego en Potgieterstraat, Ámsterdam. Crédito: Carve NL

 

  • La infancia necesita espacios públicos accesibles y seguros. Esta guía define qué son y cómo implementarlos en las ciudades.

 

El acceso a espacios públicos seguros es un derecho fundamental de los niños y niñas de todo el mundo. Sin embargo, solo el 44% de los residentes urbanos vive cerca de espacios públicos abiertos (tan solo el 30% en los países de ingresos bajos y medios). La falta de acceso a estos espacios tiene consecuencias profundas: muchos países han documentado un aumento de los problemas de salud mental en la infancia, agravados por el aislamiento social, las presiones académicas y la falta de experiencias significativas al aire libre.

 

Los espacios públicos bien diseñados que los niños y niñas utilizan regularmente son un fuerte indicador de una ciudad habitable

 

Los espacios públicos bien diseñados que los niños y niñas utilizan regularmente son un fuerte indicador de una ciudad habitable, no solo para ellos, sino para todos sus habitantes, como recuerda la Guía para la creación de espacios públicos urbanos para la infancia, un nuevo informe de la OMS, UNICEF y ONU-Hábitat.

“Los espacios públicos (calles, patios, espacios verdes) en áreas urbanas son los primeros espacios para los niños y niñas para jugar, aprender, socializar y experimentar la ciudad. El acceso seguro a ellos está decreciendo. No es solo asunto de diseño urbano sino un asunto de gobernanza, planificación y equidad, y refleja un acceso, inversión y poder desiguales en las ciudades”, explica Rafael Tuts, Director de la División de Soluciones Globales de ONU-Hábitat, en el webinar de presentación de la guía.

 

¿Qué se considera un espacio público?

 

Los espacios públicos infantiles no se limitan a parques o áreas de juego tradicionales. Aunque estos suelen ser los lugares más asociados con la infancia, existen muchos otros entornos que pueden cumplir esta función. En contextos urbanos planificados o informales, calles, aceras, callejones o pequeños espacios comunitarios también pueden convertirse en lugares seguros para el juego y el aprendizaje.

Las calles constituyen los espacios públicos más grandes y acceso inmediato y gratuito para los niños y niñas. Son lugares donde pasan tiempo y prosperan (especialmente en barrios que carecen de parques y áreas de juego), ofreciendo un entorno de juego y aprendizaje donde pueden recorrer la ciudad, caminar a la escuela y otros destinos.

Según el informe, un patrón regular de acceso diario para el juego y las interacciones sociales en espacios como estos ayuda a forjar el “apego al lugar”, lo que a su vez contribuye a una mejor salud, desarrollo y bienestar para los niños y niñas.

 

Espacios públicos en contextos de emergencia

 

La crisis climática hace que muchos niños y niñas sean especialmente vulnerables cuando viven en hogares sin ventilación ni aire acondicionado, una situación común en barrios marginales o asentamientos informales. En estos contextos, los espacios públicos no son solo lugares de ocio, sino también entornos esenciales para el bienestar e incluso para la supervivencia.

Joana Dabai, del programa Catalytic Action, que trabajan con niños y niñas en contextos de crisis, desplazamiento y crisis medioambiental, explica la importancia de los espacios públicos en contextos de emergencia. “Observamos insistentemente que, en estos contextos, la falta de un espacio público seguro y accesible tiene un impacto profundo en la salud de la infancia”, dice.

 

“En un contexto afectado por un desastre, los espacios públicos son esenciales para la resiliencia: contribuyen a la salud, cohesión social y sentido de seguridad”

 

Pone como ejemplo la explosión del puerto de Beirut en 2020. “En el barrio de Karentina, la explosión destruyó casas, infraestructuras y los pocos espacios informales que los niños y niñas usaban para jugar e interactuar. Se quedaron sin espacios donde ir”. Desde su entidad, parte de la respuesta de recuperación fue crear espacios amigables para la infancia.

“Estos espacios son particularmente importantes en contexto de crisis humanitaria y climática. Primero, porque jugar es una parte de la recuperación. Para la infancia que ha experimentado trauma, la capacidad de jugar, moverse y poder salir a la calle otra vez apoya su bienestar psicosocial y ayuda a restablecer la rutina”, dice. Además, los espacios públicos sirven a toda la comunidad, no solo a la infancia. “En un contexto afectado por un desastre, este tipo de infraestructura social es esencial para la resiliencia. En nuestra experiencia, estos espacios contribuyen a la salud, cohesión social y sentido de seguridad”.

 

Los seis principios de los espacios públicos

 

De acuerdo con el documento, existen seis principios que deben sustentar y guiar todas las iniciativas y acciones para crear espacios urbanos seguros, saludables, accesibles, inclusivos y equitativamente distribuidos para la infancia.

 

Principio 1. Seguridad y protección

La seguridad es una condición básica para que los niños puedan utilizar los espacios públicos. En muchas ciudades del mundo, la infancia tiene pocas oportunidades de jugar al aire libre sin la supervisión constante de un adulto debido al tráfico intenso, la violencia o la falta de iluminación y mantenimiento de los espacios.

Garantizar la seguridad implica abordar tanto los riesgos físicos como los sociales. Esto incluye mejorar calles y callejones mal iluminados, rehabilitar parques abandonados y diseñar intersecciones más seguras.

 

Ejemplo de buenas prácticas

Transformación urbana de la Comuna 13, Medellín, Colombia. Crédito: Mark Pitt

En 2004, el alcalde de Medellín, Colombia, destinó el 40% del presupuesto anual de la ciudad a la creación de nueve bibliotecas arquitectónicamente destacadas, ubicadas en parques de barrios de bajos recursos afectados por conflictos civiles y la guerra del narcotráfico. Estos esfuerzos fueron fundamentales para reducir la delincuencia en los barrios y crear espacios seguros para los niños y niñas donde pudieran bailar, cantar, leer, socializar, jugar videojuegos, adquirir habilidades de lectura y tecnología, y encontrar apoyo social y emocional. Más importante aún, la ubicación conjunta de parques y bibliotecas fomentó la cohesión comunitaria y ofreció una vía para el aprendizaje permanente, aumentó la empleabilidad e integró barrios que de otro modo estarían aislados con el resto de la ciudad y el mundo.

 

Principio 2. Juego, recreación y desarrollo

El juego es una actividad fundamental en la infancia. A través de él, los niños aprenden a moverse, comunicarse, cooperar y comprender el mundo que los rodea. Además, cada vez existe más evidencia de que el juego tiene un valor intrínseco para el bienestar y el desarrollo.

Sin embargo, el derecho al juego se ha visto limitado por factores como el aumento del tráfico motorizado o una cultura social que tiende a sobreproteger a los niños y reducir las oportunidades de exploración y aventura. Como consecuencia, las generaciones actuales utilizan menos las calles como espacios cotidianos de juego.

 

Ejemplo de buenas prácticas

Parque Brixen, Ratisbona, diseñado en colaboración con niños y niñas. Crédito: Ciudad de Ratisbona.

La ciudad alemana de Ratisbona ha intentado revertir esta tendencia mediante un Plan Maestro para el Juego legalmente vinculante. Este plan busca convertir la ciudad en un entorno más amigable para niños y familias, integrando la participación infantil en los procesos de planificación urbana. A través de auditorías, encuestas y mapas elaborados por los propios niños, se identifican problemas en los espacios públicos y se proponen soluciones. La existencia de un plan con carácter legal garantiza que las necesidades de la infancia se tengan en cuenta incluso durante cambios políticos. Gracias a este enfoque, Ratisbona ha incorporado la jugabilidad como un elemento central de su planificación urbana.

 

Principio 3. Acceso donde más se necesita

En las zonas urbanas, la distribución inequitativa de espacios públicos abiertos, especialmente verdes y azules, deja a demasiados niños y niñas sin acceso a ellos. Afecta especialmente a la infancia de contextos informales o zonas en situación de crisis o pobreza, precisamente los niños y niñas que más necesitan del juego. Solo el 40% de los habitantes de las ciudades puede acceder fácilmente a espacios públicos abiertos.

Las políticas públicas pueden corregir esta brecha mediante la creación de espacios de juego y aprendizaje en lugares estratégicos como escuelas, bibliotecas, centros de salud o parques de barrio.

 

Ejemplo de buenas prácticas

La transformación del patio de la escuela Basma ofrece acceso a un espacio público para niños de acogida y refugiados en Ghazze, Líbano. Crédito: Catalytic Action.

Un ejemplo se encuentra en Ghazze, un pequeño municipio de la región libanesa de Beqaa que ha acogido a un gran número de refugiados sirios. Ante la saturación de las escuelas locales, una organización comunitaria colaboró con un centro educativo para ofrecer clases nocturnas a niños refugiados. Paralelamente, se rehabilitaron las instalaciones escolares y se transformó un terreno abandonado cercano en un patio de juegos modular construido con materiales locales. El proyecto involucró a estudiantes, docentes y organizaciones comunitarias en el diseño participativo del espacio, beneficiando tanto a niños sirios como libaneses y convirtiendo la escuela en un punto de encuentro para la comunidad.

 

Principio 4. Salud y bienestar infantiles

La evidencia científica muestra que la exposición a espacios verdes facilita un desarrollo saludable en la infancia y proporciona beneficios para la salud a largo plazo durante la edad adulta. Sin embargo, factores como el cambio climático, la contaminación atmosférica y la infraestructura inadecuada de agua y saneamiento impide que los niños y niñas jueguen al aire libre.

Planificar redes de espacios públicos que permitan jugar cerca de la escuela o del hogar puede mejorar significativamente la salud física y mental de la infancia.

 

Ejemplo de buenas prácticas

Intervención en un espacio público lúdico en el barrio del Raval, Barcelona. Sudeshna Chatterjee

Barcelona ofrece un ejemplo de este enfoque con su Plan de Juego en el Espacio Público con Horizonte 2030, conocido como “Ciudad Jugable”. Esta estrategia municipal promueve la integración del juego en el diseño de todos los espacios públicos, desde calles residenciales hasta zonas naturales. Uno de sus programas más destacados, “Protegiendo las escuelas”, transforma los entornos escolares mediante la reducción del tráfico, la ampliación de zonas verdes y la incorporación de mobiliario urbano. Además, el plan prevé adaptar climáticamente todos los patios escolares antes de 2030, combinando objetivos de salud infantil, actividad física y adaptación al cambio climático.

 

Principio 5. Equidad e inclusión

Las desigualdades sociales y territoriales dificultan que todos los niños puedan disfrutar de los espacios públicos en igualdad de condiciones. Los niños pequeños, niñas, grupos indígenas, grupos de bajos ingresos, minorías étnicas, niños con discapacidad o refugiados suelen enfrentarse a mayores barreras de acceso.

Crear espacios públicos inclusivos implica considerar las necesidades de todos los grupos y garantizar que puedan utilizarlos de manera segura y cómoda.

 

Ejemplo de buenas prácticas

En Mumbai, India, un proyecto comunitario ha demostrado cómo la participación infantil puede transformar espacios degradados. En el complejo residencial Lallubhai, un reasentamiento de antiguos barrios marginales, un espacio abierto conocido como Lal Maidan era inseguro y estaba descuidado. A través de talleres participativos, niños y jóvenes diseñaron propuestas para mejorar el lugar, como plantar árboles, pintar murales, instalar iluminación y añadir bancos. Con la colaboración de organizaciones sociales y autoridades municipales, estas ideas se llevaron a la práctica, convirtiendo el área en un espacio verde comunitario. Tras la intervención, disminuyeron los conflictos y el acoso, y más niñas y mujeres comenzaron a utilizar el espacio.

 

Principio 6. Sostenibilidad y resiliencia

El cambio climático y el aumento de desastres naturales afectan de forma desproporcionada a la infancia. Se estima que más del 50 % de las personas afectadas por desastres son niños.

Los espacios públicos infantiles desarrollados desde una perspectiva de resiliencia no solo mitigan los impactos del cambio climático, sino que también pueden fortalecer su dependencia social y física en contextos vulnerables. En estos entornos, en particular, aumentar las zonas verdes e incorporar soluciones basadas en la naturaleza en los espacios públicos infantiles para reducir las temperaturas y mitigar las inundaciones.

 

Ejemplo de buenas prácticas

Restauración participativa de una barranca y creación de espacios para niños en la Ciudad de México.MACIA Estudio

En Ciudad de México, el Cañón de Tarango representa un ejemplo de restauración ecológica impulsada por la comunidad. Este espacio natural había sufrido décadas de abandono y vertido de residuos. A partir de 2018, organizaciones locales comenzaron a involucrar a niños y vecinos en actividades educativas sobre ecología y gestión de residuos. Posteriormente, mediante talleres participativos, los propios niños colaboraron en el diseño de un plan maestro para recuperar el área. El proyecto incluyó un huerto urbano, zonas de juego y espacios de contemplación integrados en el paisaje natural. Tras tres años de trabajo colectivo se retiraron 125 toneladas de residuos, y el lugar se transformó en un espacio comunitario activo donde vecinos de todas las edades se reúnen, caminan y participan en actividades culturales.

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