«La salud mental debería ser algo de lo que se hablara en todas las casas»

11/10/2021 | Covid-19, Derechos de la Infancia, UNICEF

Salud mental

Fotografía: Victoria Borodinova

 

  • La crisis sanitaria ha puesto en riesgo el bienestar de millones de niños, niñas y adolescentes de todo el mundo, así como de sus cuidadores
  • El Estado Mundial de la Infancia 2021, de UNICEF, hace un llamamiento a garantizar este derecho: en España, solo el 2,1% del presupuesto en salud se destina a salud mental
  • Desde UNICEF lanzamos la campaña #EnMiMente para romper un estigma que en ocasiones impide que los niños y niñas busquen tratamiento y limita sus oportunidades de crecer, aprender y prosperar

 

La pandemia por la COVID-19 ha trastocado la vida de millones de niños y niñas de todo el mundo que se han visto privados de asistir a clase, ver a sus amigos o familiares, salir al exterior o jugar. Para muchos, además, se suman otros factores que pueden alterar su bienestar emocional y por ende, su salud mental: la crisis socioeconómica, el desempleo familiar, la pobreza o la enfermedad de una persona de la familia. La crisis sanitaria ha hecho disminuir la percepción de bienestar de los niños, niñas y adolescentes, de acuerdo con nuestro Barómetro de Opinión.

Sin embargo, lo que la pandemia ha dejado al descubierto es solo la punta de iceberg de un problema largamente silenciado. Cada año mueren 45.800 adolescentes por suicidio según el informe: es la quinta causa de muerte más frecuente entre los adolescentes de 10 a 19 años y la cuarta causa de muerte más frecuente entre los de 15 a 19 años. Unas cifras preocupantes de las que no se habla lo suficiente.

Por primera vez en su historia, el Estado Mundial de la Infancia, de UNICEF y presentado el pasado 5 de octubre, examina la salud mental dirigiendo especialmente su atención a los factores de riesgo y los de protección presentes en el hogar, la escuela y la comunidad, y su influencia en los resultados relativos a la salud mental.

 

 

La salud mental de la generación del COVID

 

La Organización Mundial de la Salud advierte de que el 13% de adolescentes de 10 a 19 años padece un problema de salud mental diagnosticado en todo el mundo. La ansiedad y la depresión representan el 40% de estos trastornos de salud. “Esa cifra es la de problemas diagnosticados”, destaca M.ª Ángeles Espinosa, psicóloga y patrona de UNICEF, en el evento online de presentación del informe, “pero hay muchísimos niños, niñas y adolescentes que tienen un malestar, falta de interés o motivación, que repercute en sus estudios, relaciones personales o familiares, y que en última instancia limita su desarrollo y tiene consecuencias a corto, medio y largo plazo”.

Existen lógicamente factores de riesgo de estos problemas de salud mental en la infancia y adolescencia, incluyendo los factores socioeconómicos, culturales y otros como las crisis humanitarias, la pobreza, los conflictos o la discriminación. El informe destaca que las normas de género pueden afectar a la salud mental tanto de las niñas como de los niños y también que la relación entre la pobreza y la salud mental es de doble vía: la pobreza puede provocar problemas de salud mental, y los problemas de salud mental pueden provocar pobreza.

En cuanto a la pandemia, las investigaciones indican que ha habido un cierto aumento del estrés y la ansiedad entre los niños y los adolescentes. La salud mental de los cuidadores, especialmente de las madres jóvenes, también es motivo de preocupación.

 

Rompiendo el tabú

 

El estigma en torno a la salud mental impide que los niños y los jóvenes busquen tratamiento y limita sus oportunidades de crecer, aprender y prosperar, de acuerdo con el informe. “Cuando la familia no te apoya o piensa que la salud mental es tabú o no se debe hablar, de un grano de arena se hace una montaña entera”, confirmaba Lara Padilla, de 19 años, quién junto a Roberto Arribas, miembro del Grupo Asesor de UNICEF España,. participó en la presentación del informe. “Tenemos muchas cosas interiorizadas de hace mucho tiempo, como la frase de ‘no llores’. Nos cuesta abrirnos a contarlo. Yo creo que la salud mental debería ser algo de lo que se hablara en todas las casas”.

Roberto, de 18 años, coincide en que existen un tabú en torno a la salud mental: “Existe una estigmatización por ir al psicólogo, hay gente que dice que por ir al psicólogo estás loco… Creo que hay trabajo que hacer”, dice.

Él mismo, después de una época de incertidumbre y de cambios debido a los estudios, comenzó a ir al psicólogo, una decisión que ha mejorado su vida. “Cambia mucho la visión que tienes. Yo entré en una situación mala y me ayudó a salir de ese pozo tan negro en el que estaba”, cuenta. “Te ayuda a liberarte, te quita carga, estás más relajado, entiendes más a la gente. Se lo recomiendo a todo el que lo necesite”.

 

La salud mental como derecho

 

La salud mental es un derecho básico y esencial para alcanzar los objetivos mundiales, incluidos los Objetivos de Desarrollo Sostenible. “El suicidio es la última consecuencia de la vulneración clara de ese derecho a la salud física y mental”, sostiene Espinosa. “Tiene que ser analizado y valorado de manera profesional, pero como una consecuencia de una vulneración de un derecho”.

 

“El suicidio es la última consecuencia de la vulneración del derecho a la salud física y mental”, dice Espinosa

 

Un derecho que, sin embargo, no está garantizado para todos. A pesar de que cada vez hay más conciencia en torno a la importancia de la salud mental, los gobiernos siguen invirtiendo poco en algo tan necesario. El gasto gubernamental medio en salud mental en todo el mundo representa apenas el 2,1% del gasto medio en salud en general. En algunos de los países más pobres del mundo, los gobiernos gastan menos de un dólar por persona en el tratamiento de enfermedades mentales.

En España, la media del gasto público constituye apenas el 2,1% del gasto público de salud en general. “La inversión en salud mental de los niños y niñas sigue siendo absolutamente insignificante”, denuncia Gustavo Suárez Pertierra, presidente de UNICEF España. Un dato que demuestra que la salud mental no está a la misma altura que la salud física para Para Cristina Junquera, Responsable de Incidencia Política y Estudios en UNICEF España: “Es un dato tremendo. Si queremos personas sanas tenemos que estar al mismo nivel. La salud mental es un derecho, es un reto global”.

Esa inversión insuficiente se traduce en falta de accesibilidad, como ejemplifica Lara: “Conozco personas que quieren intentar tratar [sus problemas] pero no se lo pueden permitir, yo me he permitido ir al psicólogo pero hay gente que no puede”. Rober está de acuerdo con que existe una desigualdad de acceso a este derecho: «Necesitas el apoyo de tu familia cuando tienes un problema de salud mental. Pero en muchos casos las familias no tienen los recursos económicos», dice.

 

Prevención, comunicación e inversión

 

El informe también recuerda la necesidad de cuidar la salud mental de los y las cuidadores, y destaca los programas de parentalidad positiva dirigidos a familias. Y deja claro que las escuelas pueden ser entornos saludables e inclusivos en los que los niños aprenden habilidades fundamentales para reforzar su salud mental, pero también pueden ser escenarios donde se dan acoso, racismo, discriminación, presión de los compañeros y estrés por el rendimiento académico.

Los profesores son los receptores de la salud mental de los niños, niñas y adolescentes. Raúl Bermejo, docente y neuropsicólogo, reconoce que a veces es complicado percibir este tipo de problemas al tener tantísimos alumnos.

“Damos más importancia en plena pandemia a aprender contenidos curriculares sin tener en cuenta ese momento de incertidumbre, ansiedad, nerviosismo por parte de todos”, cuenta. Él siempre ha tenido clara la importancia de valorar su salud mental y de animar a los chicos y chicas a hablar de ello con naturalidad: “Soy su figura de apego durante ocho horas diarias”.

 

 

Espinosa recuerda que el coste de no invertir en salud mental es muy alto: deja un agujero en la sanidad pública porque se traduce en afectaciones en la salud física. «El trastorno afecta a la persona, pero afecta en una doble dimensión: a la familia y a la sociedad«, añade la psicóloga. Para ella, cuidar la salud mental es una inversión: «Si tenemos niños y niñas sanos tendremos adultos sanos, familias sanas y una sociedad sana. Repercutirá en el bienestar de todos».

“Es urgente una inversión en salud mental y también romper el silencio que rodea a la salud mental”, concluye Suárez Pertierra. “En España es fundamental contar con una política nacional de salud mental de infancia y adolescente. Nuestra propuesta es que la nueva Estrategia Nacional de Salud Mental, en la que ya se está trabajando, tenga un capítulo específico sobre infancia y adolescencia, y que además vaya coordinado con un grupo de trabajo permanente sobre salud mental e infancia a nivel estatal”.

Para ello, desde UNICEF España lanzamos la campaña #EnMiMente, con el objetivo de romper el tabú en torno a este tema esencial para el bienestar de todos. “Queremos con ella romper el silencio, que hablemos con normalidad de la salud mental. Actuar cuando conozcan casos de personas que lo estén pasando mal”, explica Junquera, y reivindica un compromiso político: “Que la salud mental esté al mismo nivel que la salud física”.

 

 

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