
Una abuela alivia del calor a su nieta en Tailandia, país que Según el Índice de Riesgo Climático Global ocupa el noveno lugar entre los países más afectados por el cambio climático a nivel mundial
- El cambio climático eleva las temperaturas y causa olas de calor más severas y largas, especialmente en las ciudades. ¿Cómo las adaptamos para la infancia?
A nivel mundial, 1.500 millones de niños están expuestos a olas de calor más frecuentes, prolongadas o severas. Es uno de los alarmantes datos del informe Children’s Climate Risk Report 2026 de UNICEF, publicado el 16 de junio.
El cambio climático antropogénico (ocasionado por la acción humana) está elevando las temperaturas globales y provocando olas de calor históricas en todo el mundo, que tienen mayor frecuencia, duración y severidad, especialmente en las áreas urbanas, según el estudio.
Estas olas de calor, que son más letales en las zonas tropicales, tienen múltiples impactos en los niños y niñas. Biológicamente, ellos son más susceptibles que los adultos a los efectos a corto y largo plazo del estrés por calor. Pero también puede afectarles de formas indirectas: las olas de calor suelen provocar interrupciones en los servicios por el uso excesivo de energía y agua, y también el cierre de escuelas.

Frecuencia de las olas de calor
Una emergencia global que también nos afecta
Las olas de calor no suponen el único riesgo para la infancia. Según el informe de UNICEF, casi la mitad de la infancia del mundo (unos 1.100 millones de niños y niñas) está actualmente expuesta a al menos tres amenazas climáticas, como sequías, olas de calor, inundaciones, tormentas de arena o calor extremo, agravados por el calentamiento global indicado por el ser humano.
Casi la mitad de la infancia del mundo está actualmente expuesta a al menos tres amenazas climáticas
La sequía, el calor extremo y las olas de calor son la combinación de amenazas climáticas más extendida: más de 296 millones de niños y niñas viven en zonas expuestas a ellas. Algunos niños y niñas están mucho más expuestos que otros porque, según su localización geográfica o su estatus socioeconómico, podrían tener un acceso limitado a los servicios sociales esenciales, y muchos se ven obligados a desplazarse.
“No tener en cuenta a la infancia en los planes de emergencias es una oportunidad perdida”
Los países de renta alta no son inmunes a este problema. En Italia, por ejemplo, los datos muestran que más de seis millones de niños y niñas están expuestos a olas de calor prolongadas y sequía. Sin embargo, el país también muestra cómo la inversión en adaptación al cambio climático puede mitigar algunos de los riesgos que afronta la infancia.
En España, el 54% de la población infantil está expuesta al menos a tres riesgos climáticos combinados
En España, 4,1 millones de niños y niñas (el equivalente al 54 % de la población infantil) están expuestos al menos a tres riesgos climáticos combinados. Las principales amenazas: las olas de calor, que afectan a seis millones de niños y niñas, y la sequía, a 4,2 millones. Y, aunque el país cuenta con servicios públicos más sólidos que otros países más vulnerables, persiste un reto: la infancia sigue invisibilizada y no aparece de forma expresa en los planes de gestión del riesgo, como desveló el informe Contar con la infancia es una emergencia de UNICEF.
Estudiar con las temperaturas al alza
Las altas temperaturas en las aulas son un problema crítico agravado por el cambio climático. Los chicos y chicas explican que el calor les afecta “no solo física sino psicológicamente”, “estás más cansado, tienes menos ganas de hacer cosas”, y que obliga a cancelar algunas clases en verano debido a que los centros educativos no están preparados para estas temperaturas.
Según el Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría (AEP), a partir de 26-27 °C se deterioran la concentración, el aprendizaje y el bienestar; por encima de 30 ºC el aula deja de ser un entorno adecuado para aprender, y más de 32 ºC suponen un riesgo para la salud de los escolares.
Por encima de 30 ºC el aula deja de ser un entorno adecuado para aprender, y más de 32 ºC suponen un riesgo para la salud de los escolares
Es lo que ocurre en algunos colegios de reciente edificación. Algunos, a pesar de cumplir las normativas, superan los 35 grados en las aulas, como han denunciado en este colegio de Colmenar Viejo (Madrid). La AEP advierte de que muchas escuelas españolas fueron diseñadas “para unas condiciones climáticas distintas a las actuales” y presentan limitaciones estructurales que dificultan la protección frente al calor: patios excesivamente pavimentados, ausencia de sombra, ventilación insuficiente o edificaciones poco adaptadas térmicamente convierten algunos centros en espacios especialmente vulnerables durante los meses cálidos.
La asociación sostiene que los centros educativos deben adaptarse al cambio climático con medidas de prevención, ventilación, sombra, hidratación, climatización eficiente con energías renovables y reorganización de espacios y actividades.
Buscando soluciones: adaptándose al cambio climático
El informe de UNICEF propone medidas concretas, a nivel global, que pueden adoptar los gobiernos, empresas y actores relevantes. Entre ellas, adoptar medidas más ambiciosas para reducir emisiones, y proteger a la infancia mediante una adaptación climática inclusiva. Pero también urge a empoderar a niños, niñas y adolescentes para que participen de forma significativa en la acción climática.
De hecho, muchos chicos y chicas creen que las autoridades y las grandes empresas actúan a corto plazo, y ellos y ellas tienen una mirada más a futuro. Opinan que deberían escuchar más a la infancia, ya que “los jóvenes pueden aportar una visión más sostenible, centrada en el futuro y por la protección del planeta”, sostienen.
Adaptando las ciudades al verano: así se construye un “refugio climático” comunitario
Por otro lado, también existen medidas que pueden tomarse a nivel local o a pequeña escala para convertir las ciudades en lugares seguros para la infancia frente al aumento de las temperaturas:
La AEP ofrece algunos consejos para adaptar los centros educativos al calor y “prepararlas para el futuro”, combinando soluciones arquitectónicas, ambientales y organizativas.
Por ejemplo, la mejora de la ventilación natural y cruzada, la monitorización de la temperatura, la humedad y la calidad del aire, la creación de sombra y arbolado en patios, la incorporación de soluciones basadas en la naturaleza y el uso de infraestructuras y sistemas energéticamente eficientes. También se aconseja garantizar el acceso al agua y favorecer hábitos de hidratación frecuentes, así como reorganizar determinadas actividades físicas o al aire libre en función de las condiciones ambientales.
En nuestros Cuadernos para la acción local: Propuestas para una planificación urbana sostenible y responsable con la infancia ofrecemos algunos elementos clave para diseñar las ciudades como un entorno seguro y protector para la infancia.
Un ejemplo es introducir espacios verdes en las ciudades: la cobertura vegetal y los espacios verdes juegan un papel fundamental en conseguir que las ciudades estén menos contaminadas, minimizar el efecto isla de calor, contribuyan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar, con ello, el cambio climático.
El Ministerio para la Transición Ecológica también ha publicado una guía para impulsar Planes de Adaptación Climática en centros escolares desde la comunidad educativa, en torno a tres iniciativas estratégicas: rehabilitación energética de los edificios del colegio, instalación de placas solares y promoción de las energías renovables y renaturalización de los patios escolares.
En la renaturalización de patios contemplan medidas de cambios de pavimento para reducir el sobrecalentamiento de superficies pavimentadas permeables; instalación de juegos de agua en los meses más calurosos y, por supuesto, sombreamiento vegetal o con cubiertas y renaturalización.
Entre las experiencias inspiradoras incluyen Patios por el Clima, un programa transformar los patios escolares en espacios más naturales y resilientes al cambio climático, o la guía Patios silvestres de Basurama.





