Sin voto pero con voz: La política también puede estar pensada para la infancia

¿Qué suele pensar la gente cuando escuchan una fase, una opinión o idea de un niño o niña? Con frecuencia, podemos encontrarnos con eso de “son cosas de niños”, “no tiene criterio suficiente para opinar” o “está repitiendo algo que le ha dicho algún adulto”. Estas son algunas de las barreras con los que la infancia y adolescencia se encuentra cuando quiere ejercer su derecho a la participación, además de no tener acceso a voto. Desde esa difícil posición, ¿cómo ven estos niños, niñas y jóvenes la política? ¿A la sociedad y su rol en ella? ¿Cuáles son sus preocupaciones? ¿Se sienten escuchados?

Kevin Laminto / Unsplash

Para conocer estas cuestiones le hemos preguntado directamente a ellos: UNICEF Comité Español ha realizado una encuesta en la que han participado más de 8.500 niños, niñas y adolescentes de entre 11 y 18 años, de todo el país, y ha complementado este análisis cuantitativo con una aproximación más cercana, mediante grupos de discusión con 75 niños que participan en Consejos de Participación de la Infancia y la Adolescencia. En estas sesiones de trabajo, realizadas en cuatro ciudades de España, niños, niñas y jóvenes abordaron temas vinculados a ciudadanía y al bienestar de la infancia y juventud. Los resultados aparecerán en un Barómetro de la Infancia y Adolescencia, publicado hoy, con un objetivo: dar a conocer las opiniones de la infancia y adolescencia y otorgar voz y protagonismo como sujetos activos de derecho a este colectivo harto de ser considerado sujeto pasivo e incapaz de opinar y actuar.

 

Ganas de participar

 

Para Alba, que formó parte del grupo de discusión en Oviedo, que no se dé voz al colectivo más joven hace que al final este dependa “totalmente de unas personas que se presentan a presidente o a lo que toque”, dice. “Todo lo que vayamos a hacer tiene que pasar por ellos”. Ahora que ha cumplido 18 ya puede votar, pero antes reconoce que se sentía sin voz ni voto. Su forma de sentirse parte de la vida política y social ha sido a través de la participación infantil: lleva desde los 15 años siendo parte del Consejo Municipal de Infancia de Llanera, y su interés principal, dice, es que los políticos no les estropeen el futuro a los jóvenes como ella.

Alba: “Yo creo que eso desde actividades como participación se te puede inculcar la idea de que tú puedes conseguir cosas, de que tu opinión cuenta y vale la pena”

Entre la gente de su edad, algunos están más interesados que otros en participar. “A mí las personas que dicen por ejemplo, la política no me gusta… Te guste o no te guste, te afecta”, dice. “Esas personas que ahora hacen los 18 y dicen, no, yo no voy a votar… ¡No puedes no saber! Como no nos lo enseñan tienes que aprenderlo en algún lado”, opina. Un conocimiento que cree que se puede adquirir desde el colegio: “Yo creo que eso desde actividades como participación se te puede inculcar la idea de que tú puedes conseguir cosas, de que tu opinión cuenta y vale la pena”, dice.

 

¿Qué temas les importan?

 

Vanessa tiene 17 años y comparte las preocupaciones de Alba. Residente en la Oliva, municipio de Fuerteventura, comenzó con la participación infantil hace cuatro años uniéndose al Consejo Insular de Infancia con un objetivo en mente: involucrarse con las necesidades de la isla. ¿Qué cosas le preocupan a ella y a sus compañeros? Temas como los estudios o el transporte: en su municipio, explica, hay pocas cosas pero es difícil trasladarse a otras islas o a la Península: faltan rutas, horarios… etc. En el tema del transporte, Vanessa y sus compañeros han conseguido hacerse oír: ella ha estado presente en reuniones en las que se habló de este tema y a las que asistieron, cuenta, representantes políticos, de infancia, de transportes. “Hicimos una reunión con ellos para darles ideas”, relata.

Pero no siempre reciben esa atención por parte de representantes políticos o, en general, de adultos. A veces les preocupa no sentirse escuchados por profesores, médicos, familia… e incluso entre ellos. Por ejemplo, en cuanto a los profesores, según Vanessa, algunos les prestan más atención y apoyo que otros. “Hay profesores que digamos van porque tienen que ir, porque necesitan el dinero. Pero hay otros que tienen el don de enseñar y de escuchar, con esos es más fácil hablar, te escuchan, se interesan por todo”, dice.

Vanessa: “Hay casos en los que puede haber acoso o que por ser esa persona de este país o de diferente procedencia se le trata de una manera diferente. Se intenta luchar para que haya igualdad”

Entre los propios compañeros, Vanessa cree que cuenta con el apoyo de la gente del Consejo, pero fuera de ese núcleo la cosa cambia: a veces, dice, no se escuchan entre ellos. “Cada uno va por lo suyo, piensa en lo suyo”, dice. “Eso es un error, también deberíamos de ver por los demás”. A veces cree que los chicos y chicas no se tratan bien entre ellos: “Hay casos en los que puede haber acoso o que por ser esa persona de este país o de diferente procedencia se le trate de una manera diferente. A veces hay casos, pero se intenta luchar para que haya igualdad”. En cuanto a cómo se puede solucionar esa discriminación, opina que la solución pasa por al educación, la sensibilización y la empatía: se debe “intentar concienciar de que aunque vengan de otro país son personas, con sentimientos y que le gustan las mismas cosa que a ti”.

 

Su confianza en la política

 

Aunque la juventud actual ha demostrado preocupación por el futuro y ha abanderado luchas como las movilizaciones contra el cambio climático o la igualdad de género, es cierto que muestra una gran desafección política, dirigida principalmente hacia los partidos y los políticos tradicionales. Vannessa, por ejemplo, tiene claro que los políticos dejan de lado los temas que les atañen a niños y jóvenes como ella porque tienen otras prioridades; de ahí la importancia de la participación infantil: “Nuestro papel es intentar, como ciudadanos que somos, recordarles esas necesidades que son tan importantes”, dice, “que también sea una prioridad para ellos”.

Vanessa: “Nuestro papel es intentar, como ciudadanos que somos, recordar a los políticos esas necesidades de la infancia que son tan importantes,que también sea una prioridad para ellos”

Por su lado, Alba dice confiar en los políticos a nivel local, y menos a nivel estatal, donde, admite, “la confianza con los políticos la verdad es que no es mucha”. Cree que si un político no escucha al pueblo, va mal: cuando eso sucede es cuando se pierde la confianza. “Yo veo a la gente mi generación muy cansada de que no se nos escuche, con muchas ganas de darlo todo y de conseguir un buen futuro para nosotros”, añade.

Sin embargo a nivel local la cosa cambia. En su localidad asturiana, Llarena (13.600 habitantes), se conocen todos, se hace “política de pueblo”, como dice ella, lo cual facilita mucho el proceso y les hace sentir que se les tiene en cuenta. Tienen suerte, opina ella. “Cuando hacemos cualquier cosas siempre viene y nos acompaña el Alcalde con un par de concejales”, cuenta. En las elecciones “se nos tuvo en cuenta en los mítines políticos que hubo cuando las elecciones, en el programa electoral se nos nombró como que se iba a seguir tirando de la participación infantil, y para nosotros fue algo súper importante”.

Alba: “Veo a la gente mi generación muy cansada de que no se nos escuche, con muchas ganas de darlo todo y de conseguir un buen futuro”

Pero no olvida que el apoyo de los adultos es crucial: “Es muy importante la labor de los niños, la labor de UNICEF… pero si nadie responde del Ayuntamiento es muy complicado”, dice. “Yo tengo compañeros de otros consejos que están hasta las narices de trabajar y trabajar y no ven respuesta por parte de los adultos. Es una pena, eso en Llanera tenemos mucha suerte que no nos pase”.

Salvo excepciones, entre los jóvenes prevalece esa sensación de que la política está pensada para adultos. “Es lo que decimos siempre: es todo adultocéntrico” dice Alba. En las recientes votaciones de noviembre, sus primeras votaciones, se dio cuenta de golpe: no tenía del todo claro cómo funcionaba. “A mí me llegó la carta el otro día y no entendía lo de diputados. ¿Cómo se vota esto? No te lo explican en ningún sitio”, dice. “Se asume que tienes una edad y tienes que saberlo”.

 

Aprendiendo a participar

 

Alba cree que haber estado involucrada en participación infantil a ella le ha cambiado la vida y la manera de pensar. “Yo antes tenía unas ideas básicas de ciudadanía, de derechos; decía, sí bueno, es importante… pero no entendía muy bien todo lo que un niño, una niña o adolescente puede llegar a hacer”, dice.

Alba: “Yo antes tenía unas ideas básicas de ciudadanía, de derechos… pero no entendía muy bien todo lo que un niño, una niña o adolescente puede llegar a hacer”

Asamblea de un Consejo de Participación Juvenil

Reconoce que siempre que desde su Consejo han propuesto algo han pensado que era una locura, pero sin embargo se les escucha y consiguen muchas cosas: por ejemplo, estuvieron años pidiendo que los jóvenes que terminan en el Consejo Infantil pudieran de alguna manera continuar con la participación, y finalmente lo han conseguido: hace poco se ha creado un Foro Joven para los chicos y chicas que alcanzan la mayoría de edad. Para Alba es un gran logro. Pero claro, siempre cuentan con la ayuda de los adultos. “Si ellos no quieren, podemos tener la mejor idea del mundo, la mejor que se te ocurra, pero si no tenemos apoyo… nada”.

Esas figuras de participación juvenil son importantes, y ambas, Alba y Vanessa, lo demuestran: las dos tienen ganas de seguir participando en su comunidad una vez superada la mayoría de edad. Alba ya está involucrada en el Foro Joven como consejera del Observatorio, e incluso imparte formación como monitora de participación infantil. Vanessa, por su lado, tiene en mente participar en el Consejo Juvenil, que en su municipio está en proceso de formación, y seguir involucrada en participación: “Me gustaría participar en todos los ámbitos porque yo creo que en todos se necesita ayuda, ideas”, dice. Dos ejemplos de las ganas de la infancia y juventud de seguir involucradas en los cambios de sus comunidades, de participar en política y, en conclusión, de ser escuchadas.

El Barómetro de Opinión de la Infancia y la Adolescencia, que presenta hoy UNICEF Comité Español, es un proyecto que ambas participantes han tildado de muy importante: aunque ha sido un trabajo duro, “al final tienes la recompensa de que va a pararse alguien a escuchar tus ideas, van a estar registradas”, dice Alba. “Es algo que antes no pasaba, antes lo que opinaba la infancia no importaba”, añade. Para Vanessa la importancia de esta publicación radica en que “podemos trabajar todos juntos y también contribuir a la isla, y ayudar a los políticos siendo sus ojos y su voz”.