Formación ‘online’: cómo ofrecer apoyo psicosocial a la infancia en emergencias

28/01/2021 | Covid-19, Previas, Protección

Apoyo psicosocial

@UNICEF

 

  • En situaciones humanitarias, es urgente garantizar la salud mental de la infancia Esta formación a distancia para trabajadores de primera línea explica las claves de las intervenciones de Salud Mental y Apoyo Psicosocial

 

En los contextos de emergencias, como desastres naturales o conflictos, es fundamental garantizar no solo la integridad física de la infancia y adolescencia sino también tener en cuenta las afectaciones psicosociales y en su salud mental. Además de los problemas psicosociales que estas situaciones de peligro pueden generar en la infancia, aquellos niños y niñas que necesitan tratamiento pueden verlo interrumpido debido a la propia emergencia. En ambos casos, es urgente implementar acciones para prevenir el riesgo de repercusiones a largo plazo, tanto a escala individual como comunitaria, y de ahí la importancia de las intervenciones de Salud Mental y Apoyo Psicosocial (dos conceptos a menudo resumidos en las siglas SMAPS).

Con esa idea en mente, la alianza que coordinamos desde UNICEF Child Protection Area of Responsability,  que tiene como objetivo atender a la infancia en situaciones de emergencia, lanza una formación a distancia para los trabajadores de primera línea sobre SMAPS basado en comunidades. Destinada a todos los trabajadores que trabajan con la infancia, o a cualquiera interesado en salud mental y apoyo psicosocial, la formación está compuesta por vídeos impartidos por profesionales que, en seis módulos, explican los aspectos clave sobre estas fundamentales intervenciones con niños, niñas y sus familias, qué grupos requieren especial atención o de qué forma pueden los propios profesionales protegerse frente al estrés y los efectos derivados de un trabajo en contextos tan adversos.

 

Intervenciones con infancia, familias y sus comunidades

 

Sarah Harrison, asesora técnica de SMAPS en la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (IFRC), inaugura la formación explicando los elementos básicos para que el niño o la niña tenga un desarrollo del bienestar positivo y desarrolle una infancia sana, según el modelo socioecológico de participación comunitaria:

Los dos primeros elementos son la familia o cuidadores estables y la comunidad, consistente en un sistema de apoyo para el niño o la niña (que incluye centros comunitarios, centros de jóvenes, espacios seguros para actividades infantiles, espacios de educación no formal… etc.). Ambos pueden ser factores de protección, pero también factores de riesgo:  “La idea es hacerlos lo más protectores posibles durante toda la infancia y minimizar los factores de riesgo”, señala Harrison.

Un tercer aspecto es la cultura y sociedad, en el cual influyen aspectos como el contexto (las leyes del país respecto a la infancia) o incluso la infraestructura: «Hacer las ciudades amigables para la infancia: disponer de zonas en las que un niño o niña pueda jugar lejos del tráfico, parques de juegos, etc”.

¿Cómo responder a las necesidades de la población en situación de emergencia? Harrison lo explica con la pirámide de intervenciones de SMAPS del IASC, que ilustra un sistema de apoyos complementarios por niveles, reconociendo que las personas se ven afectadas en diferentes niveles e intensidad y por tanto requieren diferentes tipos de asistencia. Todos los niveles de la pirámide son relevantes y deberían implementarse de manera sostenible, adaptándolos a cada contexto local:

Pirámide de la guía IASC sobre SMAPS

  • En la cima están los servicios especializados (asistencia en salud mental por especialistas y tratamiento de problemas más severos).
  • En segundo lugar, los apoyos focalizados (de persona a persona) no especializados, para personas con el riesgo de desarrollar problema de salud mental frecuente (incluye niños y niñas con discapacidades).
  • En tercer lugar, el apoyo de la comunidad y la familia.
  • En la base de la pirámide, las consideraciones sociales en servicios básicos y de seguridad.

“Cuando trabajamos en emergencia no están tan claramente definidas estas cuatro líneas divisorias”, explica Harrison. “Todos los actores deben coordinarse y trabajar juntos. La clave reside en que la familia y el niño o niña necesita ser atendido a lo largo de la pirámide de intervenciones”.

Por ejemplo, un niño o niña que haya pisado una mina terrestre requerirá servicios de rehabilitación y asistencia sanitaria, pero también puede necesitar un trabajador social que le ayude a ser reintegrado a la comunidad y ayuda para la subsistencia. Otro niño o niña superviviente de violencia sexual necesitará asistencia relacionada con ese tipo de violencia y y probablemente tenga fuertes necesidades de salud mental y psicosociales.

 

Conociendo los perfiles de infancia y adolescencia más vulnerables

 

Michael Copland, coordinador del Child Protection Area, habla sobre los grupos de niños y niñas que requieren una atención especial debido a su situación de vulnerabilidad, y nos ayuda a entender sus necesidades, requerimientos de protección y la mejor manera de apoyarlos. “El acceso a esos niños puede ser difícil, requiere de esfuerzos adicionales”, explica Copland. “Es muy importante entender que cada niño o niña es diferente y tiene diferentes necesidades”. En estos casos una intervención temprana, añade, es crucial.

¿De qué perfiles hablamos? De niños y niñas con discapacidades, o de aquellos separados o no acompañados (“pueden haber sido separados en medio de una crisis, por reclutamiento, como causa de la explotación sexual…”); de niños y niñas en grupos armados, en situación de calle, en cuidado alternativo, en conflicto con la ley, los niños cabezas de hogar o aquellos en riesgo de matrimonio infantil.

“Tenemos que entender que un niño o niña puede estar expuesto a varios de estos riesgos”, advierte Copland, y pone un ejemplo: una niña puede ser separada, ser reclutada por la fuerza en un grupo armado, ser casada con un comandante militar… “Inmediatamente ves que un niño puede experimentar múltiples vulnerabilidades, pertenecer a varias categorías”. En ocasiones hay fuertes estigmas contra estos niños y niñas, añade, de modo que es importante trabajar con las comunidades, los padres y la propia infancia.

 

Fortalecer el apoyo comunitario

 

Suzan Song, psiquiatra y consultora humanitaria de salud mental y psicosocial (MHPSS), expone las directrices de UNICEF sobre Salud Mental y Apoyo Psicosocial basado en la comunidad en entornos humanitarios. Dichas directrices son especialmente importantes porque tienen como objetivo restaurar y fortalecer los sistemas y el apoyo en comunidades y familias, reforzar la resiliencia para recuperarse de la adversidad y proveer condiciones que permitan a los niños, niñas y familias sobrevivir y prosperar.

Las intervenciones en las comunidades “deben fortalecer los apoyos y los sistemas naturales, hacer uso del conocimiento y la capacidad de la comunidad”, explica Song, y ofrece seis pasos para involucrar a la comunidad:

  1. Aprender sobre el contexto en el que se va a trabajar.
  2. Identificar y reunirnos con los actores clave de la comunidad (por ejemplo, actores gubernamentales y de la sociedad civil, grupos de jóvenes y mujeres, organizaciones religiosas…).
  3. Realizar una evaluación participativa e inclusiva de las necesidades, recursos y capacidades de afrontamiento, incluyendo la participación de los niños, niñas, mujeres y hombres.
  4. Facilitar una planificación participativa e inclusiva de soluciones e intervenciones, compartida con los actores clave. Que los niños, niñas, jóvenes y familias tengan la oportunidad de participar en el diseño de programas relevantes para sus propias necesidades.
  5. Apoyar la implementación de programas por agentes comunitarios.
  6. Monitorear y evaluar las intervenciones.

 

La Salud Mental y Apoyo Psicosocial en la emergencia del COVID-19

 

La emergencia global, la pandemia por el virus SARS-CoV, ha supuesto una gran amenaza tanto para la salud física como para la salud mental de la población, incluyendo especialmente a la infancia y adolescencia. En la respuesta a esta crisis sin precedentes se ha dado prioridad a la salud física, pero hay que recordar que es importante que dicha respuesta incorpore una estrategia específica sobre salud mental, que incluiría el refuerzo del sistema de salud mental y de apoyo psicosocial a familias y niños, como hemos pedido desde UNICEF España.

Las intervenciones SMAPS con infancia y sus familias han tenido que adaptarse a esta situación. Un informe de la Organización Panamericana de la Salud recoge recomendaciones para las intervenciones de salud mental y apoyo psicosocial en los países y en las comunidades en contexto de la crisis sanitaria. Entre ellas, dar prioridad a las necesidades de los grupos más vulnerables en función de su edad, género, etnia, migración, situación de calle, patologías previas, etc. Pero, además, dichas intervenciones tienen que tener en cuenta la situación de particularidad de la pandemia, de modo que deben ser adaptadas a medios remotos o a distancia, como internet, telefonía, radios comunitarias, etc.

Desde UNICEF España recordamos que también puede hacerse mucho a nivel local, desde los municipios, apostado por un enfoque de infancia, mediante la creación de espacios protectores que garanticen los derechos de los niños y niñas (como los derechos a la educación y al juego) y contando siempre con la participación infantil. De ese modo evitaremos que esta crisis sanitaria y económica derive en una crisis de salud mental cuyas principales víctimas serán los niños, niñas y adolescentes.

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