La infancia tiene derecho a un medioambiente sano y sostenible

06/05/2021 | Medioambiente

Derecho medioambiente

Fotografía: Torsten Dederichs / Unsplash

 

  • Las crisis ambientales y climáticas son también crisis de derechos de la infancia, señala Henriette Ahrens, Directora Adjunta de Programas de UNICEF
  • En el contexto de la actual crisis medioambiental, los niños, niñas y adolescentes son los más afectados, pero también los actores de cambio

 

¿Tienen los niños y niñas reconocido el derecho a un medioambiente limpio y saludable? Realmente, ese derecho quedó fuera de la Declaración Universal de Derechos Humanos porque esta fue redactada antes del advenimiento del movimiento ambiental moderno en las décadas de 1960 y 1970. Pero en los últimos años cada vez más voces advierten de la necesidad de corregir esto e incluir este derecho entre las prioridades de derechos de infancia.

La primera mención del derecho a un medioambiente saludable tuvo lugar en la Declaración de Estocolmo en 1972 en el marco de la primera gran conferencia ambiental. John Knox, el primer relator especial de la ONU para los derechos humanos y el medioambiente, terminó su mandato pidiendo a los Estados que reconozcan el derecho al medioambiente a nivel internacional. Desde entonces, este llamado ha sido apoyado por el nuevo Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Hoy, unos 110 países lo han reconocido constitucionalmente y muchos acuerdos regionales de derechos humanos también lo hacen. Pero, además, la comunidad internacional se ha vuelto mucho más consciente, en los últimos años, sobre un derecho que se vuelve urgente, y también lo hacen los propios niños y niñas.

 

La infancia, la principal víctima de los desafíos medioambientales

 

El cambio climático y el calentamiento global afectan especialmente a la infancia: por un lado, ponen en peligro su derecho a la salud, a vivir en un entorno saludable y a la seguridad de aquellos que sufren desastres medioambientales; por otro, amenaza el futuro de las nuevas generaciones y su vida en el planeta. Está también demostrado que la polución en el aire en los grandes núcleos urbanos impacta de forma más negativa en la salud de los niños y niñas. Por todo ello, debe tenerse a la infancia y adolescencia en consideración como grupo vulnerable.

El día 6 de febrero de 2020, en el marco de la publicación del informe The Time is Now, se celebró en Génova un seminario de expertos con el fin de proporcionar una plataforma para el impulso final hacia el reconocimiento universal del derecho a un medioambiente seguro, limpio, saludable y sostenible. Henriette Ahrens, Directora Adjunta de Programas de UNICEF, recordó que cada año mueren más de 1,7 millones de niños menores de cinco años como consecuencia de impactos ambientales evitables, y millones más sufren enfermedades, discapacidades y una variedad de otros daños, que incluyen afecciones respiratorias, enfermedades cardíacas, cáncer de pulmón, enfermedades neurodegenerativas y deterioro del desarrollo cognitivo –todos los cuales se ha demostrado que están relacionados con la exposición a entornos inseguros–. Por ello, instó a los participantes a comprender que las crisis ambientales y climáticas son también crisis de derechos de la infancia.

Además, señaló los impactos desproporcionados de la degradación ambiental en los niños que viven en la pobreza, así como cómo exacerba las desigualdades existentes dentro y entre generaciones y sociedades.

Por todas estas razones, dijo, “UNICEF apoya plenamente el reconocimiento mundial del derecho a un medioambiente saludable y cree que, si se combina con una acción rápida y sistemática por parte de los Estados para prevenir y controlar la exposición a condiciones ambientales inseguras, tendría un impacto positivo y duradero para los niños y niñas y sus derechos”.

 

La juventud, la más movilizada por el cambio

 

En el mismo seminario, los participantes escucharon un poderoso discurso de Dante Vergara, un activista climático de Chile de 11 años. Dante expresó su preocupación por el fracaso de los gobiernos en la lucha contra el cambio climático y dijo que, como consecuencia, las generaciones futuras heredarían un mundo cada vez más enfermo. Finalmente, al afirmar que «el cambio climático no tiene fronteras», instó a todos los países a «reconocer formalmente el derecho a un medioambiente sano, a un aire limpio, agua potable, alimentos saludables, un clima estable y a la biodiversidad y ecosistemas saludables».

Vergara es un ejemplo de que los niños, niñas y jóvenes no solo son los más afectados: también están resultado ser los actores clave de la acción sobre la crisis climática. La joven Greta Thunberg, quien lanzara su huelga escolar por el clima a los 15 años, puede ser el rostro más visible, aunque este tipo de jóvenes activistas van más adelantados y han conseguido más logros en América Latina. En la actualidad, miles de jóvenes en todo el mundo se han sumado a defender un planeta más seguro para ellos, ante la perspectiva de una crisis ambiental global que se agrava.

La juventud lleva años movilizada en la defensa del planeta, incluso a pesar de la pandemia. Ejemplos como el movimiento juventil Fridays for Future, o la plataforma de jóvenes activistas medioambientales Voices of Youth han continuado con sus reivindicaciones de forma online, y el Comité de los Derechos del Niño de la ONU ha llegado a crear un Grupo de Trabajo sobre los Derechos del Niño y el Medio Ambiente.

Ahora, los jóvenes activistas están abriendo nuevos caminos en los tribunales. El caso más llamativo lo protagonizaron seis niños y jóvenes portugueses que en noviembre de 2020 presentaron una denuncia ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) contra 33 estados por no abordar adecuadamente la supuesta «emergencia climática». El caso, apodado Duarte Agostinho, argumenta que aquellos estados que no logran resolver la crisis climática están violando los derechos humanos.

Los solicitantes de la Convención Europea de Derechos Humanos, uno de los cuales tiene tan solo ocho años, han argumentado que, además de violar sus derechos a la vida y a la vida privada, el hecho de que el gobierno no aborde la crisis climática constituye una discriminación hacia la juventud. Justifican esta afirmación afirmando que «los niños y los adultos jóvenes deben soportar la carga del cambio climático en una medida mucho mayor que las generaciones anteriores».

Lo sorprendente es que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha decidido otorgar prioridad a la denuncia de los seis niños, sobre la base de la “importancia y urgencia de las cuestiones planteadas”. Si el caso tiene éxito, los países acusados ​​estarían legalmente obligados, no solo a aumentar los recortes de emisiones, sino también a abordar las contribuciones extranjeras al cambio climático, incluidas las de sus empresas multinacionales. Supondría un éxito para el planeta y para la infancia.

 

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