Mediadores y ‘aulas de escucha’ para resolver conflictos en clase

Clase con alumnos. Fotografía de NeONBRAND para Unsplash

Clase con alumnos. Fotografía de NeONBRAND para Unsplash

 

  • Para resolver conflictos en clase cada vez toma más fuerza la figura del mediador, un rol que puede realizar otro alumno o alumna
  • Sus tareas no son sólo intervenir en peleas, sino también integrar a aquellos chicos y chicas que tengan dificultades para hacerlo
  • “Ayuda a empatizar con los demás compañeros”, dice Carmen, mediadora en el IES Jorge Guillén

 

​Todos los centros escolares aspiran a la convivencia y al diálogo. Sin embargo, los conflictos son inevitables. Para abordarlos, cada vez toma más fuerza la figura del mediador, una especie de “árbitro” imparcial que interviene para que ambas partes encuentren una solución, y cuyo rol no necesariamente tiene que adoptarlo un adulto: puede llevarlo a cabo otro alumno o alumna. 

Es el caso del Instituto de Educación Secundaria (IES) Jorge Guillén, en Madrid, donde están llevando a cabo un proyecto de mediación de conflictos, en el que participan en torno a 40 chicos y chicas del mismo centro elegidos mediante tutorías en cada clase. “Una mediación es una forma de solucionar conflictos mediante los compañeros sin que esté la figura del profesor o la dirección”, ha contado Alejandra, participante del proyecto. Ella y su compañera Carmen se encargaron de presentarlo en el marco del V Congreso de Ciudades Amigas de la Infancia de UNICEF, celebrado en noviembre de 2019. 

Durante la presentación, Alejandra y Carmen han contado cómo se aborda un conflicto desde el momento en el que se detecta por parte del profesor o los propios alumnos: se da una primera fase, la de intermediación, en la que las dos partes del conflicto los mediadores se reúnen con los mediadores por separado y explican qué ha pasado. En segundo lugar, se presentan las “reglas del juego”, es decir, que debe respetarse el turno de palabra, hablar sin insultar, etc. Después, por separado ambas partes del conflicto cuentan a los mediadores su visión ya completa: “Se abren, nos cuentan sus sentimientos, qué ha pasado, la visión de cada uno”, ha dicho Alejandra.

Finalmente se busca una solución entre todos. “Los mediadores no somos quienes damos las soluciones al conflicto sino que les hacemos preguntas para que ellos mismo sin darse cuenta las encuentren”, ha aclarado Alejandra. “Cuando lo conseguimos, se firma un acuerdo entre los mediadores y las partes del conflicto para asegurarse y comprometerse a cumplir las soluciones”, ha añadido, explicando que se lleva a cabo un seguimiento “para controlar que lo que han firmado se cumple”.

Fotografías de la presentación del proyecto de mediadores del IES Jorge Guillén en el V Congreso de Ciudades Amigas de la Infancia / UNICEF Comité Español/2019/Hugo Palotto

 

Escuchar e integrar

 

Los mediadores reciben formación y durante el proceso de mediación están acompañados de un equipo de coordinación y por los profesores. También contribuyen a formar a los alumnos y alumnas que quieren unirse al proyecto. Pero las dos chicas están convencidas de que, además de la formación, un mediador o mediadora necesitan un perfil concreto: debe tener voluntad de querer ayudar, capacidad de escucha, actitud positiva, ganas de cambiar las cosas. Así lo ha definido Carmen. Para ella, esta labor, a pesar de ser voluntaria, “no es un juego, es bastante serio”.

La única tarea del mediador no es intervenir en peleas: también escuchar y acompañar a los chicos y chicas, velar por el buen clima de la clase e integrar a aquellos que tengan dificultades para hacerlo, por ejemplo debido a su idioma, cultura o carácter. “Las principales situaciones en las que intervenimos son los problemas de integración”, ha explicado Carmen, “personas a las que no se les dé bien socializar, la llegada de alumnos para integrarles en el grupo…”. Para ello, realizan actividades durante los recreos, como teatro. “Las mediaciones que yo he hecho, unas cinco o seis, casi todas tienen que ver con malos entendidos sobre redes sociales, falta de comunicación, y otros temas”, ha contado Alejandra. 

 

Mediaciones para prevenir el acoso escolar

 

En el instituto Conde de Orgaz, de Madrid, cuentan una iniciativa similar. Javier Maldonado, su jefe de estudios, lo ha explicado en una de las entrevistas realizadas para el programa ‘Guiados contra el Bullying’, de UNICEF Comité Español. Todo empezó hace años con la llegada al centro de un profesor joven con ganas de hacer cosas. “Empezó a introducirnos en el concepto de ‘alumnos ayudantes’, y organizó un grupo de trabajo con chavales”, ha dicho Maldonado. 

Desde entonces, con el apoyo de la Fundación ANAR, además del concepto de ‘alumnos ayudantes’ se crearon en el centro otros proyectos como el del ‘aula de escucha’. Se trata de un lugar donde acuden durante los recreos “chavales con algún conflicto para comunicarlo, buscar su ayuda, su opinión…”. Quienes median son sus propios compañeros, que reciben previamente formación. Para Maldonado, lo ideal es que el proyecto tenga una proyección en el tiempo: “Si tú abordas un asunto de convivencia con disciplina arreglas el problema a corto plazo, lo puedes enquistar. Si lo acompañas de un trabajo de convivencia el problema se va a resolver con bastantes posibilidades de no repetirse”, ha opinado. 

En esos espacios de escucha se busca la comunicación entre iguales, ya sea entre alumnos o profesores, y no sólo se aspira a resolver conflictos sino, además, identificar problemas como el acoso escolar. Para ello, según Maldonado, hay que ganarse la confianza de los chicos y chicas: “Que entiendan que hay posibilidad de comunicar, que hay puertas abiertas”, ha señalado en referencia a los alumnos ayudantes, los profesores, los tutores, la jefatura de estudios… “Cuantas más puertas abiertas dejemos a su disposición, más posibilidades tendremos de que un alumno con un conflicto en algún momento quiera abrir alguna de ellas”. 

 

La importancia de que alumnos y alumnas sean los protagonistas

 

En la guía Los Municipios ante la Violencia entre Niños, Niñas y Adolescentes, las autoras Pepa Horno y Áurea Ferreres, expertas en derechos de la infancia, señalan que de entre los ejemplos que hay de programas o estructuras de participación infantil y adolescente que se pueden implementar en los municipios, “un programa de mediación entre iguales es un buen ejemplo de estrategia de prevención de la violencia entre niños, niñas y adolescentes”. Pero añaden que algo así «no va a funcionar si los propios niños, niñas y adolescentes no están convencidos de ser capaces de contribuir significativamente”, y para ello es preciso “que dichos niños y niñas crezcan en espacios donde se les permita opinar, proponer o incluso dirigir algunos procesos que afecten a sus comunidades”. 

Para Alejandra y Carmen, pertenecer al equipo de mediación de su instituto tiene muchas ventajas. Supone “por ejemplo ayudar a nuestro compañeros, sobre todo los más pequeños, a resolver los conflictos y hacer diálogo”, ha asegurado Alejandra, “y no con violencia o insultos”. Pero ha reconocido que también permite adquirir otros aprendizajes: “Ayuda a empatizar con los demás compañeros”, ha señalado. Para Carmen es importante “que los principales protagonistas seamos los alumnos”.

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