Así elaboramos un plan que transforme la realidad de la infancia en nuestro municipio

13/10/2026 | Gobernanza, Herramientas para la política local

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  • El Plan de Infancia y Adolescencia no es tarea exclusiva del ayuntamiento: requiere la implicación de todas las áreas y la participación activa de niños y niñas para convertir sus derechos en mejoras reales. ¡Te contamos cómo diseñarlo paso a paso! 
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Son una hoja de ruta para hacer realidad los derechos de todos los niños, niñas y adolescentes. Los planes locales de infancia y adolescencia (PLIA) permiten conocer la realidad de la infancia, identificar sus necesidades y definir medidas para transformar su vida cotidiana.

Más allá de ser un requisito para el reconocimiento como Ciudad Amiga de la Infancia, estos planes son una herramienta para aplicar el artículo 4 de la Convención sobre los Derechos del Niño mediante políticas públicas concretas.

Helena Serrano y Paola Bernal, especialistas en políticas locales de infancia de UNICEF España, comparten en un webinar formativo las claves para diseñar un PLIA basado en el enfoque de derechos, la participación infantil, el análisis de evidencias y la definición de objetivos y medidas con capacidad real de transformación.

Como explican, “es un ciclo constante de trabajo. Es importante que el diseño del plan no solo sea tarea de la entidad local sino también contemos con los chicos y chicas”.

 

Derechos en acción: cómo diseñar planes locales para la infancia y la adolescencia

 

Cuatro cambios de mirada antes de empezar

 

El primer paso es incorporar cuatro enfoques que deben orientar todo el proceso de planificación.

  1. El enfoque de derechos de infancia toma la Convención como marco de referencia para diseñar políticas públicas y reducir las brechas entre los derechos reconocidos y la realidad de los niños y niñas.
  2. El enfoque de derechos de Ciudades Amigas de la Infancia tiene ciertos elementos que buscan aterrizar la Convención unidos a otros elementos para planificar políticas de infancia en las entidades locales, como la participación infantil o la buena gobernanza.
  3. Enfoque de equidad interseccional y de género hace que nos preguntemos si con nuestro PLIA estamos llegando a todos los niños y niñas del municipio o si alguno está quedando fuera. Para ello debemos escuchar a todas las voces diversas del municipio para detectar las barreras, diseñar las acciones adaptadas, etc.
  4. El enfoque de protagonismo de la infancia y adolescencia es crucial: nuestro plan no va a estar diseñado únicamente desde el ayuntamiento sino que participarán activamente los niños y niñas. Lógicamente, debe ser una participación de calidad, con rendición de cuentas.

 

Planificar y hacer el diagnóstico

 

La gobernanza es otro elemento fundamental para diseñar un plan de infancia. Su elaboración no puede depender de una sola persona o área del ayuntamiento, sino que necesita un mecanismo de coordinación que reúna a los distintos departamentos implicados en la vida de los niños y niñas.

“No se diseña en el ayuntamiento por una sola persona”, explican Serrano y Bernal. “Es necesario que tengamos un mecanismo de coordinación en el que estéis representadas todas las áreas para que cuando empecemos a ver cómo está la situación de la infancia tengamos representación de todas las personas que trabajan en la vida de los niños y niñas”.

También hay que tener en cuenta lo que opinan los niños, niñas y adolescentes: “Muchas veces lo que los niños y niñas experimentan o detectan como problema puede ser diferente a lo que están detectando los adultos”, dice Serrano. Añade que una buena coordinación favorece la participación, la eficacia y la transparencia. Además, evita duplicar esfuerzos, permite aprovechar mejor los recursos y ayuda a definir responsabilidades y canales de trabajo compartidos.

 

Una buena coordinación favorece la participación, la eficacia y la transparencia, evita duplicar esfuerzos y permite aprovechar mejor los recursos

 

Por otro lado, el diagnóstico es una fotografía de la situación de niños, niñas y adolescentes en el municipio que permitirá identificar necesidades, desigualdades y oportunidades de mejora. Para elaborarlo, conviene plantearse cuatro preguntas: ¿quién se está quedando atrás?, ¿qué dicen los datos?, ¿qué expresa la infancia? y ¿por qué ocurre?

El análisis debe combinar evidencias cuantitativas y cualitativas con una participación amplia y diversa. Encuestas, entrevistas, talleres y otras herramientas permiten recoger las experiencias de niños y niñas de distintas edades, géneros y orígenes, así como detectar las barreras que dificultan el ejercicio de sus derechos.

Los indicadores son imprescindibles para convertir ese conocimiento en objetivos evaluables. Deben permitir establecer una línea de base, conocer el punto de partida y medir los avances. Para ello, han de ser específicos, medibles, alcanzables, relevantes y estar vinculados a un plazo temporal.

¿Cómo trasladamos ese marco teórico a lo que hacemos como entidad local? Con nuestra matriz de áreas de trabajo, que contiene los cinco objetivos marco de Ciudades Amigas de la Infancia.

 

Decidir y establecer prioridades

 

Una vez recogida la información, llega el momento de decidir qué problemas deben abordarse. Para ello, es importante contar con las distintas áreas municipales, las entidades sociales y la propia infancia.

  • El análisis de cuellos de botella permite identificar los obstáculos, limitaciones y desafíos que tienen los derechos de los niños y niñas en el municipio.
  • Analizamos la oferta (si existen los servicios básicos disponibles y accesibles) y la demanda: puede que exista el servicio (prestación, etc.) y que la gente lo use o no. Puede que no sepan que existe, que haya barreras tecnológicas, problema de accesibilidad, etc.
  • También hay herramientas complementarias para entender qué amenazas y oportunidades tenemos en el municipio, como el conocido análisis DAFO.

Estos ejercicios pueden hacerse en talleres participativos, con equipos técnicos, infancia, entidades, etc. para que sea una decisión participativa e incluya a todos y todas.

Con toda esta información, pasamos a priorizar nuestras acciones. No se trata de elegir lo que más nos gusta, sino decidir dónde podemos generar más impacto para alcanzar el bienestar de la infancia, teniendo en cuenta:

  • El impacto directo en los derechos de infancia.
  • La urgencia de la necesidad.
  • La cobertura e inclusión (a cuántos niños y niñas alcanzamos).
  • La sostenibilidad: si se puede mantener en el tiempo.
  • La participación activa de niños y niñas. ¿Ha sido propuesta o apoyada por la infancia y la comunidad?
  • La viabilidad: si se puede hacer con los recursos y capacidades actuales.

Finalmente, necesitamos un instrumento que haga que todo el mundo en el municipio sepa hacia dónde vamos. La teoría del cambio nos ayuda a trazar el camino a recorrer (interconexión entre agentes, procesos y programas). El objetivo: “que todos los actores involucrados sean conscientes de cuál es el camino y cómo lo queremos recorrer”, explican las expertas.

 

Concretar, financiar y evaluar el plan

 

El PLIA debe traducir esta hoja de ruta en resultados que queremos conseguir, cómo lo vamos a hacer, presupuesto, indicadores, líneas de base y metas.

El presupuesto es el primer paso: garantiza que las acciones del plan se puedan ejecutar. “Queremos que haya un compromiso del gobierno local con la infancia reflejado en el presupuesto”, señala Bernal. Debe por tanto detallar los costes de cada acción, las fuentes de financiación y el calendario previsto, teniendo en cuenta los recursos disponibles y las prioridades establecidas.

 

Una vez aprobado el plan, el trabajo continúa. La fase de seguimiento y evaluación permite saber si las acciones del PLIA están funcionando, corregir lo que no va bien, rendir cuentas con datos y evidencias. Ambas cosas son distintas:

  • Seguimiento es lo que se hace cada año para ver cómo se han comportado los indicadores, si las acciones se van cumpliendo.
  • La evaluación, por su parte, no se hace de manera continua sino cada pocos años, y supone una “parada” para hacer un análisis crítico de la nueva foto de la situación.

 

Finalmente, la aprobación del PLIA en el pleno municipal y la comunicación de sus objetivos y avances contribuyen a consolidar el compromiso institucional. La finalidad es que los derechos de la infancia sigan siendo una prioridad independientemente de los cambios de gobierno. “Buscamos que gobierne quien gobierne, los derechos de infancia sea una prioridad siempre”, concluyen las expertas.

 

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