
Callejugando Vecinal de Parla (Madrid)
- El proyecto Callejugando de Parla y otras iniciativas europeas muestran que, cuando se concede espacios para el juego infantil, se favorece la autonomía de niños y niñas y una mayor cohesión social
Para un niño o niña, jugar es mucho más que una actividad con la que rellenar su tiempo libre: es una necesidad, esencial para su desarrollo. Por eso, la Convención de los Derechos del Niño reconoce el juego como un derecho, y el 11 de junio se celebra el Día Mundial del Juego. Y esta conciencia no se queda en el papel: cada vez más ciudades están transformándose para facilitar que sus niños y niñas puedan jugar.
“El juego es una señal de que los niños y niñas se sienten seguros”, dice Benjamin Perks, Responsable de Incidencia en Desarrollo Infantil y Protección de la Infancia de UNICEF. “Cuando hay problemas en la casa, la familia, la comunidad, cambio climático, conflictos, por muchas razones se le puede negar este derecho. Pero somos la primera generación en la historia con el conocimiento y capacidad para asegurar que todos los niños y niñas disfruten de su derecho a jugar”.
“Somos la primera generación en la historia con el conocimiento y capacidad para asegurar que todos los niños y niñas disfruten de su derecho a jugar”, dice Benjamin Perks, de UNICEF
Perks ha participado en un webinar organizado por UNICEF y Lego para debatir estrategias y mejores prácticas para promover los derechos de juego de la infancia a nivel local. Explica que para garantizar el juego infantil, una ciudad necesita tres elementos:
- Acceso universal a programas de apoyo a la crianza basados en la evidencia, desde la infancia hasta la adolescencia temprana (que incluye la crianza lúdica). “Un niño o niña debe tener un fuerte vínculo con el cuidador para poder explorar el mundo, aprender mediante el juego, y jugar con otros. Muchos padres no tienen tiempo para jugar, pero eso puede compensarse con programas de parentalidad”.
- Acceso universal a la educación infantil temprana, con un enfoque de aprendizaje a través del juego.
- Espacios de juego seguros y saludables para la infancia. “Antes los niños y niñas jugaban en la calle y la comunidad, pero en las últimas décadas aspectos como la dominación del tráfico, el urbanismo o el cambio climático dificultan el juego. Debemos proteger estos espacios para la infancia”, dice Perks.
Niños y niñas como investigadores
Durante el webinar, varias Ciudades Amigas de la Infancia europeas han compartido sus proyectos en torno a este derecho de la infancia.
Uno de ellos fue el desarrollado en Nottingham, Reino Unido. La iniciativa, Nottingham Games, convirtió a los propios niños y niñas en investigadores de los juegos de su comunidad. Más de un centenar de escolares procedentes de veinte escuelas primarias participaron en el proyecto, que permitió identificar más de 120 juegos diferentes.
“Estamos orgullosos de la forma de trabajar con niños. Reconocimos que la combinación de imaginación, curiosidad y creatividad se manifiesta en los juegos a los que juegan”, dice Rick Hall, representante del ayuntamiento de Notthingam.
“Creo que soy mejor investigadora que un adulto. Yo entiendo los juegos a los que juegan, los he jugado antes”, dice Bethany
En el vídeo que elaboraron sobre el proyecto, Bethany, una de las niñas que han participado, explica el proceso: “Tienes que ir clase a clase y preguntar a los niños a qué juegos les gusta jugar, y ver cómo juegan. Creo que soy mejor investigadora que un adulto, porque los niños están más estresados cuando llega un adulto y dicen, tenemos que hacer todo bien. Si estoy yo, no ocurre. Yo entiendo los juegos a los que juegan, los he jugado antes”.
Una ciudad rediseñada para el juego
Ratisbona (Alemania) detalló su plan maestro integral que incorpora los derechos de juego en las políticas de planificación urbana. “Decidimos que si íbamos a ser una Ciudad Amiga de la Infancia los niños y niñas tenían que ser capaces de jugar allá donde fuera. Es decir, no solo tener patios, sino ser capaces de jugar en clase, cuando van al colegio, etc. La ciudad entera tenía que ser una ciudad jugable”, dice Anna Shcheldorn, del departamento de Trabajo Juvenil Municipal de Ratisbona.
Con este objetivo, el municipio elaboró un plan integral que incorpora los derechos de juego en las políticas urbanísticas y de movilidad. El proyecto incluye zonas peatonales, carriles bici, calles con tráfico calmado, conexiones seguras entre barrios, aceras accesibles y una red de transporte público que favorece la autonomía infantil.
Además, apuesta por la creación y mejora de zonas verdes, parques, patios escolares y espacios juveniles que fomenten la actividad física y el encuentro social. Una de las claves del proyecto ha sido la participación activa de niños, niñas y adolescentes durante todo el proceso a través del Parlamento Juvenil Municipal y de diversas consultas comunitarias.

Parlamento Juvenil Municipal de Ratisbona
“La participación juvenil siempre debe ser inclusiva”, subraya Shcheldorn. “Tenemos barrios con una importante población migrante, niños que utilizan silla de ruedas y jóvenes con diferentes necesidades. Nuestro trabajo consiste en eliminar barreras para que todos puedan participar”.
Para conseguirlo, el ayuntamiento trabaja estrechamente con escuelas, centros juveniles, trabajadores sociales y entidades comunitarias. “Nos reunimos con los niños allí donde están, especialmente con aquellos que tienen menos oportunidades”, añade.
Callejugando: recuperar las calles para la infancia y las familias
En España, el derecho al juego también está ganando protagonismo en las políticas públicas. Barcelona es uno de los ejemplos más destacados. La ciudad ha puesto en marcha un ambicioso plan para transformar los espacios públicos y avanzar hacia una “ciudad jugable” en 2030. Entre sus objetivos se encuentra reducir en un 15 % el número de niños y niñas que no juegan en la calle.
Sin embargo, las iniciativas inspiradoras no se limitan a las grandes ciudades. Municipios de menor tamaño también están desarrollando proyectos innovadores para recuperar el espacio público para la infancia.
Uno de los ejemplos más destacados es Callejugando Vecinal, una iniciativa impulsada por el Ayuntamiento de Parla (Madrid) a través de la Concejalía de Infancia, Adolescencia e Inclusión, y con la colaboración del Servicio de Dinamización Vecinal de Parla, perteneciente a la Concejalía de Participación del municipio.
Es un proyecto gratuito y colaborativo que busca devolver el juego a las calles mediante actividades organizadas junto a asociaciones vecinales, AMPAS, entidades sociales y familias del municipio. Además, colaboran asociaciones como Kapikua, que trabaja el ocio y tiempo libre con personas con discapacidad.
La iniciativa busca devolver el juego a las calles mediante actividades organizadas junto a asociaciones vecinales, AMPAS, entidades sociales y familias, creando un espacio intergeneracional
La propuesta se desarrolla en distintos barrios y cuenta con la implicación de múltiples recursos municipales. Según explican sus responsables, el trabajo conjunto con las entidades locales ha multiplicado la participación y el impacto de la iniciativa.
Está dirigida a niños y familias, pensada como un espacio intergeneracional. Ana Suárez, dinamizadora para la Participación de la Infancia y Adolescencia de Parla, explica que se recurre a muchos juegos populares: rayuela, diábolos, juegos de mesa, construcciones, chapas, tabas, una zona para dibujar con tiza, manualidades…
“Eso genera un espacio intergeneracional, ya que las personas más mayores son quienes tienen que enseñarles cómo se juega”, explica.

Ejemplos de juegos de Callejugando
Urbanismo, barrio y sentido de pertenencia
La experiencia ha puesto de manifiesto cómo el diseño urbano influye directamente en las oportunidades de juego. La última convocatoria, el pasado 2 de junio, se celebró en una plaza rodeada de edificios y protegida por árboles.
“Creo que se nota que es una plaza de un barrio más antiguo, estaba entre bloques, daba más la sombra, era más amable”, dice Suárez. “Cuando hemos hecho el Callejugando en Parla Este (zona más nueva, de grandes avenidas y un gran parque centralizado), necesitamos bastantes carpas. Es un parque inmenso, para llegar a él tienes que cruzar por una avenida grande, con semáforos, eso complica que los niños tengan autonomía para jugar. Se notaba que el diseño arquitectónico no está tan pensado para disfrutar la calle”.
“Proyectos como este refuerzan este sentimiento de pertenencia, fundamental para hacer comunidad”
Una de las cosas que potencia es el sentimiento de pertenencia, sobre todo en las zonas más nuevas, que han crecido en poco tiempo. “Proyectos como este refuerzan este sentimiento de pertenencia, fundamental para hacer comunidad. Espacios que invitan a salir a la calle vienen bien a peque y a las familias que llevan poco en parla, que no tienen tanto vínculo”.
Los beneficios también se perciben a nivel individual. Una familia participante relató cómo sus hijos, que tenían dificultades para relacionarse con otros niños, comenzaron a ganar autonomía y confianza gracias a estos espacios de juego compartido.
“Tengo la percepción de que después del boom tecnológico que hemos vivido, las generaciones que han vivido desde el inicio con la tecnología necesitan otras herramientas y volver a la calle”, opina la dinamizadora. “Que es algo que nos preocupa a nivel generacional: que las nuevas generaciones salgan a las calles y recuperarlas”.




