El segundo día después de empezar en el colegio nuevo mi madre nos dejó a mi hermano y a mi ir solos a clase. Teníamos que cruzar una calle en la que apenas pasaban coches y a nosotros, con 6 y 8 años, nos pareció absolutamente normal esa iniciación a la autonomía. Poco después, yo dejaría de ir con mi hermano -o mi hermano conmigo- para empezar esa otra etapa de ir recogiendo compañeros por el camino.

Un séquito de niños y niñas caminando, solos, de camino a la escuela.

Hoy, la realidad es bastante distinta. El 70% de los niños y niñas de primaria en España no van nunca solos a la escuela y, en muchos casos, llegan y se van en el coche de sus padres y madres.

El resultado: atascos a la salida del colegio.

Una de las consecuencias de este fenómeno es que los niños y las niñas desaprenden muchos conceptos de seguridad vial frente al caos de un tráfico improvisado (doble fila, ocupación del espacio de peatones, acceso al coche por el lado de la carretera…) y que de pronto las calles se convierten en espacios intransitables.

Frente a esta situación, algunos municipios han decidido tomar medidas. En febrero, el Ayuntamiento de Madrid ponía en marcha en dos colegios (el Monserrat y el Ciudad de Roma) la iniciativa Kiss and Go que forma parte de un programa europeo para fomentar hábitos de vida saludable y evitar las aglomeraciones de coches a la entrada y salida del colegio. Aunque por las distancias de la capital muchos niños no pueden ir solos a la escuela, el ayuntamiento y los centros participantes han diseñado tres apeaderos a una distancia razonable de los colegios para que desde esos puntos los padres se despidan de los niños sin necesidad de estacionar el vehículo. Una forma de reforzar la autonomía de los niños caminando en grupo hasta la puerta.

Por su parte, el Ayuntamiento de Gijón anunciaba a principios de año el reforzamiento del programa de caminos seguros a la escuela para promover que los niños y las niñas puedan circular solos, seguros. «Hacer una ciudad más segura para todos está muy relacionado con el urbanismo y la movilidad», explicaba el concejal de Seguridad Ciudadana y Movilidad, Esteban Aparicio, por ello, además pretende incorporar más aparcamientos en el Plan de Movilidad, así como lanzar programas de información para que padres y profesores se conciencen.

En Arberca, Lleida, todos los jueves lectivos está prohibida la entrada de coches en el entorno del colegio del CEIP Albirka, con el único objetivo de reducir el excesivo tráfico a la salida de la escuela. En Bera, Navarra, el Ayuntamiento y los centros educativos establecieron el miércoles como el día para reducir el tráfico a la entrada de los colegios como parte de la campaña ‘Autorik gabe, hagitzez hobe!’ (‘¡Sin coches, mucho mejor!’) con la que quieren fomentar el trayecto de los niños al colegio a pie o en bicicleta.

Frente al problema del tráfico a la salida de la escuela se necesitan medidas por parte de los Ayuntamiento y concienciación por parte de los padres. Lo que casi está del todo claro es que los niños siempre disfrutarán más de la aventura de ir libres a la escuela. O si no que se lo pregunten a Andrea, que con 9 años y más de 100 firmas consiguió que el Ayuntamiento de su localidad, Antequera, habilitase un aparcabicis para ella y para todos sus compañeros. 

Algunas medidas para mejorar la seguridad vial a la salida del cole

  • Caminos escolares seguros. Diversos ayuntamientos, y desde la propia Dirección General de Tráfico, promueven rutas para que los alumnos vayan andando al colegio de forma segura y sostenible.
  • Padres y madres unidos. Las iniciativas para promover alternativas al uso del vehículo, no tienen que llegar siempre de los ayuntamientos ni de los centros.  También pueden ser las madres y los padres los que se organicen para buscar soluciones. En Torreperogil (Jaén) el AMPA del colegio público Pero Xil organiza rutas vigiladas por padres y madres voluntarios, para que los niños puedan ir al colegio en bicicleta.
  • Patrullas de vigilancia.  En varios colegios de Tenerife abuelos y abuelas, padres y madres se ocupan de vigilar el tráfico a la entrada de las escuelas para que los niños no corran peligro. Otras veces, son los propios niños los que se van turnando en la vigilancia de los accesos, como en el colegio público Manuel Bartolomé Cossio de Madrid.

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