La participación, entendida desde un enfoque de derechos, es uno de los grandes pilares del programa Ciudades Amigas de la Infancia, que aboga por su implementación de manera continua y como un proceso de aprendizaje e intercambio. Un proceso en el que la escucha activa, la interacción y la apropiación por parte de los niños y niñas son fundamentales para que ejerzan una ciudadanía activa. Apuntes para la participación infantil y adolescente en el ámbito local

@UNICEF Comité Español/2017/Pato Castañeda

Desde su puesta en marcha en el año 2001, el programa Ciudades Amigas de la Infancia ha venido prestando su apoyo a los Gobiernos locales que han apostado por hacer realidad su compromiso con los derechos de infancia, en particular el de ser escuchados y tenidos en cuenta. A partir de la experiencia acumulada en casi dos décadas impulsando estructuras participativas a nivel local, el Área de Políticas Locales y Participación de UNICEF Comité Español ha recogido en una guía las claves para optimizar el funcionamiento de los Consejos.

Bajo el título “Apuntes para la participación infantil y adolescente en el ámbito local”, el documento —disponible también en gallego, euskera , catalán y, muy pronto, en valenciano— aborda los beneficios de la promoción de la participación infantil y adolescente, expone aspectos clave para la promoción de espacios de participación infantil y adolescente y realiza recomendaciones sobre su articulación.

Con la reciente incorporación al programa de 114 Gobiernos locales y la renovación de otros 80, hoy en día más del 41% de la población infantil y adolescente en España cuenta en su municipio, como mínimo, con un órgano estable de participación. Tanto para las 274 Ciudades Amigas de la Infancia, como para quienes aspiran a sumarse al programa en próximas convocatorias, se trata de un recurso de la máxima utilidad para seguir fomentando el derecho de los niños y niñas a ser tomados en consideración. Para muestra, un botón.

Beneficios

La participación contribuye a un adecuado desarrollo y autonomía personal de los niños y las niñas, potencia sus capacidades y favorece su identificación como ciudadanos de pleno de derechos.

Además, la participación se configura como una herramienta de autoprotección, en la medida en que los niños que forman parte de los consejos se acostumbran a manifestar sus opiniones y a que éstas sean tenidas en cuenta, siendo más propensos a la hora de denunciar malos tratos o abusos. Asimismo, los procesos de participación infantil también sirven para promover las habilidades de resiliencia necesarias para esquivar la victimización, la pasividad y el silencio.

Al mismo tiempo, la participación infantil puede convertirse en una herramienta clave para generar inclusión, construyendo de manera colectiva un proceso común bajo el paraguas de la equidad.

Todos estos beneficios, en última instancia, redundan en una mejora en el proceso de construcción de la democracia, puesto que los niños y niñas se reconocen como actores sociales y desarrollan un alto sentido de pertenencia, justicia y ciudadanía global.

Claves

La participación debe ser transparente y responsable, voluntaria, respetuosa y relevante. También, amigable con la infancia y adolescencia, inclusiva, protectora, segura y sensible a los riesgos. Para ello, es preciso contar con personal formado y sensible en el enfoque de derechos, además de implementar procesos de seguimiento, evaluación y rendición de cuentas.

El contacto directo es la mejor forma que tienen los adultos para acercarse a la infancia y adolescencia, poniendo el foco en los asuntos cotidianos y que les afectan directamente. Se requiere poner en práctica una escucha empática, activa, no sólo dando la palabra a los niños sino atendiendo sus opiniones con la firme voluntad de tenerlas en cuenta. Para que haya un verdadero diálogo, además, las preguntas dirigidas a niños y adolescentes deberán adaptarse a sus propios códigos, ser comprensibles.

También es fundamental que los protagonistas puedan apropiarse de sus propuestas a partir de aspectos concretos y reales y que en el proceso de participación se incluya un mecanismo de rendición de cuentas al planteamiento de sus propuestas.

En cuanto al rol del dinamizador, su labor consiste en facilitar el diálogo y fomentar la interacción e intercambio de opiniones entre los niños, niñas y adolescente, apuntando a la generación de espacios autogestionados por la infancia para que los protagonistas puedan apropiarse de las propuestas que planteen.

Otro aspecto fundamental a la hora de promover la participación es entenderla como un proceso continuo, de modo que las acciones que se lleven a cabo no sean puntuales, concebidas en el marco de la comunicación interpersonal e intergrupal.

Recomendaciones

Para garantizar una adecuada organización y funcionamiento de las estructuras de participación infantil y adolescente es necesario darles el mayor respaldo formal posible, lo que implica el reconocimiento explícito por parte de los responsables políticos, empezando por el alcalde o alcadesa.

Asimismo, una adecuada dotación presupuestaria resulta fundamental para asegurar el buen funcionamiento de un órgano de participación, que requiere contar con un equipo de dinamización, un espacio para las reuniones, diversos materiales, etc.

Planificar y evaluar las propuestas de forma rigurosa, aplicando una lógica educativa, es otro aspecto a tener en cuenta, incorporando un proceso de seguimiento y de evaluación continuo.

Los gobiernos locales también deberán fomentar la formación permanente y adecuada de quienes se hagan cargo de los proyectos de participación, además de garantizar la coordinación de las diferentes áreas municipales que puedan incidir en el éxito del proyecto. También se recomienda implicar al resto de la comunidad (familias, centros educativos, entidades sociales…).

Impulsar la participación paso a paso y adaptar las propuestas a la realidad cotidiana de los niños es fundamental para que perciban que sus propuestas son abarcables: los pequeños logros generan motivación, mientras que las metas inalcanzables fomentan desilusión.

En cuanto a la dinamización, se recomienda la utilización de métodos comprensibles y técnicas adecuadas, aprovechando siempre que sea posible las potencialidades del juego y de los espacios lúdicos.

Garantizar un mecanismo de rendición de cuentas y cumplir con los compromisos adquiridos son otros de los requisitos para el buen funcionamiento de las estructuras de participación.

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