Hace falta una estrategia nacional para la infancia migrante no acompañada

31/08/2021 | Migrantes no acompañados, Política Estatal, Previas, UNICEF

Infancia migrante Canarias

Fotografía: ©UNICEF España/2021/Erasmo Fenoy

 

  • Desde UNICEF proponemos un plan de contingencia que atienda e integre a los niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados, como los que han llegado a Canarias o Ceuta
  • 3.830 niños y niñas migrantes han llegado a Canarias, una de las rutas migratorias más peligrosas, desde 2019

 

Cada vez más niños y niñas se desplazan en el mundo, y muchos de ellos lo hacen solos. Por su posición geográfica, España es la puerta de entrada a Europa de miles de ellos. En último año y medio, la llegada de estos niños y niñas que llegan solos ha aumentado considerablemente, y desde junio de 2021 el foco se concentra en las Islas Canarias y Ceuta.

En estos dos lugares se ha realizado un gran esfuerzo para garantizar la acogida de esta infancia migrante; sin embargo, sin una política de contingencia a nivel estatal, el sistema se satura y muchos de estos niños y niñas quedan desprotegidos.

Es una de las conclusiones de nuestro nuevo informe, en el que analizamos la situación de los niños y niñas que han llegado a Canarias por vía marítima, en gran medida sin sus familias. En esta publicación, enmarcada dentro de las recomendaciones que el Comité de los derechos del Niño hizo a España, desde UNICEF España reclamamos medidas para garantizar la protección y respeto a los derechos de la infanca, y planteamos una reflexión: debemos estar preparados para las emergencias, como bien nos ha enseñado la pandemia.

 

Buscando una vida mejor

 

Moussa, senegalés de 17 años, viajó a España en patera para ayudar a su familia creyendo que encontraría trabajo fácilmente. Le gustaría ser educador social. “Espero trabajar y ganar dinero para ayudar no solamente a mi madre y mi familia, también a más personas hasta donde pueda”.

Fatama huyó de Marruecos debido a una situación de explotación. “Cuando llegamos a Canarias estaba muy emocionada. Vinimos para tener una vida mejor, y ayudar a mi familia a construir una casa y mantener a mis hermanos. Quiero ser jefa de cocina y traerme a mi familia”.

Desde 2019, unos 3.830 niños y niñas migrantes como Moussa y Fatama han llegado a Canarias, una de las rutas migratorias más peligrosas, la mayoría solos. Sus viajes han tenido motivos diferentes: la huida de violencia, la imposibilidad de encontrar un trabajo, no poder acceder a una educación, la falta de oportunidades y, en general, la búsqueda de una vida mejor. El informe incorpora las voces de estos niños y niñas, tanto migrantes no acompañados como acompañados por sus familias, y también jóvenes extutelados.

 

Un sistema de protección insuficiente

 

“En contextos de crisis humanitarias de estas características, el modelo actual de distribución de competencias para la protección de niños y niñas migrantes no acompañados es insuficiente, inadecuado e ineficaz”, dice Pablo Ceriani, experto internacional en migraciones y co-autor del informe de UNICEF España. “Sin un modelo de atención integral y basado en la corresponsabilidad de todas las administraciones públicas, muchos niños quedan desprotegidos”.

Entre las limitaciones de este sistema de protección de infancia están, según Ceriani, la saturación, la ausencia de un mecanismo de derivación de los niños y niñas no acompañados a otras comunidades autónomas (solo 132 niños fueron trasladados de Canarias a la península, poco más del 4%) o la demora de procesos como la determinación de edad.

Además, en los recursos de emergencia existen otros problemas: la estadía se prolonga muchos meses, en algunos casos en condiciones inadecuadas; hay un porcentaje de escolarización y formación bajo, así como malas condiciones de higiene, privacidad, y pocas actividades lúdicas o deportivas. El investigador denuncia también que el rol de supervisión de los centros por parte de la Fiscalía de Menores ha sido muy limitado, y advierte de la dificultad de muchos niños y niñas para solicitar el asilo en España debido a la saturación del sistema, trabas burocráticas o falta de información.

 

La incertidumbre de cumplir 18

 

Al alcanzar la mayoría de edad, muchos de estos chicos y chicas se ven obligados a independizarse forzosamente. Es el caso de Rulo. “En 20 días salgo del centro, cumplo 18 años”, cuenta. “Salgo con trabajo y un curso, gracias a Dios. En el centro me ayudaron mucho, como mi familia”. Rulo, que tendrá un trabajo como ayudante en cocina, representa un caso de éxito al haber conseguido todos sus papeles antes de emanciparse. Demuestra también la importancia de un programa de apoyo a la hora de que estos chicos y chicas logren la integración.

Sin embargo, su caso no es la norma. El momento en el que los jóvenes tutelados cumplen 18 años es la etapa conocida como “salto al vacío”: implica la emancipación obligatoria en un país, explica Cerian, en el que la tasa de emancipación de jóvenes de menos de 24 años es apenas un 4,9%. “Las oportunidades para acceder un piso o empleo son escasísimas. La mayoría no tienen permiso de residencia y por tanto de trabajo. No pueden acceder a Ingreso Mínimo Vital, que exige tener 23 años de edad”. Por todo ello, “muchos jóvenes quedan en situación de vulnerabilidad y algunos, en situación de calle”.

Sara Collantes, especialista en migraciones de UNICEF España y miembro del equipo de investigación, habla de su experiencia con los chicos y chicas en los centros de emergencia: “El deseo de estudiar y formarse ha sido el mensaje que más nos han transmitido”, recuerda. “Están desesperado por estudiar, hacer algo, no pueden soportar parase el día sin hacer nada. Esta frustración pone en riesgo su salud mental”.

Si bien el sistema español da una respuesta a los niños y niñas no acompañados desde el prisma adecuado (el de la protección de la infancia y no el del control migratorio), nuestro país hoy por hoy no está preparado para responder a las necesidades de estos niños y niñas ante una emergencia humanitaria migratoria, confirma Collantes.

 

El caso de Ceuta

 

Un ejemplo de la saturación del sistema de acogida ante las crisis migratorias tuvo lugar el pasado mes de mayo: todos los medios de comunicación se hicieron eco de la entrada de cerca de 8.000 personas a Ceuta desde Marruecos en apenas 48 horas, entre las que había 1.500 niños y niñas.

“La crisis de mayo fue una cosa inédita”, opina Carmen Molina, Directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de UNICEF España. “La ciudad no estaba preparada. Fue un desafío inasumible por el sistema de protección de Ceuta, que tiene una capacidad de atención a unos 200 niños. Ceuta es pequeña, tiene posibilidades muy limitadas para hacer labor de recepción en emergencia y acogimiento”.

Molina observa un descenso de la edad importante entre los niños y niñas que entraron. A día de hoy, 820 de ellos están en los distintos dispositivos de acogida que se han creado a raíz de esta crisis, según la fiscalía de menores de Ceuta. “Un desafío es saber cuántos niños están viviendo en la calle y no están en los distintos dispositivos”, añade.

“Los riesgos que tienen estos niños y niñas son inmensos”, denuncia Molina, “sobre todo en términos de su protección y su salud mental”.

En Ceuta, UNICEF está apoyando en la apertura de dispositivos provisionales, la recopilación de datos, el diálogo con comunidades autónomas para hacer las derivaciones, en los casos de asilo y protección internacional o en las evaluaciones del interés superior de estos niños y niñas: “De cada uno hay que saber cuál es su necesidad, su situación y dar una respuesta acorde a sus necesidades”, señala Molina.

 

La propuesta de UNICEF: una estrategia nacional

 

“Es necesario poner en marcha un plan de contingencias que evite que el sistema se sature y que permita por otra parte una atención individualizada a los niños y niñas, que es una exigencia fundamental de la protección”, afirma Gustavo Suárez Pertierra, presidente de UNICEF España. El informe de UNICEF incluye, de hecho, recomendaciones para impulsar políticas de Estado para la protección de los derechos de la infancia en contextos migratorios.

Entre las recomendaciones está la creación de una estrategia nacional para la protección e integración social de los niños y niñas migrantes no acompañados y jóvenes extutelados, que debe estar consensuada con todos los líderes políticos y en la que participen todos los actores implicados y las comunidades autónomas. Esta estrategia debe incluir varios aspectos: entre ellos, un sistema de información común integrado sobre infancia migrante no acompañada, contar con un Mecanismo Nacional de Derivación que garantice responsabilidades compartidas entre las distintas Comunidades Autónomas o promover el acogimiento familiar y facilitar la reagrupación familiar dentro y fuera de España.

También, debe dar respuestas adaptadas a necesidades específicas de los niños y niñas (como en los casos de trata, derecho al asilo, salud mental, situación de calle, adicciones, etc.), y diseñar un plan para la plena integración educativa y socio-laboral de los niños y niñas migrantes no acompañados y jóvenes extutelados, incluyendo la coordinación entre el sistema de protección de la infancia y el sistema educativo.

El informe incluye también una propuesta de Modelo de Gestión de Contingencias Humanitarias Migratorias para la infancia migrante no acompañada, que cuente con una Unidad de Respuesta Rápida a la Infancia en Emergencias y mejore la agilidad de los procedimientos.

“Sin una política de contingencia a nivel estatal, sin un mecanismo nacional de derivación y traslados, hoy por hoy ninguna de estas Comunidades Autónomas pueden dar una respuesta adecuada a las necesidades de protección de la infancia migrante, de acuerdo con los estándares internacionales vigentes”, dice Collantes.

 

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