Dimitry Ratushny / Unslash

Dimitry Ratushny / Unslash

 

¿Se imaginan acudir al médico de cabecera y recibir un diagnóstico y un tratamiento sin que se les pregunte qué les ha llevado a la consulta o cuáles son sus molestias? ¿Confiarían el cuidado de su salud sin ese vínculo entre doctor y paciente generado a partir de la entrevista médica? Algo parecido a esto es lo que pueden estar experimentando muchos niños y adolescentes que son objeto de intervención por parte de los servicios sociales básicos, a la luz de un reciente estudio del Equipo de Investigación sobre Infancia, Adolescencia, Derechos de la Infancia y su Calidad de Vida de la Universitat de Girona encargado por el Ayuntamiento de Barcelona.

Según nos cuenta Carme Montserrat, investigadora principal del informe que será publicado próximamente, “los resultados de la investigación indican que la participación de los niños y niñas en los servicios sociales básicos cuando tienen su caso es poca y a menudo se sigue hablando del niño sin el niño.”

Aunque los profesionales raramente tratan de manera directa con los niños, a menudo evalúan sus casos a partir de información recibida de otros servicios. Entre los niños y adolescentes, se apunta en el estudio, no se considera normal acudir a los servicios sociales en busca de ayuda, tampoco tienden a contárselo a sus amigos y rara vez los padres animan a sus hijos a utilizarlos. Aunque los profesionales se inclinan cada vez más a pensar que hay que incluir al niño o adolescente en la intervención que tenga que ver con temas que le afectan, los trabajadores sociales reconocen que tienen dificultades para explicar a los niños y niñas qué son los servicios sociales, cuyos centros están concebidos para los adultos.

“Es todo muy frío”

Los niños y niñas que participaron en las investigaciones resaltaban lo siguiente: “Los profesionales se centran mucho en el hogar, en la familia, y muchas veces la familia, que es donde está el problema, no puede ayudar al niño”, opinaba un chico adolescente. “Que ayuden también a los niños pequeños. A partir de los 4 años ya pueden hablar y pueden ayudarlos”, pedía una niña de 10 años entrevistada por los investigadores. “Es muy frío todo, porque si has vivido algo malo, aunque no sepas lo que es, sabes a lo que vas y es todo muy frío”, aseguraba una chica de 15 años.

La investigación, conducida entre 2013 y 2015, analiza y valora la eficacia de los diferentes tipos de prácticas profesionales dirigidas a los niños y niñas en riesgo y sus familias para identificar las intervenciones, así como estrategias y técnicas que están relacionadas con el cambio o la mejora de su situación de riesgo. Para llevarla a cabo, los investigadores analizaron la base de datos del Sistema de información de Acción Social del Ayuntamiento de Barcelona, encuestaron a más de 200 trabajadores sociales de la ciudad y realizaron entrevistas en profundidad a familias con niños atendidas en los barrios Raval Sud, Numància, Sant Gervasi, Vall d’Hebron y Besòs. Las demandas de intervenciones sociales más frecuentes sobre infancia, según recoge la investigación, son las económicas, las relativas a temas escolares, a problemas familiares y actividades de tiempo libre.

Recomendaciones

En relación a la participación de la infancia en el marco de los servicios sociales básicos, los investigadores proponen implementar una serie de mejoras:

  • Dar a conocer los Centros de Servicios Sociales (CSS) a toda la población y especialmente en las escuelas y en otros espacios donde los niños y adolescentes desarrollan sus actividades.
  • Adaptar los espacios de los CSS a los niños y adolescentes.
  • Potenciar el enfoque centrado en el niño, incorporándolo en la valoración del caso, y teniendo efectivamente en cuenta su opinión.
  • Potenciar el modelo centrado en el establecimiento del vínculo.

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