
Crédito: skynesher
- Los jóvenes siguen desconfiando del sistema democrático. Para revertir esta tendencia, los órganos de participación infantil funcionan como escuelas de democracia
Para los más jóvenes, la democracia es el mejor sistema posible pero desconfían de su funcionamiento: perciben que las instituciones no responden a sus principales problemas y que cuentan con pocos mecanismos para influir en las decisiones políticas.
Es una de las conclusiones del informe del Consejo de la Juventud de España (CJE) del pasado mes de julio, que muestra que la crisis de la vivienda, la falta de perspectivas de futuro y la desinformación están deteriorando la confianza de los chicos y chicas en el actual sistema.
La sensación de no poder cambiar las cosas puede debilitar la implicación política
La sensación de no poder cambiar las cosas puede debilitar la implicación política. Como señala la vicepresidenta del CJE, la democracia no se experimenta solo votando, sino también “cuando una persona puede emanciparse, acceder a un empleo digno, desarrollar un proyecto vital o confiar en que el esfuerzo tendrá una recompensa razonable”. Estos resultados se suman al alarmante dato de que el 17,3% de los jóvenes entre 18 y 24 años cree que en algunas circunstancias, un gobierno autoritario es preferible a un sistema democrático, según desveló una una encuesta del CIS de 2025.
- Relacionado: “Cuando los niños y niñas ejercen su derecho a opinar y a ser escuchados, aprenden comportamientos democráticos”
Revertir esta tendencia
La participación democrática y a ser ciudadano no se aprende de golpe al cumplir los 18 años. La Convención sobre los Derechos del Niño recuerda que la participación es un derecho de los niños y niñas y que estos son ciudadanos hoy: aunque no puedan votar, necesitan contar con otros espacios para participar en democracia. Y la situación también funciona al revés: un reciente informe muestra que la participación infantil permite una mejor formulación de políticas y democracias más fuertes.
Los espacios de participación infantil y adolescente cumplen esa importante función: ayudar a aprender y practicar la democracia desde pequeños, como cuentan los propios chicos y chicas que han formado parte de ellos: “Los consejos de participación te enseñan que la democracia no es quedarnos callados mientras los adultos deciden solo lo que a ellos les parece importante. Nos ayudan a aprender desde pequeños a decir lo que pensamos, a debatir y a exigir cambios cuando vemos que hacen falta”, dice Eva, de 15 años.
“En un consejo de participación no solo se aprende democracia estudiándola, sino practicándola: escuchando opiniones, debatiendo y asumiendo responsabilidades”, dice Sara, de 15 años.
Sara, también de 15 años, coincide: “Un consejo es un espacio donde no se aprende democracia solo estudiándola, sino practicándola; escuchando opiniones, debatiendo, votando y asumiendo responsabilidades entre todos en el grupo cuando hay que organizar alguna actividad o poner en común solución para una propuesta”. Para Iria, de 17, “desde muy pequeños podemos aprender que nuestra voz importa, pero que también debemos escuchar y respetar a los demás”.
Para fomentar este aprendizaje, ellos llevan a cabo “dinámicas y actividades que sean divertidas para que ellos puedan aprender y valorar la democracia dándole la importancia que tiene. Por ello a través del juego, las actividades grupales, las experiencias reales, en vídeo, va a hacer que los más pequeños aprendan a desarrollar y crearse una opinión crítica”, dice Daniel, de 17 años.
Participar no es solo votar
Estos cinco chicos y chicas forman parte de Paivoz, el grupo asesor de UNICEF España, órgano de participación infantil y adolescente de la entidad que se suma a numerosos espacios de participación locales, autonómicos o estatales repartidos por cada localidad de la red de Ciudades Amigas de la Infancia. En los 311 municipios de la iniciativa hay 409 consejos de participación infantil, de los que forman más de 13.000 chicos y chicas.
Según la última evaluación de impacto de la iniciativa, el 100% de los municipios de nuestra red cuentan con estos órganos de participación frente al 27% en localidades no reconocidas. Eso hace que las Ciudades Amigas de la Infancia pongan en marcha un 10% más de propuestas realizadas por niños, niñas y adolescentes cada año.
“Cuando los niños y niñas están aprendiendo a participar ya están construyendo sociedades más democráticas, porque están pensando en el colectivo”, dice Sílvia Casanovas
“Cuando los niños y niñas están aprendiendo a participar (que lo pueden hacer de mil formas posibles: en sus colegios, sus barrios, sus consejos locales de participación, asociaciones…) están ya construyendo sociedades más democráticas, porque están pensando ya en el colectivo, no solo en sí mismos”, dice Sílvia Casanovas, responsable políticas locales y participación de UNICEF España.
La experta señala que a veces desde la visión adulta creemos que niños, niñas y adolescentes están alejados de las cuestiones políticas porque no pueden votar. Sin embargo, “que los niños y niñas se sientan partícipes de lo que está pasando en sus localidades es fundamental. Necesitarían tener mayor comprensión y acercamiento de lo que está pasando a nivel político. Las decisiones que se tomen tienen un impacto directo en sus vidas”.
La proximidad refuerza la confianza en las instituciones
La última edición del Barómetro de Opinión de Infancia y Adolescencia de UNICEF España muestra que la desafección política de la juventud es una realidad: cuatro de cada diez adolescentes valoran la situación política y económica de España como mala o muy mala, y las instituciones en las que menos confían los chicos y chicas son los partidos y representantes políticos. Sin embargo, cuando entran a valorar la situación política y económica de la localidad donde viven, la nota es más positiva: el 31,1% la considera buena o muy buena, tres veces más de lo obtenido para la situación del país.
Además, el 18,4% de niños, niñas y adolescentes valoran la situación de su localidad como mala o muy mala, lo que contrasta con el 40,5% de quienes tienen esta percepción negativa respecto a la situación del país.
“En todas las ediciones del Barómetro, la confianza en instituciones como partidos políticos o políticos en general están en último lugar. [Los chicos y chicas] muestran una confianza generalmente mayor en sus municipios. Eso significa que los niños y niñas pueden ver cómo hay más cambios en sus localidades, el Ayuntamiento es la institución más cercana a la infancia”, dice Casanovas.
“La desconfianza surge muchas veces de la distancia”, coincide Sara. “Cuando desde pequeño entras en un ayuntamiento, te sientas con un concejal o un alcalde en un pleno, ves que tu propuesta de mejorar un parque o de crear un taller de salud mental se toma en serio, entiendes que las instituciones no son algo lejano sino un espacio en que hay lugar para los niños”. Para ella, participar desde la infancia crea pertenencia y confianza. “Si sientes que te han escuchado a los 12 años, a los 18 no verás la política como algo ajeno, sino como algo importante en la vida”.
“Participar desde pequeños puede ayudarnos a confiar más en la política y la democracia. Dejamos de ver a las instituciones como algo lejano y entendemos mejor cómo funcionan”, dice Iria, de 17 años
Iria está de acuerdo: “Creo que participar desde pequeños y sentirnos más cerca de las instituciones puede ayudarnos a confiar más en la política y la democracia. Dejamos de ver a las instituciones como algo lejano y entendemos mejor cómo funcionan. Eso hace que en el futuro tengamos más ganas de seguir participando”.
Daniel advierte de que esa confianza solo se consigue si existe una rendición de cuentas por parte de las autoridades, y Eva está de acuerdo: solo se consigue “si la participación es de verdad y si nuestras ideas se escuchan y se valoran sin juzgarnos. Si solo nos escuchan para cumplir o para aparentar, la confianza se rompe del todo”.





