
40 grados en Madrid. Jose Gonzalez Buenaposada
- Proyectos como CATALYSE aseguran que las medidas de adaptación están contribuyendo a reducir la mortalidad relacionada con el calor en Europa, como muestra la estrategia Heat Ready London
Europa se está calentando más rápido que cualquier otro continente. El calor es ya la principal causa de muertes relacionadas con el clima y se está convirtiendo en uno de los desafíos de salud pública más importantes de nuestro tiempo. Ante el aumento de las temperaturas globales y de fenómenos extremos como las olas de calor, urge acelerar las medidas de adaptación y prevenir sus impactos sobre la salud, especialmente entre las poblaciones más vulnerables.
Porque el calor no afecta por igual a todos: hay quienes están expuestos a mayores riesgos. Entre ellos, las personas de edad avanzada, las mujeres embarazadas, los niños y niñas pequeños y las personas con enfermedades crónicas, problemas de salud mental o que viven en entornos social y económicamente desfavorecidos.
El proyecto CATALYSE (Climate Action To Advance HeaLthY Societies in Europe), financiado por el programa europeo Horizonte Europa y coordinado por el instituto ISGlobal, parte de esta idea y destaca que proteger a las poblaciones vulnerables requiere políticas de adaptación basadas en la evidencia y una colaboración más estrecha entre los sectores de la salud pública, la planificación urbana y el clima.
Gráfico: Tendencia de calentamiento en Europa. Anomalías anuales de la temperatura superficial en relación con el período de referencia 1991-2020. Fuente: Informe climático de Copérnico 2024
Ciudades: escenarios clave
Los núcleos urbanos son uno de los principales escenarios donde se manifiesta esta nueva realidad climática. Buena parte de las ciudades fueron diseñadas para unas condiciones que están cambiando rápidamente. Las calles asfaltadas, el hormigón, la escasez de vegetación y la elevada densidad de edificios pueden hacer que las temperaturas sean todavía más altas durante los episodios de calor.
Pero el problema abarca otros escenarios. Muchos espacios donde niños, niñas y adolescentes pasan buena parte de su tiempo tampoco están preparados para soportar temperaturas extremas.
Muchos espacios donde niños, niñas y adolescentes pasan buena parte de su tiempo tampoco están preparados para soportar temperaturas extremas
Greenpeace lo puso de manifiesto en julio de 2026 mediante fotografías y vídeos realizados con cámaras termográficas en centros educativos públicos de Alicante, Barcelona, Madrid, Ourense y Sevilla. Las imágenes mostraron temperaturas muy por encima de las recomendadas. Se registraron superficies de los patios de Sevilla por encima de 60ºC, pupitres en Madrid donde se estudia a 35ºC, zonas de exterior en Alicante donde se practica deporte a 50ºC o aulas gallegas con mínimas de 27ºC.
Dos ejemplos de temperaturas elevadas en un patio en Barcelona y un colegio en Sevilla. © Greenpeace / Mar Sala
El calor no afecta únicamente al bienestar. Un estudio científico apunta a que la temperatura óptima para un buen rendimiento escolar se encuentra en torno a los 22ºC-24ºC en climas templados. A partir de los 24ºC hasta los 32ºC se reduce progresivamente el rendimiento.
Sin embargo, se siguen construyendo colegios para un clima que ya no existe. Algunos centros escolares cuentan con aislamiento térmico y fachadas que cumplen el código técnico de edificación, pero eso no siempre evita el sobrecalentamiento: en algunos se han superado los 35 ºC durante las horas de mayor exposición solar. En Cataluña, además, 1.220 de los 2.500 edificios del sistema educativo público son anteriores al año 2000 y no han sido reformados con criterios de adaptación climática.
Ante unas olas de calor cada vez más intensas y frecuentes, Greenpeace y otras organizaciones reclaman medidas urgentes de climatización en aulas y patios, y recuerdan que los espacios públicos deben ser refugios climáticos para evitar los peores efectos del cambio climático en la salud de niños y niñas, especialmente vulnerables a las altas temperaturas.
¿Cómo prevenir los efectos adversos del calor?
La adaptación puede reducir los impactos del calor sobre la salud de las personas. El proyecto CATALYSE asegura que las medidas de adaptación están contribuyendo a reducir la mortalidad relacionada con el calor en Europa. Una de las principales herramientas son los Planes de Acción Calor-Salud (HHAP), que integran las medidas de prevención y respuesta mediante la colaboración entre distintos sectores.
En 2008, la Oficina Regional de la OMS para Europa estableció una guía con ocho elementos fundamentales para estos planes:
- identificar un organismo responsable,
- establecer sistemas de alerta ante el calor,
- identificar y atender a los grupos vulnerables,
- preparar los sistemas de salud y atención social,
- incorporar la planificación urbana a largo plazo,
- reducir la exposición al calor en interiores,
- realizar vigilancia de la salud en tiempo real y
- establecer mecanismos de seguimiento y evaluación.
Las ciudades son un escenario fundamental. Cuanto mayor es el área urbana y más elevada la densidad de población, más intenso puede ser el denominado efecto de isla de calor. El hormigón y el asfalto, la escasez de vegetación, la expansión del entorno construido y el propio cambio climático contribuyen a intensificarlo.
Según detalla el proyecto CATALYSE, identificar los puntos calientes dentro de las ciudades permite orientar mejor las intervenciones y las respuestas de emergencia. Pero también es necesario actuar sobre el diseño urbano. Aumentar los espacios verdes y azules, recuperar superficies permeables y utilizar materiales de colores claros, con un albedo más alto, puede ayudar a reducir la absorción de radiación solar.
Frente a las olas de calor, las ciudades deben adaptarse pensando en la infancia
Cuando las temperaturas empiezan a superar habitualmente los 45 °C en algunas partes del sur de Asia, la pregunta es: ¿podemos evitar que el calor se convierta en una crisis? La experiencia de otras ciudades demuestra que existen herramientas para prepararse.
En el webinar Cities on the Frontline, organizado por la Resilient Cities Network, profesionales urbanos, expertos y aliados intercambiaron conocimientos y soluciones para afrontar los riesgos emergentes y fortalecer la resiliencia urbana. La urgencia es evidente: en mayo de 2026, Londres registró temperaturas récord durante dos días consecutivos e Inglaterra vivió su primavera más cálida registrada.
El calor extremo, sin embargo, no es únicamente una cuestión sanitaria. Como señala Rodney Martínez, representante de la Organización Meteorológica Mundial, está conectado también con las infraestructuras, el medioambiente, los sistemas de agua, la energía, la alimentación y la economía. Con un 80% de probabilidad de que El Niño se desarrolle en los próximos meses, lo que conlleva un mayor riesgo de olas de calor, sequías e inundaciones, la necesidad de prepararse nunca ha sido más urgente. Por eso, requiere una respuesta multinivel.
El ejemplo de Londres
“Cuando el calor empieza a hacerse sentir, ya es demasiado tarde”, explica en el webinar Kristen Guida, jefa de Estrategia, Prevención y Resiliencia Comunitaria de la Autoridad de la Greater London Autorithy. Guida comparte cómo Londres está poniendo en acción su estrategia Heat Ready London, considerada un referente en adaptación urbana frente al cambio climático: desde la protección de la salud pública y la infraestructura hasta el abordaje de las desigualdades. Su objetivo es proteger a la población, las infraestructuras y la economía ante el aumento de la frecuencia e intensidad de las olas de calor.
La estrategia Heat Ready London busca proteger a la población, las infraestructuras y la economía ante el aumento de las olas de calor, con un enfoque de equidad social
Uno de los puntos es la modificación de viviendas existentes para evitar el sobrecalentamiento mediante el uso de persianas exteriores, aislamiento reflectante y ventilación pasiva, priorizando la vivienda social. “Las personas que viven en pisos que alcanzan los 45 grados cuando hace sol afuera, ¿qué pueden hacer realmente en términos de medidas de adaptación? Intentamos fomentar en Londres un enfoque colectivo; trabajamos con organizaciones comunitarias que brindan mucha ayuda a las personas que no pueden adaptarse por sí mismas”.
También se han desarrollado sistemas de alerta y una red de cool spaces, espacios públicos que pueden funcionar como refugios climáticos y que incluyen bibliotecas, parques o museos. A estas medidas se suman soluciones basadas en la naturaleza, como el incremento del arbolado, y actuaciones de adaptación de viviendas e infraestructuras.
Un aspecto especialmente relevante es el enfoque de equidad social. No todas las personas tienen los mismos recursos para protegerse del calor, por lo que la adaptación debe tener en cuenta esas desigualdades. “Creo que la gente ya está convencida de que las intervenciones basadas en la equidad son una buena idea. El reto está en ayudar a comprender cómo se llevan a la práctica. ¿En qué consiste un enfoque centrado en las personas? Es lo que hemos intentado hacer en los últimos años a través de nuestros programas de resiliencia comunitaria”, explica Guida. “Existen desafíos relacionados con la financiación y los recursos económicos, pero muchas cosas podrían destrabarse con mayor voluntad política”.
La experiencia de Londres apunta en esa dirección: poner a las personas en el centro, involucrarlas desde las primeras etapas de la toma de decisiones y combinar marcos y protocolos con programas de resiliencia comunitaria ante el desafío que tenemos por delante.




