Con la experiencia acumulada en 25 años de trabajo con infancia y adolescencia en Reino Unido, Harry Shier (Belfast, 1954) construyó un modelo de participación infantil basado en cinco niveles de empoderamiento. Publicado en 2001, “Los caminos hacia la participación” sigue siendo uno de los trabajos sobre participación infantil más citados en el mundo académico. Traducida a numerosos idiomas, su propuesta teórica ha sido aplicada desde entonces en proyectos, programas y documentos políticos en buena parte del planeta.

Sin embargo, pocos días después de la publicación del artículo en una revista británica, el investigador de origen irlandés emprendía un nuevo camino profesional al otro lado del Atlántico, en Nicaragua, de la mano del Centro de Servicios Educativos en Salud y Medio Ambiente (CESESMA). Ese viaje marcaría un punto de inflexión en su proyecto de vida.

Aunque actualmente trabaja en Dublín como consultor para la ONG internacional Misean Cara, su corazón permanece en Nicaragua. Desde allí, donde este verano realiza una estancia de investigación durante sus vacaciones, nos atiende días antes de participar en el IV Congreso Internacional Ciudades Amigas de la Infancia.

“El 5 de mayo de 2001 llegué a Nicaragua y descubrí un mundo completamente diferente —afirma Shier desde San Ramón, municipio a 150 kilómetros al noreste de Managua—. Empecé a trabajar con niños, niñas y adolescentes que laboraban en las plantaciones de café, acompañándolos en la defensa y promoción de sus derechos, aprendiendo de ellos en todo momento. Y realmente aquello abrió mis ojos a un mundo diferente de la participación infantil.”

Participación protagónica

Trabajando con las comunidades locales, Shier descubrió un tipo de participación que “era algo más orgánica”, un fenómeno más amplio que surgía de forma más directa de la vida de los niños y niñas. “Aprendí lo que es el protagonismo infantil. Vi niños, niñas y adolescentes participando en tantas y tan diferentes modalidades en distintas esferas de la vida: en educación comunitaria, en defensa de los derechos, en lucha contra la violencia, en activismo político, en cabildos infantiles como voceros para sus padres…”.

Esta nueva forma de empoderamiento, en la que los niños toman conciencia de sí mismos como agentes de cambio en sus comunidades, llevó a Shier a revisar sus planteamientos iniciales. “Cuando vuelvo a leer ‘Caminos hacia la participación’, la idea de empoderamiento que hay allí ya no la acepto. Traté el empoderamiento como si fuera un juego de suma cero: ‘si los niños y niñas van a ser empoderados, yo como adulto les doy una parte de mi poder adulto’. Ahora ya no acepto esta idea, porque si yo les cedo poder a ellos, igualmente puedo recuperarlo, con lo cual ellos no están realmente empoderados. Empoderamiento, entonces, no es que yo le dé poder a otro. Se trata de un proceso en el que ellos mismos llegan a vivir su propio empoderamiento y en el que los adultos no estamos regalando poder sino facilitando procesos para que los niños y niñas puedan ir empoderándose.”

Transformaciones

La participación protagónica infantil, explica este experto, pone en marcha un proceso de cambio cuyos efectos irradian también a su entorno más cercano y producen cambios reales en sus comunidades. “Los niños no son una isla. Cuando empiezan a cambiar, sus padres y madres, los maestros o los líderes de la comunidad ven los cambios y ellos también tienen que repensar sus actitudes.”

Ese proceso tiene cuatro transformaciones. Tras el empoderamiento y el cambio en el entorno, la tercera transformación se produce en los profesionales de las organizaciones que facilitan los procesos de participación. “Es un aprendizaje mutuo: nosotros esperamos que estén aprendiendo cosas mientras facilitamos los procesos, pero también nosotros estamos aprendiendo mucho y cambiando en nuestro interior”.

En última instancia, el proceso cristaliza en cambios reales en la comunidad: “Los niños y niñas logran una incidencia política y su entorno cambia de formas concretas. Se convierten en agentes de cambio social en busca de una ciudad más amigable”, concluye el experto. Y pone ejemplos.

En una reciente visita a Lima, Perú, Shier fue testigo de “cómo los niños y niñas organizados tomaron espacios en la comunidad para reivindicar su derecho a jugar”. Un caso que expondrá con más detalle en el IV Congreso.

Otro ejemplo es el proyecto de investigación transformadora impulsado desde CESESMA. Gracias a esta metodología, los niños y niñas investigan los problemas que más les afectan en su comunidad y proponen soluciones. El caso de Yúcul resulta paradigmático: el esfuerzo de los niños y niñas de esta comunidad para solucionar el problema de consumo de alcohol, que generaba situaciones de violencia que les afectaban, sirvió para que se cerraran expendios de licor ilegales y se incrementara la presencia de la Policía. El caso llamó la atención de los grandes medios de la capital y fue conocido por todo el país.

Consumidores vs. Protagonistas

Esta visión protagónica de la participación infantil contrasta, a ojos de este experto , con la visión predominante en Europa, donde prevalece el enfoque del niño como usuario de servicios públicos. Para sistematizar y conocer más a fondo las diferencias a ambos lados del Atlántico, Shier realizó una investigación haciendo las mismas preguntas a facilitadores de la participación infantil en Reino Unido y en Nicaragua.

“La gran diferencia que vi es que en Europa una gran parte del trabajo de participación infantil parte de la visión del niño como consumidor, como usuario de servicios, y las personas que ofrecen estos servicios quieren escuchar sus ideas para mejorar el servicio que les están brindando.

Por otro lado, en Nicaragua, donde casi no hay servicios públicos y los pocos que hay el pueblo tiene que luchar para acceder a ellos y mantenerlos, no pueden esperar hasta que alguien haga una consulta, una encuesta, o alguien diga ‘vamos a hacer un grupo focal para conocer sus opiniones sobre tal tema’. No, allí dicen: ‘tenemos graves problemas, vamos a hacer algo, vamos a montar una campaña’. La participación infantil tiene la visión del niño o niña como protagonista.”

Si bien, sostiene Shier, no se trata de un enfoque 100% consumismo en Europa y 100% protagonismo en Nicaragua, es una tendencia que observó al realizar ese estudio.

La otra gran diferencia que llama su atención y le preocupa es la cultura de sobreprotección de la infancia y adolescencia que observó al regresar a Europa. “Detrás de esto hay también una cultura del miedo y una cultura de culpa y recompensa. Por eso los niños y niñas europeos no están aprendiendo a manejar, calcular y superar riesgos en la vida, están aprendiendo a demandar protección. En Nicaragua los niños y niñas sí saben que hay riesgos en el mundo y saben cómo cuidarse, pueden salir a jugar y volver a casa sanos y salvos porque conocen su propio ambiente”.

En Irlanda, su país natal, “las calles y parques de la comunidad ya no son un lugar de juego libre. Los niños y niñas solo salen a jugar acompañados o a través de actividades organizadas”.

En Nicaragua, comenta Shier, “con toda la pobreza, opresión y limitaciones que hay, todavía hay entornos donde los niños sí pueden salir a jugar. A lo mejor no tienen juguetes, pero juegan. Esta ironía me llama mucho la atención”.

Conectar las agendas

El IV Congreso Internacional Ciudades Amigas de la Infancia abordará el aterrizaje local de la Agenda 2030 y Hábitat III. En este sentido, Harry Shier considera necesario unificar el esfuerzo “para implementar las grandes agendas establecidas internacionalmente y al mismo tiempo trabajar con los niños y niñas desde las bases, desde su experiencia, desde sus prioridades”.

Para ello, apunta, “podemos utilizar las agendas preestablecidas como una fuerza política ético-moral para fortalecer la lucha por mejorar la ciudad. Hay que buscar una manera de interconectar estas agendas desde la perspectiva de los niños y niñas en sus barrios, en sus escuelas, en sus comunidades, ver qué quieren cambiar ellos y qué tenemos en las agendas internacionales y nacionales que podamos usar como herramientas que den más fuerza a este proceso”.

Conectar las agendas de los adultos con las de los niños, concluye Shier, reportaría beneficios mutuos: “Las personas adultas que quieren implementar estas agendas pueden avanzar más si escuchan a los niños y niñas. Y los niños y niñas que quieren implementar sus agendas pueden avanzar más si aprenden de las herramientas que les ofrecen las personas adultas.”

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