
Fuente: StockPlanets
- Los expertos y jóvenes del I Foro ‘Crecer con Bienestar’ creen que hay que transformar el sistema desde la prevención y la participación infantil.
- El diálogo continuará en nuestro Séptimo Congreso, donde la salud mental será uno de los ejes centrales y se apostará por las soluciones.
Cuatro de cada diez niños, niñas y adolescentes afirman haber tenido algún problema de salud mental en el último año. Uno de cada tres no se lo ha contado a nadie. Además, un 30% presenta sintomatología grave. Son cifras que esconden un sufrimiento profundo y que podrían reducirse si se actuara antes.
“Muchos de los malestares emocionales en la infancia no tienen que derivar en problemas de salud mental si se abordan a tiempo y si los contextos responden de manera adecuada”, señala Mª Ángeles Espinosa, presidenta de UNICEF España, que participó en el I Foro ‘Crecer con Bienestar’ celebrado el pasado 29 de abril en Toledo.
El encuentro pone sobre la mesa uno de los grandes retos de nuestro tiempo, según Espinosa, que subraya la importancia de la prevención, la información adecuada y el acceso real a recursos. Sin embargo, la atención sigue siendo limitada: en España hay aproximadamente seis psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes. Por ello, advierte de que la salud mental infantil “requiere propuestas estructuradas, ambiciosas y valientes ante una situación muy preocupante, que puede si no actuamos de manera rápida, empeorar en el corto y medio plazo”.
“Como un avión lleno de adolescentes que se cae”
Desde una perspectiva internacional, Javier Quesada, psicólogo especializado en salud mental infanto-juvenil de UNICEF Argentina, describe la realidad de América Latina como un escenario marcado por la desigualdad en el acceso a la salud. “El último año 400 chicos y chicas se ha suicidado. Es un avión lleno de adolescente que se cayó. No hay homenajes porque no los hemos visto antes del proceso suicida, no los hemos tenido en cuenta, no los hemos escuchado, no tenemos la posibilidad de reconstruir nada de sus vidas”, dice.
“Son chicos y chicas sin redes, que no encuentran andamios que le posibiliten construir un proyecto de vida”, advierte Javier Quesada
Quesada alerta de la dificultad de los jóvenes para pedir ayuda. “No van a los servicios de salud, puede que hablen con algún educador o entrenador. El 38% dice que alguna vez habló con la familia y no lo volvería a hacer. El 40% nos dice que jamás hablará con la familia del tema. Son chicos y chicas que se encuentran sin redes. Nos indican que no encuentran andamios que le posibiliten construir un proyecto de vida”.
En este contexto, destaca iniciativas como los centros de escucha adolescente impulsados por UNICEF en Argentina: espacios donde los propios jóvenes, formados en herramientas de primera escucha psicológica, se reúnen semanalmente y, con supervisión profesional, abordan entre ellos problemas de tristeza, ansiedad u otros síntomas. Para Quesada, “los chicos marcan otro mejor modelo de abordaje, no tan individual. Están en condiciones de darnos su opinión y que la tengamos en cuenta. Transformemos nuestros dispositivos y abordajes según lo que ellos nos dicen”.
“Estamos respondiendo con diagnósticos, psicofármacos y terapia, pero eso no resuelve lo que nos piden: un futuro que valga la pena”, dice Belén González
Una idea compartida por Belén González, comisionada de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, quien afirma que “las nuevas generaciones nos están interpelando. Están pidiendo que escuchemos que no tienen futuro, que no se pueden proyectar, que no se les está prometiendo una vida buena. Estamos respondiendo con diagnósticos, psicofármacos y terapia, pero eso no resuelve lo que nos piden: un futuro que valga la pena, una serie de acompañamientos, y no se lo estamos dando”.
González también advierte del impacto del entorno digital. “Los chicos y chicas formulan los sufrimientos en forma clínica, acelerada, no se paran a pensar”, explica. “Pasa mucho en TikTok, nos lo comentaban los jóvenes: cuando tengo un problema y lo paso mal, si veo un TikTok de 15 segundos que le pasa lo mismo que a mí, digo, ‘soy yo, literal’. Pero no me paro a pensar en mi historia, los determinantes que yo tengo, mis amigos, mi familia y cómo he llegado a esto”.
Escuchar a la infancia en la búsqueda de soluciones
La experiencia de los chicos y chicas no puede faltar en estos espacios. Sergio, de 17 años y del consejo de participación de Azuqueca de Henares (Guadalajara) y el grupo Paivoz, destaca hay una tendencia a la individualización y falta de empatía que no contribuye al bienestar de los jóvenes.
“Estamos en una sociedad muy polarizada e individualizada, nos creemos que nos van a juzgar jóvenes de nuestra propia generación: nuestros compañeros de clase, o de los primeros trabajos”, dice. “Somos capaces de reconocer nuestro problema, pero no los de los demás. Si sigue habiendo esta falta de empatía, mirar solo por el interés y productividad propia, y sigamos así como sociedad, no vamos a ser capaces de tratar un problema que es generalizado”.
Critica además la etiqueta de “generación de cristal”. Para él, su generación ha avanzado en la capacidad de expresar emociones y reconocer el malestar: “Me gusta darle la vuelta: no es fragilidad, es transparencia. Ser capaces de reconocer cómo estamos y cómo están los demás, y apoyarnos mutuamente como comunidad”, defiende.
“Estamos en una sociedad muy individualizada. Si sigue habiendo esta falta de empatía, no vamos a ser capaces de tratar un problema que es generalizado”, dice Sergio
Sonsoles, de 19 años y participante en Paivoz, ha enfocado su larga trayectoria en grupos de participación a este tema. “Desde muy pequeña he visto en mi casa lo que es un problema de salud mental: mi hermana tuvo anorexia cuando yo tenía 12 años”, comparte. “Me gustaría tener presente la voz de todos los chicos y chicas que están pasando por un problema pero por el motivo que sea no pueden contar lo que les pasa. Quiero dar voz a personas como mi hermana. No son solo números, detrás hay una persona. Hay que contar con ella, ver la situación y el contexto para encontrar soluciones”. Cree que ahora es un momento positivo: “Se está hablando más de estos temas. Ahora es el momento. Está dejando de ser tabú”.
“Se está hablando más de estos temas, está dejando de ser tabú”, resalta Sonsoles
Los dos coinciden en que es imprescindible que niños, niñas y adolescentes formen parte de los espacios donde se buscan soluciones a este grave problema. “Podemos aportar una nueva perspectiva”, opina Sonsoles. “Se toman decisiones sobre la juventud pero nunca se cuenta con la juventud. Tener a un par de chicos que de forma amena te cuenten su experiencia ayuda a abrir la mente, ver problemas que no se estaban teniendo en cuenta o incluso a tener soluciones originales que conecten más con los chicos y chicas”.
También creen que en los consejos de participación se ha contribuido a este avance: “Nos ayuda a crear un espacio seguro donde poder hablar, y esto nos ayuda a gestionar los problemas, ver que no estamos solos”, añade. Para Sergio, “lo que se está consiguiendo es que haya cada vez más personas participando, que se tome en cuenta la voz de los jóvenes. Es un gran acierto que cada vez haya más medios y plataformas, menos estigma en torno a la salud mental. Este auge que está teniendo la participación, la expresión, es importante que se esté dando. Tiene que seguir creciendo”.
El debate sobre salud mental iniciado en el encuentro de Toledo se retomará en el Séptimo Congreso de Ciudades Amigas de la Infancia, que celebraremos los días 12 y 13 de mayo, donde la salud mental será uno de los ejes centrales. Su objetivo es profundizar en cuatro grandes áreas: participación, migraciones, pobreza infantil y salud mental, todas ellas atravesadas por desigualdades estructurales que impactan en el bienestar emocional de la infancia y la adolescencia.
En la mesa específica de salud mental se abordará la equidad en el acceso a los servicios y las soluciones locales que ya están demostrando resultados. Además, participarán jóvenes de los consejos de Toledo y Gijón, junto a integrantes del grupo Paivoz, aportando una mirada directa y necesaria desde la experiencia.




