Once años aprendiendo desde Asturias en el Aula Municipal por los Derechos de Infancia

27/05/2016 | Ciudades Amigas de la Infancia, Participación Infantil, Política Local

La semana pasada tuvo lugar la décimo primera Aula Municipal por los Derechos de Infancia del Principado de Asturias, espacio de intercambio, trabajo y aprendizaje, a la que desde la Secretaría Técnica estatal del programa tuvimos el placer de acudir.

Onceava edición -once veces-, un número que se dice pronto pero que tiene tras de sí más de una década de trabajo de promoción de los derechos de infancia en esta comunidad autónoma. Una trayectoria que es evidente tanto en las políticas locales de infancia llevadas a cabo en cualquiera de los 17 municipios que actualmente cuentan con el sello de Ciudad Amiga de la Infancia, como en el compromiso personal y nivel de conocimiento de las técnicas y técnicos. Personas que día a día desarrollan en sus localidades acciones que trasladan esos planes a lo cotidiano, actividades que mejoran la calidad de vida de los niños y niñas asturianos.

Durante el día y medio que duró el Aula, nos encontramos con mesas de discusión, exposición de experiencias, tanto del Principado como de otras Comunidades Autónomas y los testimonios de niños y niñas.
Como es imposible resumir toda una experiencia en un post, os dejamos algunas pincelada sobre el modelo de trabajo asturiano en el programa CAI.

¿Cómo empezó todo?

Los orígenes en cada municipio fueron diversos, como diversas son sus realidades. En algunos casos todo empezó por una carta enviada desde Madrid por parte de UNICEF, que llegó a manos de uno de los Alcaldes, quién le dijo a la técnica de asuntos sociales que se enterase de que iba el tema. En otra localidad rural, la Alcaldesa asistió a un mercado en otro municipio donde la Asociación Los Glayus estaban haciendo una actividad de participación infantil, cuando surgió la reflexión: “podemos ser Ciudad Amiga de la Infancia, pero no somos ni ciudad”. Otros municipios pusieron su primer pie en CAI porque un concejal decidió hacer un plan local de infancia, en otros un técnico asistió a un curso de protección en infancia y le entró el gusanillo este de los derechos de los niños…

En todos los casos sin embargo hay un denominador común: todos y cada uno de los técnicos involucrados se han comprometido a nivel personal, han abordado este trabajo como algo vocacional.

La experiencia CAI, un cambio en la realidad del municipio

Los asistentes manifestaron unánimemente que formar parte del modelo CAI ha producido cambios en sus localidades. El primero y más destacado es que las familias, los interlocutores políticos, los educadores han dejado de ver la participación infantil como “un juego de niños” y se ha empezado a reconocer su efecto transformador.

Los efectos de la experiencia también son a nivel individual. En el Aula, compartieron el caso de un estudiante, más bien “problemático en sus comunidad, regular, tirando a mal estudiante” que un día se topó de bruces con experiencia de la participación infantil. “Si no fuera por esto, hoy no se en que malos pasos estaría”, apuntaron.

Otro de los cambios que quisieron resaltar fue el de la transformación en el enfoque de trabajo con la infancia: se ha pasado de trabajar PARA los niños a hacerlo CON ellos. Además, el paraguas de la Convención sobre los Derechos de los Niños, configura un marco desde el que la atención a los más vulnerables y la protección se hace con un enfoque de mayor atención a sus derechos.

Individuales y generales, todos coincidieron en resaltar los cambios. Una experiencia que ha permitido el contacto directo de alcaldes con una parte de la población de su municipio, ciudadanos, que al no poder votar no tiene otros canales para expresarse en democracia. Que ha logrado que niños y niñas accedan a un mayor conocimiento de sus derecho y a una mejora en sus capacidades de negociación, de oratoria, de autoestima e interlocución para con sus representantes políticos. Niños que finalmente se reconocen como ciudadanos, atreviéndose a exponer sus opiniones y puntos de vista, como son ellos, sin filtros y con franqueza, consiguiendo a veces más de sus alcaldes que sus padres u otros adultos.

Los retos de la participación infantil

Uno de los retos más compartidos por los asistentes fue el de lograr que las familias y el sector educativo adopten un enfoque de infancia tanto en la crianza como en el trabajo, que permitan espacios de participación en sus ámbitos, que conozcan, apliquen y promuevan la Convención sobre los Derechos de los Niños. Los niños y niñas que forman parte de los órganos de participación pueden encontrar frustrante que se les invite a levantar la mano y expresarse con su propia voz en un espacio promovido por el municipio y que en su casa o colegio no cuenten con oportunidades similares.

Otro reto es que las instancias políticas pierdan el miedo a dialogar con los niños. Abrir espacios de participación donde expresen sus opiniones con respecto a sus derechos y les hagan peticiones no significa que deba aceptarse todo lo que solicitan. Esto abre un dialogo, una negociación, donde los niños entienden, si se les informa adecuadamente, que existen limitaciones de recursos, competencias y prioridades en el ejercicio del gobierno municipal, “tú explicas lo que puedes y no puedes hacer” en palabras de una Alcaldesa asistente. Además estos niños y niñas son muy conscientes de su entorno y las circunstancias, y sus peticiones no suelen ser individualistas, tienen en cuenta a los más vulnerables, a quién necesita una rampa para su silla de ruedas y a los que están lejos, a los refugiados.

Pudimos escuchar también a jóvenes que formaban parte de consejos de participación, personas en las que germinó la semilla plantada a lo largo de todos estos años, y que ahora son líderes de asociaciones formales e informales, que promueven los derechos y la participación entre los que ahora son más jóvenes que ellos. Pequeños ciudadanos que han estado intercambiando y representando a sus municipios, su principado y su país en Francia, Bruselas o Bulgaria.
Podía percibirse en cada momento no sólo el rigor técnico de los ponentes y asistentes, sino la extensión y profundidad de una red, de una comunidad, de municipios y personas comprometidas con la infancia. Una gran familia CAI en Asturias, que espera poder crecer con importantes incorporaciones este año, como los de las ciudades de Oviedo y Gijón.

El trabajo continúa.

“Aquí hemos contado todo lo que ha salido bien, pero hay cientos, miles de veces en las que nos hemos equivocado, y lo seguiremos haciendo, pero este es un proceso de aprendizaje constante”, explicaron.

Desde el Programa CAI queremos agradecer al Observatorio de Asturias, a la Consejería de Servicios y Derechos Sociales del Principado de Asturias, al Ayuntamiento de Avilés y al IAAP Adolfo Posada, por su apoyo constante al trabajo de Unicef Comité Asturias y especialmente por haber hecho posible la realización de esta jornada.

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