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- Los niños y niñas que tienen más oportunidades para el juego aventurero al aire libre tienden a tener una mejor salud física y mental, según un nuevo informe
El juego es un derecho infantil reconocido en la Convención de los Derechos del Niño, y debe practicarse de forma libre y accesible. Sin embargo, en la actualidad los niños y niñas cuentan con pocos espacios para ejercitar este derecho, sobre todo en las ciudades. En comparación con las generaciones anteriores, su juego es en interiores, digitalizado y más restringido y organizado por los adultos.
Algunos datos lo demuestran. El 80,4% de los adultos jugaba habitualmente en la calle o el barrio cuando eran niños, frente a sólo el 27,4% de los niños y niñas de 2023, según el estudio británico Play England. En España, el 82% de los niños de 0 a 12 años juega al aire libre menos tiempo del recomendado. Los parques infantiles suelen tener muchas medidas de seguridad, incluyendo superficies de caucho mullido en lugar de arena (un material que algunas comunidades plantean prohibir por recientes informes que muestran su insalubridad). Mientras, el juego aventurero o de riesgo se va limitando.
El componente del riesgo
El juego de riesgo (risky play) es aquel que implica incertidumbre, exploración física y emocional y la posibilidad de pequeños errores o caídas sin consecuencias graves. El riesgo (que no es lo mismo que el peligro) permite a los niños y niñas experimentar desafíos reales para que descubran lo que son capaces de hacer por sí mismos, regular el miedo, desarrollar habilidades motrices y cultivar la autoestima.
Ahora, el mayor estudio internacional sobre el juego de riesgo señala sus múltiples beneficios para la infancia: los niños y niñas que tienen más oportunidades para el juego aventurero al aire libre tienden a tener una mejor salud física y mental, así como un mejor desarrollo social y cognitivo, revela “Juego de riesgo al aire libre y resultados relacionados con la salud en niños de 3 a 12 años: una revisión sistemática, informe elaborado por un equipo internacional de investigadores dirigido por la Universidad de Exeter y la Universidad de Columbia Británica.
Los seis tipos de juego de riesgo
Según Ellen Beate Hansen Sandseter, investigadora noruega, se puede identificar seis tipos de experiencias que forman parte del juego con riesgo. Son las mismas seis categorías identificadas por los investigadores de la Universidad de Exeter y la Universidad de British Columbia para su análisis:
- Juego con gran altura: trepar árboles, subirse a estructuras altas, caminar por troncos o muros bajos.
- Juego a gran velocidad: correr colina abajo, lanzarse en bicicleta, rodar por el césped.
- Uso de herramientas peligrosas: martillos, sierras, cuchillos de cocina, cuerdas, tijeras reales.
- Juego cerca de elementos peligrosos: fuego, agua, barro profundo, zonas con desniveles marcados.
- Juego brusco: luchas amistosas, saltar desde alturas, empujarse en juegos de confianza.
- Juego fuera de la vista del adulto: explorar un rincón del jardín solos, esconderse, desaparecer unos minutos.
La investigación confirma que cuando los ambientes están disponibles para los niños y niñas que apoyan el juego aventurero al aire libre, como el diseño creativo del patio de recreo y el espacio natural, su salud también es mejor en estos dominios. También, que la movilidad independiente (poder salir sin la supervisión de un adulto) es buena para los niveles de actividad física de los niños.
“Si negamos a los niños la oportunidad de participar en el tipo de juego que las generaciones anteriores dieron por sentado, eliminamos las ricas oportunidades de aprendizaje vinculadas a la salud y el desarrollo de los niños, afectando en última instancia algunos de los temas clave que vemos a nuestro alrededor hoy”, explica la profesora Helen Dodd, directora del Centro de Investigación de Juegos al Aire Libre de la Universidad de Exeter. “Por supuesto, todos queremos que nuestros hijos estén seguros, pero si nos enfocamos solo en ello y eliminamos la oportunidad de explorar los riesgos en su juego les estamos haciendo un flaco favor”.
“En la vida de los niños y niñas debe haber oportunidades para que jueguen beneficiándose de explorar los riesgos, liderar su propio juego y cometer errores”, dice la profesora Helen Dodd
“Es importante encontrar un equilibrio entre la seguridad garantizando que en la vida de los niños y niñas haya oportunidades para que jueguen de una manera que les permita beneficiarse de explorar los riesgos. Los niños y niñas necesitan oportunidades para liderar su propio juego y cometer errores”, añade Dodd. Desde su centro de investigación están trabajando para “abordar esas brechas, construir una mejor ciencia, implementar políticas y cambiar la comprensión de la sociedad del riesgo en el juego de los niños”.
El juego: un derecho que debemos proteger
Chicos y chicas reivindican espacio para el juego en sus municipios
La protección del derecho al juego en todas sus vertientes no depende solo de las familias. Los gobiernos locales tienen aquí una importante tarea. El Comité de los Derechos del Niño explica a los Estados miembro, con especial enfoque en los municipios, cuáles son sus tareas concretas para garantizar este derecho y cumplir con la Convención.
Una de las cosas que estipula su observación General 17 de 2013, dedicada al juego, son los factores que determinan un entorno óptimo para ejercer este derecho. Entre ellos, que el niño o niña cuente con espacio y oportunidades para jugar al aire libre y con un espacio accesible para jugar sin control ni gestión de los adultos, libre de contaminación, tráfico y otros peligros físicos. De ese modo estarán no solo practicando su derecho al juego sino, al mismo tiempo, desarrollando todo su potencial.





