En su libro “El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen”, publicado en 1960, Philippe Ariès explica que durante la Edad Media los niños de París ocupaban la iglesia el Día de los Santos Inocentes para elegir, entre todos, a uno de ellos como el “obispo” que presidiría una ceremonia a la que seguiría una procesión y un banquete.

Puede que sea este el antecedente más remoto de lo que hoy conocemos como Consejos de Participación de la Infancia, esos espacios o mecanismos esenciales para la colaboración activa entre niños, niñas y adultos en las políticas municipales de su entorno. De su ciudad, de su comunidad, de su realidad.

Pero, ¿cómo puede llegar un municipio a contar con un Consejos de Participación infantil? ¿Cómo llegan los y las adolescente, los niños y niñas de una localidad a disfrutar de su derecho a participar en la política municipal?

Resumimos aquí algunos pasos esenciales.

Los niños y las niñas eligen a sus propios representantes

En Conil de la Frontera, Cádiz, las elecciones de los representantes del Consejo tienen lugar en las sesiones de tutoría de un modo similar a la selección de delegados y delegadas. Cada clase propone a un alumno o alumna que cuenta con su propio equipo de campaña, un grupo de apoyo junto al que elaborará sus cartulinas, sus fotografías, sus pancartas… Cada centro educativo define con el técnico municipal de referencia cómo se llevaran a cabo las elecciones: si se colocarán urnas, si utilizarán papeleteas de colores etc… Los niños y niñas que salgan elegidos como representantes infantiles firman su compromiso y se presentarán formalmente en pleno municipal con la presencia del Alcalde, de su familia y de distintos miembros de la vida asociativa de la localidad.

Como en el caso de Conil, generalmente la elección de los niños y niñas que formarán parte activa del Consejo de Participación se realiza a través de los centros educativos, para lo cuál previamente se debe dar a conocer el órgano de participación infantil entre los niños y las niñas, entre los padres, profesores y entre el propio Ayuntamiento para que toda la población pueda entender la relevancia que se quiere dar al proyecto.

Composición de un grupo diverso de niños, niñas y adolescentes

Como reflejo de la realidad en la que se conforman, los Consejos tienen que tener una composición tan diversa como equilibrada. Además de estar integrados como núcleo esencial por niños, niñas y adolescentes -con sus propias realidades físicas y psicológicas-, también participar personas adultas. Y es precisamente esa diversidad, la que implica que sus reglamentos y grupos de trabajo se adapten a las distintas edades y necesidades.

La participación debe ser siempre inclusiva y para lograrlo, a la hora de recoger las opiniones de los niños, niñas y adolescentes se debe trata de incluir todas evitando la exclusión de aquellas que cuentan con menos respaldo. Según explica Carlos Becedónz, Coordinador del Observatorio de la Infancia y la Adolescencia del Principado de Asturias, al Alcalde o Alcaldesa “le deberían llegar las distintas opiniones que hayan podido manifestar los niños y adolescentes en relación con el asunto que les haya sido consultado transmitiendo así a la infancia el mensaje de que todas las ideas son respetables y van a ser tenidas en cuenta tanto si han sido mantenidas por muchas o por una persona sola”.

Organización en pleno o en comisiones

Aunque los protagonistas absolutos son los niños y niñas que lo conforman, la estructura orgánica de los Consejos cuenta también con miembros adultos de la vida política y asociativa del municipio. Así, en su estructura encontramos la figura de Presidencia, ejercida por el Alcalde o Alcaldesa de la localidad; la Secretaría, formada por personal técnico municipal y con las vocalías, que pueden ocupar concejales o concejalas en áreas de infancia, representantes de grupos políticos y organizaciones de infancia así como todos los niños y niñas democráticamente elegidos en representación del conjunto de la infancia de su municipio.

El Consejo puede decidir organizarse en Pleno, reuniéndose al menos dos veces al año, o en Comisiones, que son grupos de trabajo en torno a cuestiones de interés determinado como educación, urbanismo, medioambiente, infraestructuras…y que puede estar conformado exclusivamente por niños y niñas.

En Umbrete, Sevilla, los niños y niñas del Consejo de Participación Infantil se reúnen cada dos meses y debaten sobre las propuestas recogidas en los centros escolares y a los que asisten un representante infantil y suplente por cada clase. A lo largo de todo el año se celebran sesiones con el resto de miembros del consejo para escuchar, conocer y recoger ideas, sugerencias y propuestas.

Empleo de la metodología participativa adecuada

Aislada de un contexto y una metodología propicios, por muy efectiva y bien intencionada que sea, la participación infantil no es suficiente para transformar a las ciudades en lugares favorables para su desarrollo.

Para lograr una metodología participativa adecuada, será necesario que las personas adultas ejerzan un papel de mediadores y no de árbitros, de acompañantes y facilitadores y no de monitores de las actividades y acciones que se realicen. Para que los objetivos se cumplan, es fundamental no generar espacios ni procesos “de adultos” sino que sean los niños y las niñas los que generen o “hagan suyos” los espacios.

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