Aunque es un personaje inventado, Kiko podría representar a cualquier niño o cualquier niña. Kiko es un personaje que llega para combatir la violencia sexual contra los niños con una regla importantísima basada en tres ideas fundamentales: su cuerpo le pertenece, existen secretos buenos y malos y formas de tocar buenas y malas.

La Regla de Kiko es una serie de materiales -que incluyen una guía, un cuento, un vídeo y distintos carteles- elaborados por el Consejo de Europa para ayudar a los padres, madres y educadores a explicar a los niños y niñas dónde otras personas no pueden tratar de tocarles, cómo reaccionar y a quién dirigirse para pedir ayuda.

Se calcula que 1 de cada 5 niños es víctima de violencia sexual, incluido el abuso sexual. La mayoría de las veces, la violencia es ejercida por una persona cercana al niño o la niña.

Pero, ¿cómo ayudar a los niños a protegerse frente a la violencia sexual?

En el libro, existen dos personajes principales: Kiko y una mano. A lo largo de la historia se suceden distintas situaciones en las que Kiko va mostrando los límites en su relación con la mano.

Recogemos los cinco consejos fundamentales que ofrece La Regla de Kiko para iniciar la conversación con los niños.

1. El cuerpo del niño solo a él le pertenece.

Los niños tienen derecho a no querer que les den un beso o les toquen, incluso cuando
se trata de una persona a la que quieren. Se debe enseñar a los niños a decir “No”, de
forma inmediata y firme, a un contacto físico inapropiado, a alejarse de situaciones no
seguras y a contar sus vivencias a un adulto de confianza.

Debemos enseñar a los niños que su cuerpo les pertenece y que nadie puede tocarles sin
su permiso. La comunicación abierta y directa a una edad temprana sobre la sexualidad
y las “partes privadas del cuerpo”, utilizando los nombres correctos para los genitales y
otras partes del cuerpo, ayudarán a los niños a comprender aquello que no está permitido.

2. No todas las formas de tocar a un niño son iguales.

El libro muestra a los niños un límite evidente y fácil de recordar para decir no cuando alguien les toca: su ropa interior. Un límite que debemos hacerles entender porque muchas veces, no saben reconocer las formas apropiadas e inapropiadas de tocar. Debemos alentarles a decir“No” si una situación les hace sentirse incómodos.

En el libro, Kiko se niega a que la mano le toque dentro de la ropa interior. Algo que también ayuda a los adultos a iniciar una conversación con los niños. Si los niños no están seguros de si el comportamiento de una persona es aceptable, debemos asegurarnos de que sepan que pueden pedir ayuda a un adulto de confianza.

tocar

 

 

3. Aprender a entender la intencionalidad de los secretos.

Existe una clara diferencia entre un secreto bueno (una fiesta sorpresa) y un secreto malo (algo que le haga sentirse triste al niño o que le ponga nervioso).

Los secretos son una táctica primordial de las personas que cometen abusos sexuales. Por este motivo es importante enseñar a los niños la diferencia ente los secretos buenos y malos, y crear un clima de confianza. Cada secreto que les preocupe, les haga sentir incómodos, les asuste o les ponga tristes no es bueno y no debería mantenerse; deberían contarlo a un adulto de confianza (padre, maestro, orientador, policía, médico, etc.).

 

 

 

4. La prevención y la protección son responsabilidades que incumben al adulto.

La mano del libro es el amigo de Kiko. Los adultos están ahí para ayudar a los niños
en su vida cotidiana. La prevención de la violencia sexual es la primera y principal
responsabilidad del adulto, y es importante evitar que los niños
deban asumir toda la carga.

Se debe informar a los niños de los adultos que pueden formar parte de su red de seguridad. Se les debe alentar a elegir a los adultos en los que pueden confiar, que estén disponibles y dispuestos a escucharles y ayudarles. Adultos que no tienen por qué ser de la familia, sino que también pueden ser profesionales (maestros, trabajadores sociales, Defensores del Pueblo y de la Infancia, médicos, el psicólogo de la escuela, la policía, el orientador escolar, etc.) a los que se puede acceder a través de número gratuitos.

5. El daño puede venir de alguien de confianza.

Aunque en muchos casos la violencia sexual contra la infancia procede de personas extrañas, la mayoría de las veces, los autores son personas conocidas. Alguien en quien el niño confía y que hace más difícil que ellos puedan identificar su comportamiento como algo “malo”.

Debemos acostumbrar a los niños a que informen con regularidad a sus padres, madres, cuidadores y educadores de la existencia en su entorno de alguien que les ofrece regalos sin motivo aparente, les pide que mantengan secretos o trata de pasar tiempo a solas con ellos. Informar a los adultos de todo ello debe ser una norma establecida tanto en casa como en la escuela o cualquier otro lugar donde los niños suelan estar.

 

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