Las estadísticas sobre refugiados y migrantes están llenas de nombres que desconocemos. Nombres con historias distintas, pero con un nexo en común: son historias en movimiento que huyen de la violencia, la persecución o la miseria. Historias como las nuestras. El mundo se enfrenta a la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial, momento en el que Europa también fue refugiada. No es tiempo de caer en la indiferencia ante el sufrimiento de millones de personas en todo el mundo. No es tiempo de mirar hacia otro lado.

© UNICEF/UN011211/Georgiev

Cada minuto 20 personas se ven obligadas a huir de sus hogares a causa de la violencia, la guerra, la persecución o la violación sistemática de los derechos humanos. Este dato se traduce en 65,6 millones de personas desplazadas de manera forzosa durante 2016, de los cuales el 51% son menores de 18 años. Nos encontramos ante la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial, y el mar Mediterráneo está siendo uno de los escenarios principales. En sus aguas, más de 5.000 personas encontraron la muerte en el último año. Nuestro Mediterráneo se ha convertido en la mayor fosa común del mundo, donde naufragan los sueños, miedos y esperanzas de miles de personas que no hallaron el futuro mejor que anhelaban.

Desde que en septiembre de 2015 el mundo conociera la crueldad de la guerra siria a través de la imagen del cuerpo sin vida del pequeño Aylan Kurdi posado en una playa turca, las medidas puestas en marcha por la Unión Europea (UE) para tratar de contener la crisis de refugiados y migrantes que llegan a nuestras fronteras se han convertido en papel mojado. Una afirmación que respaldan los últimos datos presentados por la Comisión Europea el pasado junio, cuando denunciaba que los Estados miembros solamente habían reubicado desde Grecia e Italia a 20.869 de las 160.000 personas comprometidas en 2015. En el caso de España, nuestro país ni siquiera alcanza el 6,58% de su cuota establecida (17.337 personas), es decir, solo ha acogido a 1.304 ciudadanos. El plazo para cumplir con el acuerdo termina el 26 de septiembre.

Si la cifra acordada por la UE parece elevada, solo cabe comparar. Algunos de los países del mundo que acogen a un mayor número de refugiados y desplazados violan flagrantemente los derechos humanos, cuentan con altos índices de desigualdad y pobreza o están azotados por el terrorismo y la violencia endémica. Así, según señala el ACNUR, encontramos territorios como Turquía (2,9 millones), Pakistán (1,4 millones), Líbano (1 millón), Irán (979.400), Uganda (940.800), Etiopía (791.600), Jordania (685.200), Alemania (669.500) y República Democrática del Congo (452.000). En esta lista, el único país europeo que figura es Alemania, que aunque ha acogido a más de un millón de refugiados desde 2015, el porcentaje sigue siendo inferior respecto con lo que acogen países mucho más pobres fuera del continente.

© UNICEF/UN011211/Georgiev

Mientras hombres, mujeres y niños realizan peligrosas travesías en precarias embarcaciones, se exponen al abuso y la violación, se enfrentan a las mafias o son violentados por las fuerzas de seguridad de turno, la comunidad internacional se muestra impasible ante la puesta en marcha de los mecanismos existentes en materia de derecho internacional y humanitario. Y es que, aunque la Unión Europea firme acuerdos con países como Turquía o Libia para que amortigüen este incesante flujo de personas, alejar el drama de los refugiados de las fronteras europeas no hará que se silencie el eco de nuestra conciencia por todas las vidas truncadas.

Es hora de que los países empiecen a tomar medidas eficaces a corto plazo, y que estas no caigan en el olvido o la desidia de los Estados. Es hora de que los gobiernos empiecen a estar a la altura de sus ciudadanos y dejen de avergonzarnos. Es hora de cambiar las páginas de los libros de historia para no ser recordados como la generación que no hizo nada por frenar una de las mayores crisis humanitarias a las que se ha enfrentado el mundo. Y es que en este mar de cifras, aunque resulte manido, detrás de cada una de ellas hay una historia. Una historia como la nuestra, como la de Mohammad, Ola, Issa y Murad, que siguen esperando en Suiza una respuesta a su situación después de huir de los horrores de la guerra siria.

Por: Sinay Sánchez, periodista y estudiante de Relaciones Internacionales y Estudios Africanos, y Marah Rayan, comunicadora audiovisual y documentalista

Sinay (23) y Marah (22) participan en la iniciativa “Write 2 Unite” de UNICEF, cuyo objetivo es fomentar un diálogo intercultural digital entre jóvenes refugiados, migrantes y locales. “Write 2 Unite” forma parte de la campaña Desarraigados de UNICEF —que busca resaltar que un niño es un niño, pase lo que pase— y está siendo implementado en España, Holanda y Eslovenia.

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