880 Cities / Building Betrer Cities

El bienestar de la infancia es uno de los mejores indicadores para medir la prosperidad social de las ciudades. Cuando una localidad es amigable para los niños también lo es para el resto de la ciudadanía. Sin embargo, no es fácil encontrar ejemplos de ciudades donde los habitantes más jóvenes participen activamente en la planificación urbana.

“Las voces de los niños pequeños, de sus padres y cuidadores y de las mujeres embarazadas han estado generalmente subrepresentadas en los procesos tradicionales de construcción de la ciudad y en las estrategias generales de participación ciudadana”, afirma el estudio Construyendo mejores ciudades con niños pequeños y sus familias, un trabajo impulsado por la organización 8 80 Ciudades y la Fundación Bernard van Leer para implicar a los ciudadanos más jóvenes en la planificación urbana. Además, se añade, cuando los gobiernos municipales han realizado esfuerzos conscientes para buscar activamente la participación infantil, gran parte de las metodologías existentes no tienen en cuenta a los más pequeños, ya que tienden a centrarse casi exclusivamente en los mayores de cinco años.

Para la elaboración del informe, la entidad recopiló 21 estudios de caso en 16 países diferentes durante los últimos 50 años con el fin de dar a conocer estrategias y principios para involucrar a familias con niños pequeños. Su principal descubrimiento no fue muy alentador: “Lamentablemente, el bienestar de los niños no ha sido la piedra angular de ninguna política de planificación urbana significativa y las ciudades no están haciendo lo suficiente para involucrar a los niños en la construcción de la ciudad”.

Según esta investigación, incluso las ciudades con los enfoques más sofisticados para promover la participación de la comunidad se han quedado cortas. “No pudimos encontrar una sola ciudad en el mundo que aplicara un enfoque holístico e integrado para involucrar a los niños, a sus cuidadores y a las mujeres embarazadas en el proceso de construcción de la ciudad”, afirman.

De hecho, algunos de los proyectos más emocionantes que han estudiado no se llevan a cabo en la escala de toda la ciudad, sino en ámbitos más localizados. En todo caso, y aquí llega la parte positiva, la tendencia está cambiando, según los autores del informe. A partir de una investigación exhaustiva que ha incluido trabajo de campo y entrevistas con investigadores, profesionales, creadores de políticas y líderes de opinión, los investigadores han compilado el aprendizaje más avanzado sobre tácticas, estrategias y principios para involucrar a la infancia en la planificación de las ciudades. En países como Estados Unidos, Canadá, Brasil, Etiopía, Noruega, Dinamarca, Israel o India han encontrado proyectos innovadores cuyos enfoques se podrían adaptar a cualquier contexto para mejorar la forma en que las ciudades satisfacen las necesidades de los más pequeños.

A partir de esos casos de estudio, concluye el informe, se observa una evolución en las formas de incentivar la participación comunitaria, la gobernanza de la ciudad y la prestación de servicios. En la actualidad, la mayoría de las administraciones municipales de todo el mundo alcanza algún tipo de compromiso con la ciudadanía para involucrar a las comunidades en el desarrollo de nuevos planes, servicios y proyectos. Sin embargo, el alcance de estos procesos varía ampliamente entre las ciudades. En el peor de los casos, aseguran los investigadores, el personal municipal considera que la participación ciudadana en los asuntos urbanos es simplemente un trámite burocrático más, al que dedican escasos recursos. En el mejor de los casos, se trata de una inmersión profunda en la creación colectiva del futuro de las ciudades con y para las personas que viven en ellas.

Recomendaciones

A partir de los 21 casos analizados, el documento de 8 80 Cities propone una serie de recomendaciones para incentivar la participación e implicar a la ciudadanía en la planificación de las ciudades. Entre otras, se menciona la importancia de asociarse con organizaciones comunitarias, dirigirse a los hogares y acceder a las familias en sus actividades rutinarias, generar oportunidades para el aprendizaje y el compromiso en el entorno construido, reforzar el entendimiento y la perspectiva de los niños sobre su entorno, fomentar los enfoque narrativos y los juegos de roles, reunir información a través del juego estructurado y no estructurado, analizar el comportamiento de los niños a través de la observación participante, diseñar conjuntamente los recursos y comprender las necesidades específicas de padres y cuidadores.

Para poner en marcha algunas de las iniciativas analizadas, los investigadores recomiendan a las ciudades adoptar un enfoque integral y multisectorial, dedicar una fuente constante de financiación; recopilar datos e invertir en el personal de proximidad, fomentar mecanismos de participación gratuita y accesibles; involucrar a toda la comunidad.

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