México es un país de enormes proporciones y agudos contrastes. En su territorio, cuatro veces el de España, cabrían 23 de los 28 (o 27) países que integran la Unión Europea. En ese inmenso espacio conviven aproximadamente 40 millones de niños, niñas y adolescentes, quienes a pesar de representar más del 30% de la población apenas son perceptibles en las estadísticas. Esa invisibilidad de la infancia y adolescencia ha conducido a autoridades y ciudadanía en general a una percepción errónea: que la situación de los niños es mejor que la de los adultos.

Para impulsar un cambio de paradigma y promover una visión transversal de la infancia y adolescencia en las políticas públicas de los tres órdenes de gobierno nació hace dos años el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA). Lo hacía al amparo de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, sentando a la misma mesa a autoridades de todos los niveles y ámbitos de gobierno, sociedad civil, sector privado y académico, junto a representantes de la infancia y adolescencia.

Puestos los cimientos, faltaba construir una verdadera política nacional de derechos de infancia y adolescencia. En ese empeño se encuentran Ricardo Bucio y Ana María Sánchez, secretario ejecutivo y directora adjunta respectivamente de SIPINNA. Para ello cuentan con una herramienta muy vinculada a los ODS, la agenda 25 al 25, que fija 25 objetivos nacionales para alcanzar en el año 2025 a fin de garantizar los derechos de más de un tercio de la población mexicana y mejorar con ello sus condiciones y oportunidades.

¿Cómo surge la agenda 25 al 25?

Ricardo Bucio

En primer lugar, 25 al 25 surge para poder tener un proyecto país sobre infancia y adolescencia, que es lo que México quiere para sus niños, niñas y adolescentes. Los derechos que están ahora reconocidos en la Ley General, por ser muchos, por ser muy amplios y por integrar muchos sectores y ámbitos de gobierno, requerían una visión unificada, un horizonte común. Y también requerían una manera de articularlos de tal forma que no continuáramos con una situación que viene de hace muchos años, y que pervive todavía, que es el hecho de tener miles de acciones desarticuladas, no vinculadas con una perspectiva clara de los niños como sujetos de derecho.

El segundo motivo tiene que ver con la forma de organización del Estado federal mexicano y de su Administración pública. No sólo tenemos múltiples acciones y programas de política pública, sino que también tenemos múltiples gobiernos: entre municipios y entidades federativas tenemos casi 2.490 gobiernos distintos. Más o menos cada año andamos cambiando 800 de ellos, a veces más, (por ejemplo, el próximo año vamos a cambiar cerca de 1.400). La falta de un servicio profesional de carrera, además, hace que cambie el ejecutivo, el equipo, los programas. Eso hace que sea casi imposible tener una política nacional con la cantidad de programas que nacen y mueren todo el tiempo.

En tercer lugar, 25 al 25 se crea para tener un vínculo con un proceso más amplio, que son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Para su viabilidad, el proyecto de infancia y adolescencia necesita estar ligado a otras políticas o propuestas de alcance nacional. La única manera de hacerlo era ligarlo a lo único nacional que tiene el país, que son los ODS.

¿En qué situación se encontraba la infancia en México cuando decidieron crear este programa?

Se daban tres situaciones. A finales de 2014, que es cuando se aprueba la Ley General, existen malos indicadores —y con malas tendencias— sobre la situación de la infancia en términos de desarrollo, de derechos, de coberturas, etc. Además, también hay un marco legal que necesita muchos cambios porque la Ley General requiere que se armonicen muchas otras a nivel federal y de las entidades federativas. Y esto tiene que ver con la invisibilidad de la situación de la infancia y la adolescencia. Esta invisibilidad lleva a asumir una percepción equívoca de que niños y niñas están en mejores condiciones que los adultos y por tanto no tienen que ser un tema de preocupación.

Por tanto, los indicadores y las tendencias son malas, la percepción es equívoca y alimenta tanto la inacción como la invisibilidad. Y todo ello uncido por una cultura muy adultocentrista que contrasta con otros ámbitos en los que México ha ido haciendo un proceso de confrontación cultural, como en el tema de género. Pero en este caso no, el adultocentrismo es una situación que permanece y está muy sostenida.

Ana María Sánchez

¿Cuáles son las prioridades del programa?

Lo prioritario es lograr una visión integral de derechos y una corresponsabilidad de las autoridades. Un tercer elemento es comprender que la garantía de derechos supone metas y cumplimiento, no solo acciones y presupuesto. Esto requiere superar la visión compartimentada de la intervención en estos ámbitos que ha tenido siempre la Administración pública mexicana y comprender la interrelación entre los derechos, la correlación entre los temas. Por ejemplo, agua y saneamiento está ligado a nutrición, nutrición está ligado a deserción escolar, eso está ligado a violencia, violencia está ligado a entornos seguros y saludables, que a su vez tiene que ver con pobreza y carencias sociales, etc.

¿Cuál es el principal desafío a la hora de implementar esta agenda?

El gran reto es el propio diseño del Estado mexicano, que no está pensado ni para garantizar derechos, ni para la integralidad, ni está en función de los grupos de población que siempre estuvieron fuera, no solo los niños sino otros también. Cómo ir progresivamente haciendo una adecuación es el gran reto de la implementación de la agenda 25 al 25.

¿Qué papel juegan los entes locales en ese proceso de implementación?

La base de todo el proceso 25 al 25 son los municipios. La lógica en la cual se trabajaron los objetivos es que para cada uno de ellos se establecen indicadores y para cada indicador se establecen metas cuantitativas, con plazos de cumplimiento específicos. Y cada uno de estos indicadores con su meta es el mismo para cada uno de los municipios del país, para cada estado y para la Federación.

El municipio tiene a los niños y sus problemáticas, pero no tiene ni las atribuciones legales para intervenir, ni los programas de política pública ni los presupuestos. Estos los tienen el estado y, mayormente, la Federación. Lo cual implica forzosamente que tiene que haber un acuerdo entre Federación, estado y municipios en función de los niños.

La intención es que esta agenda se vaya cumpliendo en coordinación con el sistema nacional, estatal y local, un reto que exige un cambio de paradigma para la gobernanza.

Ana María Sánchez presentó la agenda 25 al 25 en el IV Congreso Ciudades Amigas de la Infancia / ©UNICEF / Hugo Palotto

Una de las herramientas con las que cuentan para lograrlo es la vinculación del programa con los ODS. ¿Cómo interactúa 25 al 25 con la Agenda 2030?

El mecanismo 25 al 25 es la agenda de infancia de los ODS. Visibiliza a los niños dentro de la Agenda 2030 y le da un enfoque de infancia en cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Una primera alineación del 25 a 25 con la agenda 2030 se produce con el reto de entretejer las cinco esferas del desarrollo que hablan de personas, de planeta, de prosperidad, de paz y de alianzas, con el objetivo de garantizar los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Por eso los 25 objetivos del 25 al 25, que implican una revisión y un análisis de las metas de los ODS y que llegan hasta el nivel del municipio, son los puntos de contacto de los ODS con los niños, niñas y adolescentes

Otra de las identificaciones entre los ODS y la agenda 25 al 25 es la integralidad de los derechos, es decir, no podemos decir que el cumplimiento de la agenda 2030 se alcance solo con cumplir el objetivo 1, relacionado con el objetivo 1 del 25 al 25, sino que es necesario cumplir la agenda de manera integral. Por otra parte, el 25 al 25 es un primer avance en el camino para ver cómo nos aproximamos a la meta en 2030.

Se trata entonces de dos agendas complementarias

La agenda de los ODS está prioritariamente centrada en los entornos, mientras que 25 al 25 es una agenda mayoritariamente de personas. Por eso la agenda 25 al 25 requiere totalmente la Agenda 2030, no podemos mejorar la situación en el ámbito de la deserción escolar o la nutrición de los niños si no mejoramos infraestructuras, agua y saneamiento, etc.

La agenda 25 al 25 requiere a la 2030 pero también le da un piso de aterrizaje hacia el objetivo último de la agenda de los ODS, que es “no dejar a nadie afuera”: si logramos no dejar a nadie afuera entre quienes tienen mayor posibilidad de estarlo, por sus características de no autonomía, o de situaciones vulnerables, podemos dejar adentro a todos los que tienen mejores condiciones o menos vulnerabilidad.

Primera Sesión Ordinaria e Instalación del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes

¿El concepto de la agenda 25 al 25 es extrapolable a otras áreas más allá de la infancia?

Hay varias áreas de Gobierno, y en particular la Cancillería, que se preguntan si no debemos hacer objetivos como los del 25 al 25 para otros ámbitos, es decir, hacer agendas temáticas de la Agenda 2030. Así como ya tenemos una agenda de infancia, hacer una de género, o una territorial, a fin de ir aterrizando la Agenda 2030 en la enorme cantidad de temáticas, gobiernos, indicadores o acciones que pueden llevar a cumplirla.

En ese sentido, la agenda 25 al 25 está contribuyendo al debate sobre cuál es la mejor manera para que México se organice en relación a los ODS. México no asume la agenda 2030 como una agenda de cooperación, hacia fuera, que se acerca más a la visión que pueda tener el Gobierno de España. La nuestra es una agenda para adentro, interna, y por eso tiene que llegar hasta los municipios y ver cómo los gobiernos asumen la parte que les toca y todo esto adquiere integralidad.

¿Se podría decir que están creando una nueva forma de hacer política pública en México?

Sí, y lo estamos haciendo a base de poner en el centro del diálogo a una población que nunca ha estado en el centro. Si logramos ir asumiendo en serio la agenda de derechos de la niñez, es realmente una agenda democratizadora, no solamente una herramienta que ayuda a ese grupo de población. Es una agenda democratizadora porque no hay manera de llevarla adelante si no se mejora el nivel de democracia del país.

Los 25 objetivos están agrupados según los dominios utilizados a nivel internacional por UNICEF: supervivencia, desarrollo, protección y participación. ¿Cuáles están más cerca de cumplirse y cuáles lo tienen más difícil?

Todo lo que tiene relación con el sector salud y educación es en donde tenemos más avance. Con los objetivos que tenemos más distancia son los más recientes en la agenda. La participación en los asuntos públicos, la relación de la infancia con las TIC o con los contenidos en los medios de comunicación son temas prácticamente nuevos en México. Si bien son objetivos más nuevos, no necesariamente son los más difíciles de alcanzar.

Los que pueden tener más dificultad de cumplirse son aquellos en donde no se piensa en un efecto directo en la infancia, que tienen que ver con entornos seguros y saludables, con la justicia, la vivienda, el agua, el saneamiento. Las cuestiones que han estado siempre más lejos, desde la perspectiva de las autoridades, de la vida de los niños.

Actividad del SIPINNA Municipal de Tenabo, Campeche

¿Cómo se articula en todo este sistema la participación infantil y de la sociedad civil?

La ley prevé la participación de ambos colectivos. La parte de organizaciones de la sociedad civil la prevé formalmente, como miembros del sistema. En el sistema nacional hay ocho representantes y en todos los sistemas estatales hay también representación de la sociedad civil. Las leyes estatales, derivadas de la Ley General, tienen también definida la representación de la sociedad civil con voz y voto en pleno derecho.

La participación de la infancia y la adolescencia también está prevista, tenemos unos lineamientos para definir cómo tiene que ser la participación, pero esta parte está costando sin duda mucho más, porque nunca ha sido una práctica en México el que se tome en cuenta a los niños en las decisiones que les competen, y menos en los organismos públicos.

En este ámbito, uno de los objetivos es cambiar la forma en que se cree que se hace participación, esa idea de poner a los niños como florero. Impulsar una forma de participación que respete sus derechos y no solamente los coloque ahí como figuras, y que realmente tenga en cuenta sus opiniones y percepciones.

También existen, dentro del sistema nacional de protección, comisiones que tratan temas específicos que también están pensando en mecanismos para incorporar la participación infantil. Una de ellas es la comisión para poner fin a toda forma de violencia contra niños, niñas y adolescentes, uno de los ámbitos en los que mayor participación está habiendo de la sociedad civil.

Ya que mencionan la violencia. ¿Qué impacto tiene en la infancia y la adolescencia la nueva oleada de violencia que vive México?

La mayor afectación es lo que llamamos la normalización de las violencias, porque los niños, niñas y adolescentes están expuestos a tantas violencias —la del crimen, la que transmiten los medios de comunicación o la que se da en las aulas y en las redes sociales— que se van adquiriendo como un mecanismo de socialización. La violencia es un tema muy conocido y muy presente en la vida del país, pero que no había sido pensado en relación a los niños y adolescentes. Tiene que ver con esa situación de invisibilidad que mencionábamos al principio. Por eso lo que está haciendo el SIPINNA es buscar primero visibilizar la violencia que viven los niños y a continuación impulsar acciones específicas para combatirla.

Esta entrevista se realizó telefónicamente unos días antes de que un terremoto de 7,1 grados devastara buena parte de la Ciudad de México dejando un saldo de cerca de 150 muertos, 37 de ellos niños y niñas que quedaron atrapados bajo los escombros de una escuela. Desde aquí nuestro más sentido pésame por las víctimas. UNICEF se encuentra trabajando en terreno apoyando a las víctimas, sus familias y a las autoridades Mexicanas. Todos podemos brindarles apoyo. 

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