Karim y yo nos hemos puesto a reflexionar hoy sobre la identidad. ¿Nos sentimos del lugar donde nacimos? ¿Del lugar en el que vivimos? ¿Del país de origen de nuestros padres? La respuesta no es fácil, ni única, ni concreta. Como podréis ver.

Soy Karim y desde que nací, he disfrutado de dos culturas: la árabe y la española. De pequeño ya me sentía tanto español como libanés, puesto que me trataban como a un igual en ambos países. Al fin y al cabo, son países mediterráneos y eso hace que tengan muchas similitudes. No fue hasta mi adolescencia cuando, gracias a campamentos e intercambios a otros países y con personas de todo el mundo, comencé a desarrollar el sentimiento de ciudadanía global. Pude comprobar que no había tanta diferencia, como se podría llegar a pensar, entre personas de Noruega, Congo, Colombia o Vietnam, y yo. Esto fue lo que me hizo sentir como un ciudadano del mundo allá a donde iba.

Yo, Nourelyakine, al igual que mi amigo Karim, me crié con personas de diferentes culturas y nacionalidades en la ciudad de Melilla. Una ciudad multicultural donde sentirse diferente no es algo fuera de lo normal. Debido a su pluralidad cultural y a la buena convivencia que hay entre las diferentes religiones (cristiana, judía, musulmana, budista, sin olvidarse de los ateos) hay buen ambiente entre los que allí viven. ¡Todo un logro, teniendo en cuenta lo pequeña que es la ciudad!

Creo que identificarte con un sólo país es excluyente. Puedes sentirte de varios. Por ejemplo, una persona mestiza que tenga padres de diferentes nacionalidades y culturas puede identificarse con dos países y con las dos respectivas culturas de origen de sus padres. Que elija una u otra religión es su decisión pero sigue perteneciendo a dos culturas diferentes y a dos países diferentes.

¿Y si una persona emigra con sus padres? En ese caso todos comparten la misma cultura, pero viven en otra. En esa situación, creo que puedes acabar sintiéndote identificado con la cultura del país en el que has crecido y vives. A una cierta edad, las personas empezamos a tener uso de razon propio, pensamos, reflexionamos y podemos tomar decisiones por nosotros mismos. Por ello si nos sentimos identificados, o no, con algún país, cultura o religión es nuestra decisión y se convierte en parte intrínseca de nuestra forma de ser. Es una decisión que en el futuro nos ayudará a ser quienes queramos. Para ser feliz debes serlo siendo quien quieres ser, creyendo en lo que quieras creer y sobretodo respetando las diferentes opiniones que encuentres a tu alrededor, o simplemente compartiendo tu opinión o tu forma de pensar con personas de diferentes culturas.

Photo by Annie Spratt on Unsplash

Yo soy un poco así. Después de casi 12 años viviendo fuera de Marruecos. Soy ya un poco del lugar en el que vivo. Otro poco del lugar en el que nací. Otro trocito del lugar en el que viven mis padres. No pertenezco al 100% al país donde he nacido y tampoco al que me he criado. Varios países han dejado su huella en mi, Marruecos, España, Alemania, Bélgica etc… lugares diferentes donde he vivido muchas experiencias que me hacen ser YO. Al final, no me siento de ningún sitio concreto y soy feliz. En todos estos lugares he tenido muchos momentos felices. También he tenido experiencias menos positivas. Creo que la felicidad no es algo permanente, como tampoco lo es la tristeza. He convivido con personas que han intentado hacerme sentir bien, algunos lo consiguen, otros no. Como todo en esta vida.

Los dos coincidimos en que nos resulta difícil identificarnos con una única cultura o país. Pensamos que es esencial sentirnos no sólo parte del país en el que residimos sino también de muchos otros, o de algunos, al menos. Especialmente de aquellos países y culturas que has experimentado y que te han ayudado a construirte como la persona que eres porque,  de cada uno de los lugares en los que has estado, has aprendido cosas, tanto buenas como malas, pero al fin y al cabo es “aprender” lo más importante. Para nosotros, este hecho es muy importante para facilitar la inclusión de personas que, como las aves del planeta, migran, se mueven, cambian de país y acaban en el “nuestro”. ¿Qué mayor riqueza puede haber?

Nourelyakine (22) y Karim (22) participan en la iniciativa “Write 2 Unite” de UNICEF, cuyo objetivo es fomentar un diálogo intercultural digital entre jóvenes refugiados, migrantes y locales. “Write 2 Unite” forma parte de la campaña Desarraigados de UNICEF —que busca resaltar que un niño es un niño, pase lo que pase— y está siendo implementado en España, Holanda y Eslovenia.

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