En una época del año repleta de actos reivindicativos en torno a la celebración del Día Universal del Niño, la infancia de Castilla-La Mancha no podía faltar a la cita con sus derechos. En Guadalajara, 78 niños y niñas participaron el pasado 24 de noviembre en la tercera edición del Foro Provincial por la Participación Infantil, un espacio pensado para intercambiar experiencias y dar voz a los niños y niñas acercándolos a las instituciones locales y provinciales. Los participantes pertenecían a los Consejos de Infancia de seis de las diez Ciudades Amigas de la Infancia de la provincia: Alovera, Guadalajara, Molina de Aragón, Sigüenza, Quer y Torrejón del Rey.

Durante el acto, dos representantes de cada Consejo expusieron sus propuestas de movilización para preservar el planeta. “Todos tenemos derecho a vivir en un ambiente sano y todos tenemos la obligación de cuidar el planeta”, dijo Guillermo, de 11 años. “Además de nuestra casa, habitamos otro hogar más grande, la Tierra, de la que no nos podemos mudar”, señaló Iker (12), “por eso es deber de todos cuidarla y protegerla, porque no tenemos otra”.

A su finalización, el presidente de la institución provincial, José Manuel Latre, entregó a cada niño una encina para que fuera plantada en un lugar significativo de sus municipios como símbolo del compromiso adquirido para preservar el medioambiente del planeta, comenzando por el de sus ciudades.

Desde del Salón de Plenos

Unos días antes, 250 niños y niñas de cinco colegios de la región habían tomado el Salón de Plenos de las Cortes de Castilla-La Mancha para convertirse, por un día, en diputados. La acción, llevada a cabo el pasado 20 de noviembre en el marco del Día Universal del Niño, permitió que dos portavoces de cada colegio presentaran a los representantes políticos sus ideas para frenar el cambio climático y el calentamiento global. En el caso de Juan, que a sus 10 años considera que no hace falta que el planeta hable “para saber que algo no anda bien”, apremia a “ponerse manos a la obra” porque “no hay tiempo que perder” en una labor que “no es cosa de otros”. “Somos niños, pero somos inteligentes y somos capaces de cambiar el mundo”, dijo Juan.

También intervino Daniela, una niña de 11 años consciente de la imposibilidad de vivir en un mundo feliz “sin respirar aire puro y beber agua cristalina”. Para lograrlo “necesitamos un compromiso para corregir todo que se haya hecho mal y para que en el futuro demos ejemplo a los demás”, señaló. Cerrar el grifo mientras nos lavamos los dientes, ducharnos en vez de bañarnos, separar los residuos, cuidar las plantas, utilizar folios reciclados por ambas caras, cuidar los libros de texto para evitar la tala masiva de árboles, utilizar los autobuses urbanos y la bici, aprovechar la luz natural para hacer los deberes y reciclar las pilas son algunos de los consejos aportados por Daniela.

En general, las propuestas trasladadas por los niños y niñas a la clase política pasan por
reducir el consumo, reutilizar y reciclar más, cambiar la forma de relacionarse con el entorno y poner en marcha hábitos saludables.

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