Hoy nosotros, Pablo y Karim, nos hemos sentado a reflexionar sobre cómo formar parte de espacios de participación nos permite crecer como jóvenes capaces de tomar decisiones y resolver problemas. Queremos compartir con vosotros nuestras reflexiones.

@unicef2017 / Hugo_Palotto

Los jóvenes somos actores clave para el buen desarrollo de cualquier país. Desde la etapa de la infancia a la adolescencia, es especialmente crucial desarrollarte en un entorno social agradable, donde puedas crear lazos de amistad. Debido a esto, es fundamental involucrar a la infancia en espacios donde puedan expresarse y tomar decisiones de manera consensuada, para así crecer como sujetos activos de las sociedades en las que vivimos. Los dos coincidimos en que, para hacerlo posible, este proceso debe empezar en la infancia, ofreciéndonos la posibilidad de participar en los asuntos que nos conciernes. Algunos dicen que los jóvenes somos apáticos, otros nos piden que asumamos más activamente nuestro rol en la sociedad, pero ¿existen espacios para que la juventud adquiera ese rol relevante y necesario?

Karim
Como joven estudiante, sin trabajo, a veces me encuentro encasillado en categorías como “poco estudioso”, “nini”, o “generación perdida”, con las que no me siento identificado. Los jóvenes somos diversos. Creo que hay una parte de la juventud que demuestra cada día su afán de superación y su motivación. Nos enfrentamos a una sociedad que diariamente nos crea más barreras. Otra no está nada motivada. También es cierto que en los institutos, universidades, ayuntamientos o incluso en las familias no se suele incentivar la participación de los jóvenes. Se nos pide solamente centrarnos en estudios.

Considero que ofrecernos a los jóvenes espacios donde fuésemos adquiriendo un papel relevante, donde se nos tuviera en cuenta, favorecería que desde la infancia desarrollásemos poco a poco capacidad propia para pensar por nosotros mismos, para filtrar la información, para tener  un juicio crítico. Todo ello siguiendo un camino, desde lo simple a lo más complejo, según vayamos creciendo. Y así podríamos ir adquiriendo valores, actitudes, formando pensamientos, etc., que nos ayudarían a conseguir una sociedad activa y responsable, que tomara decisiones pensando en el bien común.

Pablo
Yo puedo hablar desde mi experiencia personal. He sido parte del Consejo de la Infancia del Ayuntamiento de Granada. Esto me abrió los ojos a una nueva realidad, y no tanto por el papel de las instituciones políticas sino, más bien, por la gente que conocí y las situaciones que viví. Por ejemplo, el hecho de estar en el Parlamento de Andalucía, de tener la responsabilidad de representar desde el podio a mis compañeros. Nosotros, consejeros de infancia, reivindicamos cuestiones como el voto a partir de los 16 años, más parques públicos o mayor movimiento asociativo. Quienes nos encontrábamos ese día allí, estábamos convencidos de que era posible con una movilización infantil y juvenil. Podemos decir orgullosos que conseguimos cambios.

Participar en espacios públicos no significa, para mí, que los niños y niñas adopten posturas de adultos, sino que el niño siga siendo niño, pero con voz en los temas que le conciernen. Recordando el momento en el Parlamento, con todos los escaños ocupados por niñas y niños verdaderamente convencidos de que en sus propuestas se encontraba la solución a grandes problemas, es cuando me convenzo de que una infancia concienciada y una juventud comprometida es posible.

Sin embargo, sabemos que, por lo general, estos espacios de participación para los más jóvenes no son muy habituales. En algunos casos, únicamente se nos invita a subirnos al escenario el 20 de noviembre —el día Internacional sobre los Derechos del Niño—, mientras que el trabajo por la infancia resulta invisible durante el resto del año, haciendo muy difícil conseguir una juventud sensibilizada y permanentemente activa, que se sienta parte de un proyecto ilusionador donde realmente seamos tenidos en cuenta. Es necesario que se acerquen a nosotros, los olvidados en campañas electorales, medios de comunicación, debates políticos…

Karim
En mi caso, participar es algo que empecé a hacer en la universidad. Durante esa etapa, formé parte de asociaciones y del claustro universitario, el máximo órgano de representación estudiantil. En cada lugar aprendí cosas diferentes. En el grupo de Derechos Humanos, Campus89 URJC, que tuve la suerte de coordinar durante dos años, aprendí y practiqué la toma de decisiones y la negociación: ¡Era complicado conseguir consensos!  Comprendí lo fundamental que es que haya jóvenes estudiantes comprometidos con la transparencia de las universidades, las instituciones que nos forman como futuros profesionales. Y, por último, en el claustro universitario fui testigo de la mejorable representación de los estudiantes en los espacios de toma de decisiones. Decisiones que directamente nos afectan.

Por todo esto, estamos convencidos de que la movilización de la juventud debe comenzar desde una etapa temprana en nuestro proceso de maduración como personas. La participación necesita el respaldo de las instituciones, las familias, los colegios, las universidades, los políticos. Este es un camino necesario para que el día de mañana no te enseñen a ser cívico en tu barrio, sino a ser un ciudadano activo en el mundo.

Pablo Morente Acale (19) y Karim Hallal Peche (22) participan en la iniciativa “Write 2 Unite” de UNICEF, cuyo objetivo es fomentar un diálogo intercultural digital entre jóvenes refugiados, migrantes y locales. “Write 2 Unite” forma parte de la campaña Ante todo son niños de UNICEF —que busca resaltar que un niño es un niño, pase lo que pase— y está siendo implementado en España, Holanda y Eslovenia

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