Cuando un grupo de niños de Portugalete se puso a pensar en el diseño de un parque infantil en su ciudad, se lo imaginó de color azul. Azul como la ría, como el río, azul como el mar en el que todos y todas pueden nadar.

Imaginaron también muchas otras cosas: un espacio central para jugar con pelotas y no molestar a los demás visitantes, distribuir los juegos para los niños más pequeños más cerca de las terrazas en donde los adultos los pueden cuidar y un área intermedia para instalar camas elásticas, toboganes y juegos para niños con movilidad reducida.

JolasPlaza es un proyecto de participación infantil para diseñar de forma compartida una zona de juego en la Plaza Maestro Mateo Hernández en el barrio Repélega de Portugalete. La iniciativa, en la que participaron 23 niños y niñas de entre 8 y 11 años, fue promovida por el Ayuntamiento de Portugalete en colaboración con Arkitente, una plataforma para acercar la arquitectura a los y las niñas a través de la escuelas y los centros de ocio educativo y tiempo libre.

“Es significativo, que los niños y niñas, cuando piensan en el diseño de espacios públicos, además de en usos y equipamientos para sus juegos, piensan en las necesidades de las personas con las que comparten sus vidas: sus amigos, hermanos más pequeños, padres, abuelos…de forma que esos espacios acaban favoreciendo usos diversos, en los que entre unos y otros, terminan incluyendo a gran parte de la sociedad,” explican en su web desde Arkitente.

Pero, ¿cómo puede participar un grupo de niños en el diseño de un parque infantil?

“JolasPlaza nace nace desde el área de Participación Ciudadana e Innovación Social del Ayuntamiento de Portugalete con la idea de preguntar a los niños algo que es muy sencillo pensar pero que nunca lo hacemos cuando diseñamos una plaza y sobre todo un área de juegos infantiles, qué es lo que a ellos realmente les gustaría. Generalmente lo hacemos los mayores, los arquitectos, pero no sabemos realmente qué es lo que piensan los niños que son los que lo van a usar”, explica Mikel Torres, alcalde de Portugalete.

Para Arkitente existe una herramienta fundamental para diseñar en la que los niños son verdaderos expertos: el juego.

“El juego es un instrumento para activar el espacio público, una herramienta participativa y transformadora para la interacción y la recuperación del uso de la calle y su disfrute colectivo. Una forma divertida y distendida para relacionarse y conocerse. Una herramienta que nos permite participar y que utilizamos como metodología para el proceso. Jugar para diseñar espacios para el juego, jugar para experienciar los equipamientos urbanos existentes en la ciudad, en definitiva, jugar a ser arquitectos”.

Un proceso de escucha, juego y decisión en común

Para Lucía, una de las niñas que han participado en el proceso, además de mostrarle la importancia de colaborar con los demás, la experiencia le ha servido para aprender que el diseño de un parque no es tan fácil como pensaba.

Y que también existen límites. “Hemos trabajado en grupos pequeños y cada grupo tenía un pequeño presupuesto que gastar y yo creo que este ha sido un ejercicio sano para ellos porque también han entendido que hay limitaciones a la hora de diseñar los espacios y sobre todo cuando son espacios públicos donde el dinero es de todos”, explica Maria Arana, miembro de Akitente.

Como inicio, el proceso de diseño se puso en marcha con una buena explicación. El arquitecto municipal, Jose Ramón Angiano fue el encargado de explicar de forma sencilla y con un lenguaje adaptado a los niños y niñas las mejoras a realizar en la plaza, así como las características espaciales de la zona reservada para el juego.

Tras la explicación llegó la primera pregunta, ¿a qué y con quiénes les gustaría jugar en la plaza? Ellos mostraron sus necesidades, deseos e ideas de mejora para la plaza a través de sus dibujos, que después se expusieron de forma abierta al resto para compartir y buscar ideas y propuestas afines a través de distintas asambleas. El mismo ejercicio se empleó para decidir el color de la zona, su forma y morfología y la edad de los niños y niñas para los que se iba a adaptar el diseño.

Una vez tomadas las primeras decisiones, haber analizado conjuntamente otros espacios de juego en la ciudad y la visita a las obras para conocer el proceso directo, el grupo se dividió en pequeños grupos para dibujar en un plano y para diseñar cuatro propuestas que pudieran incluir las ideas consensuadas. A través de una nueva asamblea se decidió la propuesta final para los espacios de juego y su disposición, que después los niños pasarían a maqueta y que finalmente los miembros de Arkitente traducirían a una propuesta que pudiera ejecutarse en obra según reglamentos y normativas aplicables.

“Entendemos que si los niños empiezan a consensuar y a tomar decisiones entre ellos sobre como les gustaría que fueran sus plazas y sus espacios públicos, por un lado, atendemos a su necesidad de disfrute del espacio y por otro lado, empezamos a trabajar con ellos el ámbito de la participación”, añade Maria Arana.

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