Septiembre. Tras unas largas vacaciones, los alumnos que empiezan el bachillerato se reencuentran en las aulas al inicio del curso escolar. Algunos pupitres, sin embargo, quedarán vacíos como consecuencia de uno de los peores males que aquejan el sistema educativo español: la exclusión. Prácticamente 2 de cada 5 jóvenes españoles de entre 18 y 24 años dejan los estudios al acabar la educación secundaria obligatoria. Una tasa (19%) que casi duplica la media de la Unión Europea (10,7%) y nos sitúa a la cabeza de Europa —tan solo por detrás de Malta— en abandono escolar temprano.

A pesar de su gravedad, se trata de un fenómeno reversible si se implementan los cambios y medidas adecuadas, tal y como plantea el informe Factores de la exclusión educativa en España: Mecanismos, perfiles y espacios de intervención, obra de UNICEF Comité Español y la Universidad Autónoma de Barcelona.

En el estudio han participado adolescentes y jóvenes de entre 14 y 24 años en riesgo de abandono escolar o que han abandonado los estudios en algún momento de su trayectoria educativa. Sus testimonios reflejan la realidad que sufren en una etapa clave de su vida. “Yo tenía profesores que llegaba a la escuela y me decían, ya tienes listo el parte, si quieres puedes firmarlo e irte, así tal cual”. “Si tú no estás a gusto… no tienes ganas de estudiar… pues no vas a conseguir nada. Porque cada día vas a estar haciendo lo mismo hasta que se cansen de ti y te digan ‘¡Hasta luego!’; que es lo que me ha pasado a mí”

No estamos ‘montados’ para el instituto”

A partir de grupos de discusión, los chicos y chicas participantes analizan sus vivencias. De sus intervenciones, el informe extrae algunas conclusiones relevantes:

La transición de primaria a secundaria es un momento clave en la explicación de los procesos de exclusión educativa. “Pasas de la primaria a la ESO y todo es una confusión”. “Te cambian con gente que no conoces, otros profesores, otro edificio, nuevos temas. Porque va así… en meses. Te dejan un verano para crecer”.

Los docentes juegan un papel crucial en los procesos tanto de inclusión como de exclusión educativa. Muchos de los jóvenes entrevistados se quejan de falta de apoyo. Una alumna participante relata lo siguiente: “A mí directamente una profe cuando entraba por la puerta me decía, ‘ya te puedes poner al final a dormir si quieres’. Pues vale, iba y me dormía.”

Otro de los asuntos sobre los que opinan los chicos y chicas en el informe es el de las medidas disciplinarias. Saben de lo que hablan: todos los jóvenes participantes han sufrido procesos de expulsión del centro educativo en algún momento. Aunque en general consideran esta medida como injusta y arbitraria, algunos identifican la expulsión como una oportunidad para salir de un lugar que les genera problemas y frustraciones. Las diferencias de género son muy visibles en las medidas disciplinarias, tal y cómo se percibe en la siguiente conversación entre un alumno y un dinamizador:

—Claro que a los chicos nos expulsan más, porque también somos los que más la liamos”.
—Entonces, ¿el instituto está montado para las chicas?
—No, tampoco es eso pero… los chicos sí que no estamos ‘montados’ para el instituto.

Otro elemento analizado tiene que ver con la vivencia subjetiva de los jóvenes en relación a sus procesos de exclusión educativa. En este sentido, la ira, la rabia y la percepción de que han sido tratados injustamente por parte del centro educativo y del profesorado es una constante en los testimonios. “Si no te sacas la ESO vas a ser un drogadicto, un retrasado, un alcohólico y ¿qué pasa?, ¿que si no tienes carrera no eres digno? ¿No eres una persona como otra cualquiera? Eres un alien… Ahora somos aliens…”

© UNICEF/Carolina Sainz

Factores de exclusión

Por primera vez un informe en España recoge y sistematiza los factores de exclusión desde un punto de vista meramente educativo y escolar. La exclusión educativa, según la publicación, “es un proceso acumulativo que priva al alumno del aprendizaje, de experiencias educativas gratificantes y satisfactorias, que se da dentro del sistema educativo”. Las conclusiones desvelan la escasa capacidad del sistema educativo para incluir a los “diferentes”, generar pertenencia en los alumnos o crear un vínculo sólido con el proceso educativo. Así lo revela este testimonio de un alumno participante:

“A lo mejor a una persona se le da mucho mejor explicarte esta imagen con las manos que en palabras, ¿me entiendes? y yo soy así. A mí se me da mucho mejor lo práctico. Y en la escuela sólo se valora una de las dos, sentarte con el libro a estudiar y portarte bien…”

La exclusión educativa, según el informe, es un mal que no afecta a todos los jóvenes por igual: el estatus económico, social y cultural; el origen étnico o nacional y el género influyen en la capacidad para acceder al sistema educativo y en la experiencia dentro del mismo. Por ejemplo, la probabilidad de los niños o adolescentes varones de repetir curso es 10 puntos superior que la de sus compañeras.

El estudio pone de manifiesto la ineficacia de las iniciativas para la inclusión educativa que se está llevando a cabo, las cuales carecen de incidencia sobre el conjunto del sistema. Por ello, UNICEF recuerda la urgencia de abordar la inclusión educativa en todo el sistema y con todos los alumnos y propone la creación de un Pacto por la Educación a partir de cuatro medidas: incrementar la inversión educativa, promover la participación infantil y familiar, diseñar un sistema educativo flexible y diversificado y acompañar las transiciones educativas.

“Este curso que comienza tiene que ser el de un Pacto por la Educación —señala Ignacio Guadix, responsable de Educación de UNICEF Comité Español—. El sistema educativo no puede ni debe dar la espalda a los niños y adolescentes en riesgo de exclusión.

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