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A Gabriel Díaz, estudiante y activista transexual, internet le ha cambiado la vida: “lo mejor fue que me dio acceso a YouTube y pude encontrar respuestas a un mar de dudas y sentir que no era el único. También es verdad que encontré mucha información errónea y me enfrenté a la discriminación y a mensajes de odio contra el colectivo LGTBI”, afirma.

Como en el caso de Gabriel, el impacto de las nuevas tecnologías en la vida de los niños es incontestable. Cada día, más de 175.000 acceden a Internet por primera vez, uno cada medio segundo. Con la universalización de la red han aflorado nuevas rutas para relacionarse, informarse y participar, pero también han surgido nuevos riesgos que afectan, en mayor medida, a los colectivos más vulnerables.

Para abordar las oportunidades y amenazas del mundo digital en la infancia, UNICEF Comité Español ha lanzado el informe Los niños y las niñas de la brecha digital en España, un trabajo realizado bajo la perspectiva de los derechos del niño que atiende especialmente la situación de los grupos más vulnerables.

Quedarse atrás

Aunque al acceso a la web en España es generalizado y conlleva un enorme potencial igualador, miles de niños y niñas se están quedando atrás debido principalmente a la escasez de recursos económicos en sus hogares. Los niños y niñas con discapacidad, los de etnia gitana, los de origen migrante, o los que viven en centros de protección son los colectivos que están quedando atrapados en la brecha digital.

“En España, el 95% de los niños entre 10 y 15 años usa internet. Pero todavía hay 300.000 niños y adolescentes que no han usado un ordenador en su vida, y 140.000 que no han tenido un solo contacto con internet,” señala Maite Pacheco, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de UNICEF Comité Español.

Según el informe, la variable que más fuertemente estructura el uso de internet entre los niños es el nivel de ingresos mensuales netos en el hogar, es decir, el estatus socioeconómico de las familias. Precisamente, la precaria situación socioeconómica que, a nivel general, sufre la comunidad gitana en España, hace de los niños y niñas de esta etnia el colectivo con mayores dificultades para el acceso y uso de las tecnologías.

Si bien es frecuente que los niños gitanos tengan móviles, explica el informe, la mayoría no dispone de tarifas de datos para conectarse a internet y cuando esto sucede suele ser de manera temporal y transitoria. En el caso de los niños y niñas con discapacidad, el problema es que los dispositivos, aplicaciones o formatos digitales suelen ser ajenos a su realidad, unido a la dificultad añadida que soportan sus familias, con mayores gastos y menos rentas.

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Luces y sombras del entorno digital

Desde el punto de vista de la infancia, la digitalización de la realidad es un proceso repleto de claroscuros. En el mundo digital, aseguran los autores del informe, “las voces de los niños y niñas se oyen más alto que nunca“, y el acceso a internet “es una herramienta para impulsar los derechos de los niños, así como la educación digital“. También es una plataforma que multiplica “las oportunidades para la sociabilidad, la autoexpresión, el aprendizaje, la creatividad y la participación”, si bien para transformar las oportunidades en beneficios reales “es preciso “comprender el contexto de las diferentes experiencias digitales de los niños y proporcionarles el apoyo adecuado”, afirma el estudio.

Pero la red también amplifica las formas de violencia tradicionales, con nuevas amenazas como el ciberacoso, y facilita la difusión del discurso del odio. El desafío con estos y otros riesgos propios del entorno digital —como el sexting, el acceso a contenidos inadecuados, pérdida de privacidad, etc.— es evitar que se conviertan en daños. Para ello, según los autores del informe, se deben reforzar las habilidades de los niños y niñas a fin de que sepan identificar las amenazas y superarlas, impulsar un nuevo marco normativo y mejorar la coordinación de todos los actores implicados: padres, educadores, empresas e instituciones públicas.

Internet, en el fondo, es un espejo de la realidad, concluye el estudio, “una herramienta con el poder de reflejar y amplificar lo mejor y lo peor de la naturaleza humana, de potenciar las oportunidades, pero también de multiplicar los riesgos, especialmente para la infancia más vulnerable”.

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