Alejandro García lleva grupos de infancia desde que tenía 15 años. A los 17 ya era monitor titulado y desde entonces no ha dejado de trabajar con niños y niñas, primero, y después también con adolescentes y jóvenes. Aunque ha pasado por la Universidad (es licenciado en Psicología y Filosofía y tiene un Master en Pedagogía), el contacto con los niños y niñas ha sido su principal escuela. La experiencia en el mundo del teatro, la animación y la educación popular le han servido para desarrollar una metodología propia que aplica cada día con los grupos de participación infantil y juvenil. La asociación que preside, Los Glayus, acumula más de una década creando y dinamizando consejos de infancia en más de una docena de municipios asturianos.

 

Según el Diccionario General de la Lengua Asturiana un glayu puede ser un pájaro, un pez, un dolor que se fija repentinamente en el cuerpo o una persona habladora.

El glayu —en castellano, arrendajo— es un pájaro que abunda en Asturias y que cumple varias funciones. Por un lado, con su canto, el glayíu, suele avisar a los demás animales del bosque cuando hay algún peligro, Y por otra parte, es uno de los principales reforestadores naturales, porque durante el verano es muy activo escondiendo semillas en el bosque. Un poco como la labor que nosotros hacemos con la educación popular, al ir de un pueblo a otro poniendo semillitas y ayudando a regenerar los ecosistemas sociales.

¿Cómo lleváis a cabo esa labor?

Nosotros somos un eslabón de un mecanismo más amplio, que forman el Observatorio de la Infancia, UNICEF Asturias y los ayuntamientos, una estrategia que lleva entre 10 y 12 años desarrollándose en Asturias y que está funcionando muy bien. Cuando un ayuntamiento nos llama para poner en marcha un grupo de participación infantil, lo primero que hacemos es una estrategia de difusión que normalmente consiste en dar unos talleres en las aulas de los centros educativos. Utilizamos una metodología muy lúdica, que suele enganchar a los niños, y además les contamos experiencias de otros lugares para que vean hasta dónde pueden llegar en la práctica los derechos de la infancia.

¿Cómo es por dentro un grupo de participación infantil?

Un grupo puede tener, para trabajar bien, 20 chavales, y aunque hay un poco de todo, lo más extendido son las reuniones semanales. Allí te vas a encontrar al dinamizador, el mismo al menos durante todo el curso, que tendrá un orden del día con varios puntos: asuntos pendientes de las reuniones anteriores o proyectos en marcha; novedades, cosas en las que la sociedad local quiere contar con la participación o la opinión de los niños; y también alguna cuestión de ámbito supramunicipal. Todo eso se analiza y, una vez que está hablado y organizado, se distribuyen las funciones y se empieza a trabajar en tareas concretas.

¿De qué manera trabajáis con los niños?

Muchas veces , para hacerlo divertido, hay tareas que hacemos siguiendo el mecanismo de las comunidades de aprendizaje en el sistema educativo: cada 10 minutos rotan por grupos a otra tarea, para que haya aportaciones colectivas. Al final ponemos todo en común y solemos merendar y jugar un poco para cerrar con buen sabor. Más o menos con toda esta tarea pasan una hora y media, dos horas, en las que ha sido intenso, ágil, y a poder ser divertido.

¿Cuál es el perfil de un dinamizador?

En nuestro caso, ayuda bastante que sea, por lo menos, monitor de tiempo libre o animador sociocultural, por la importancia del juego y de la metodología lúdica para que las sesiones tengan ese punto divertido desde el cual generar el trabajo. El resto, vamos haciendo nosotros la formación con la gente que viene.

A lo largo de estos 12 años hemos ido desarrollando mucha experiencia y metodología propia que tomamos de maestros y maestras que nos han ensañado muchas cosas. Por ejemplo, herramientas de teatro social y de educación popular que aplicamos a la participación infantil.

¿Qué es la participación infantil?

Es un proceso que consiste en dar oportunidades para que los niños sean parte, tomen parte y tengan parte en su comunidad. La participación infantil, como la ciudadana, consiste en ser escuchados por los órganos competentes del gobierno, tomar parte en las decisiones y tener parte en las actuaciones o ejecuciones de los proyectos que han pensado y elaborado.

¿Qué objetivo tiene?

A los niños no les gustan los simulacros, les gusta que lo que hagan tenga un valor real y una repercusión real. Por eso, las tareas que se les encomienden tienen que ser relevantes y significativas. Hubo un tiempo, cuando empezamos, en que parecía que la participación infantil era sólo opinar sobre parques infantiles y columpios. Ahora ya están hablando de todo lo que les afecta: de refugiados, de derechos, de trata de personas, de guerra, de medioambiente y contaminación, de paro, de crisis, de programas políticos…

¿Qué efectos tiene la participación infantil en los niños?

Hace unos años hice un trabajo de investigación en el que analizaba los beneficios tanto para los participantes como para la comunidad. Me salió una lista enorme, como de 100 cosas, 40 o 50 de las cuales eran beneficios a nivel personal, en plan: habilidades de comunicación, pérdida de la timidez, desarrollo de la creatividad, trabajo en equipo, mayor capacidad de comprensión, de análisis, de síntesis, desarrollo de la empatía.

¿Y en los municipios?

Son muchos y muy interesantes, por ejemplo cambiar modos de hacer y dinámicas dentro de los propios ayuntamientos. Se vuelven menos burocratizados y más humanos, con otro ritmo; no es lo mismo explicarle las cosas a un vecino que llega a hacer un papeleo que a unos niños que vienen con una propuesta. Son procesos más pedagógicos y autoconscientes que hacen a la administración local reflexionar sobre sí misma y ayudan mucho a la transparencia.

La participación infantil fomenta la comunicación directa y le da otro aire a las democracias locales. Consigue atraer y unir a la comunidad, a los adultos. Los niños tienen un poder de convocatoria relativamente importante, hacen que las ciudades sean, como dice Tonucci, “más amables” cuando se tienen en cuenta sus propuestas, que son beneficiosas para todas las edades.

Además, suelen colaborar en todo tipo de proyectos y eso implica mejoras, tanto por la creatividad de los diseños como por la concepción mas tolerante, intercultural y abierta que tienen muchas veces los niños y las niñas. Y ayudan, con ideas, a la resolución de problemas que los adultos, ya sea por una cuestión emocional, de falta de imaginación o de comprensión del problema, no logran resolver.

¿Qué va antes, el plan de infancia o la participación infantil?

Hasta ahora lo más habitual es que ya exista el plan de infancia o que esté en proceso de elaboración cuando se arranca con la participación. Pero se está llegando a un punto muy interesante: las nuevas ediciones de los planes de infancia las están haciendo los niños. La experiencia arrancó como piloto en el 2013-2014 en Avilés, cuyo segundo plan de infancia fue completamente liderado por los niños y niñas. El año pasado fue Oviedo y este acaba de hacerlo Belmonte de Miranda. Ahora están en pleno proceso Candamo y Navia. Es la tendencia a la que se quiere ir.

A lo largo de estos años, los Glayus han recogido todas estas experiencias en diversas publicaciones. En la última, Avanzando a ritmo de la infancia. Experiencias de participación infantil en Asturias, en un capítulo dedicado los comentarios que les han dejado huella, cuentan la siguiente experiencia:

En una consulta infantil durante la elaboración del Plan Municipal de Infancia de Somiedo (…), ante la petición de que contasen cuales eran los principales problemas o dificultades que, como niños, tenían en su pueblo(…), un niño de cuarto curso de Primaria levantó la mano y dijo: «En mi pueblo el principal problema que tenemos los niños es que nos gusta jugar a la comba». «Bien», le dijimos, «pero ¿cuál es el problema?», «Qué solo vivimos allí dos niños», nos contestó.

¿Qué caracteriza el pensamiento infantil?

Mucha agilidad. Hacen un análisis de la realidad muy directo, muy sintético, sin apenas esconder los problemas en medio de las palabras. Eso simplifica muchas cosas y ayuda a ir a la esencia de lo que está pasando. También muestran esa agilidad para la creación de una solución que esté bien conectada con el problema. Como han ido a la esencia del problema, la solución también va a apuntar ahí.

¿Qué solución propuso el niño de la comba?

Algo muy sofisticado:
«Tenemos un pequeño parque. En él hay algunos postes de madera. Si en uno nos pone el alcalde una anilla metálica giratoria, podemos atar allí la cuerda y cuando uno de los niños haga girar la cuerda desde el otro extremo, la anilla metálica también girará. Así la cuerda no se atascará como pasa a veces cuando la atamos a un árbol».

Una versión similar de esta entrevista ha sido publicada en el número 345 de la revista Concejo, de la Federación Navarra de Municipios y Concejos, que incluye un monográfico sobre el Programa Ciudades Amigas de la Infancia

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