Mamá, el recreo es una tortura para mí, me empiezan a dar balonazos, me empiezan a insultar, se ríen de mí…”, relataba a su madre un niño de 10 años. “Se meten con él, le insultan, le esperan a la salida para reírse de él, suben fotos a las redes sociales como Instagram o las mandan por WhatsApp, le echan fotos sin que se dé cuenta en clase y luego escriben comentarios como gilipollas (…) y amenazas con subir más fotos burlándose de él….”, explicaba la madre de un chico de 13 años.

A pesar del rápido crecimiento de las redes sociales, el uso cada vez más extendido de Internet y el papel central de las nuevas tecnologías en la configuración de la infancia en la actualidad, el acoso escolar tradicional sigue siendo mucho más común que el ciberacoso.

Así lo demuestra uno de los estudios más amplios realizados hasta la fecha, publicado este verano en la revista The Lancet y en el que han participado 110.000 jóvenes de 15 años en Inglaterra, una quinta parte de los jóvenes ingleses de esa edad. El ciberacoso, según concluyen los autores del informe, sigue siendo principalmente una vía adicional de intimidación en procesos de acoso tradicional ya existentes.

Según los resultados, casi un tercio (33.363) de los adolescentes participantes en el estudio declararon haber experimentado acoso escolar de manera regular (al menos 2 o 3 episodios de acoso mensuales en los últimos dos meses), incluyendo una de cada tres niñas (36%) y uno de cada cuatro niños (24%) consultados.

En cuanto al tipo de acoso, los investigadores descubrieron que más de un 25% de adolescentes (29.302) reportó haber padecido únicamente acoso tradicional (presencial), mientras que menos del 1% (406 adolescentes) declaró haber sido víctima de ciberacoso solamente. El 3% (3.655 adolescentes) fue intimidado regularmente en ambos formatos.

“A pesar de las percepciones comunes y del crecimiento del mundo online en el ámbito de los adolescentes, nuestro estudio encuentra que el ciberbullying, por sí solo, es relativamente raro, siendo el acoso cara a cara mucho más común entre los adolescentes”, dice el autor principal de la investigación, Andrew Przybylski. “El ciberacoso”, afirma este investigador de la Universidad de Oxford, constituye “una nueva vía para victimizar a los que ya están siendo intimidados de manera tradicional, en lugar de una manera de escoger a nuevas víctimas”.

Aumenta con la edad

Los resultados de esta investigación contrastan con otro informe publicado también este año en Inglaterra a partir del estudio sobre las conductas saludables de jóvenes escolarizados (HBSC). Según este trabajo, el 17,9% de los niños, niñas y adolescentes entre 11 y 15 años de edad declararon haber sido víctimas de ciberbullying en los dos últimos meses. Además, las chicas reportaban hasta un 100% más que los chicos haber sufrido ciberacoso. Esta forma de acoso, apunta el estudio, tiende a aumentar con la edad, hasta el punto de que la tasa de prevalencia reportada por las chicas de 15 años doblaba a la de las niñas de 11 años.

En España, el II Estudio sobre acoso escolar y ciberbullying según los afectados, realizado por la Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña, advierte un aumento del 87,7% en los casos registrados en 2016. Si se tienen en cuenta los dos últimos años, el incremento asciende hasta el 240%, al pasar de los 355 registrados en 2014 a los 1.207 de 2016. Este aumento, afirman los expertos, “no quiere decir que haya más episodios sino que se denuncian más”.

De los más de 1.000 casos reales de acoso que se registraron a lo largo de 2016 en el teléfono ANAR de Ayuda a Niños y Adolescentes y en el teléfono del Adulto y la Familia (los testimonios incluidos al principio del artículo forman parte de este estudio), uno de cada cuatro fueron de ciberacoso, en su mayoría a través de Whatsapp por el móvil (93,4%). Cifras que confirman que el acoso escolar sigue siendo un problema grave todavía más presencial que virtual.

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